LA proclamación oficial del nuevo presidente de Colombia todavía pudiera demorar, pese a que la Registraduría Nacional tenía oficialmente escrutadas al amanecer de este martes 118 340 de las 118 350 mesas instaladas en la segunda vuelta electoral que representaban el 99,99 por ciento, por lo que avanzaba hacia su cierre definitivo, apuntó el medio local El Tiempo.
Según el informe oficial, dijo el rotativo, únicamente permanecían pendientes diez mesas de votación en todo el país y muchos departamentos, ya habían concluido.
El Pacto Histórico representado por el candidato Iván Cepeda, formalizó desde la víspera 57, 189 reclamaciones ante los delegados electorales, lo que hace suponer que una proclamación oficial no estará a la vuelta de la esquina si, como se espera, dichas demandas son atendidas.
Las reclamaciones del Pacto, además, hicieron notar el carácter no vinculante y extraoficial del conteo preliminar, que al finalizar la votación el domingo había otorgado la mayor cantidad de sufragios -por el estrecho margen de menos de un punto porcentual- al aspirante Abelardo de la Espriella, supuesto outsider que ganó parte de su popularidad en las redes sociales, y cuyo carácter derechista, así como los matices del que será su programa si se le proclama presidente, quedó a la vista con la rápida felicitación que le extendió el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, posición asumida también por su homólogo argentino, Javier Milei, y la candidata peruana, Keiko Fujimori, quien se encuentra en situación parecida luego de la segunda vuelta electoral frente al aspirante cobijado por las mayorías desposeídas, Roberto Sánchez.
De la Espriella fue el primero en apresurarse al atribuirse la victoria en Colombia, autoproclamación seguida de manifestaciones populares que podían considerarse una respuesta de rechazo mientras, desde el otro lado, un Cepeda sereno llamaba a esperar los resultados en calma.
La segunda ronda generó movilización que condujo a una asistencia poco vista de 63,5 por ciento, lo que expresa preocupación de la ciudanía por una elección donde se está jugando la continuidad del proyecto con énfasis en lo social iniciado por el Pacto Histórico -primer gobierno progresista de los últimos tiempos en Colombia-, o la reversa que representaría De la Espriella.
No pocos analistas especulaban ya acerca de las consecuencias que tendría para la región la llegada de un ejecutivo de derecha respaldado por Trump, atendiendo a su aplicación de la «Doctrina Monroe 2.0», y recordando seguro lo que fue el Plan Colombia; pero en su cuenta en la red X, el jefe de Estado colombiano, Gustavo Petro, reiteró denuncias formuladas tras la primera ronda acerca de algoritmos «que hacen vulnerable» uno de los software usados en el proceso electoral «y que permiten que estados poderosos con capacidad computacional puedan remplazar a colombianas y colombianos«, e invitó «formalmente» a Trump «a hablar porque a la situación creada en Perú, Colombia y Venezuela creo que hay que meterle mucha sabiduría antes de propiciar una inestabilidad que tendría mucha sangre humana y un empoderamiento del narcotráfico como nunca».
Cepeda, por su lado, reveló que corporaciones de comunicación hegemónica y analistas locales difunden interpretaciones de carácter malicioso con el propósito de generar hostilidad hacia los integrantes de su campaña, y deslegitimar los 12 700 000 votos de ciudadanas y ciudadanos que respaldaron el proyecto de transformación popular propuesto por él, así como invisibilizar las denuncias sobre lo que identificó como alteración de formularios y suspensión de actas reales de las mesas de votación para bloquear a los testigos digitales de la coalición.
