En la primera graduación de la Escuela de Robótica de China, sobresalió un robot pianista que hoy realiza espectáculos musicales en Corea del Sur. Autor: Raciel Guanche Ledesma Publicado: 21/10/2026 | 12:36 pm
HANGZHOU, China.— La frase detona las lógicas al entrar: «No se aceptan aquí estudiantes humanos», repiten una y otra vez. Contradictoriamente, el raciocinio y el ingenio del hombre llevan el peso de todo; pero su protagonismo queda relegado a esos puestos secundarios que no figuran en la primera fila de los escenarios.
Entonces, preguntas como si se tratara de una película de ciencia ficción: ¿una escuela para quién? si a sus aulas no asisten el Hombre, ese ser pensante y actuante de carne y hueso. Vivimos épocas de confluencias y vertiginoso desarrollo; eso lo sabemos, pero lo último que podrías esperar es que sea un robot quien llegue puntual al turno de clase que imparte un humano.
Así sucede en Hangzhou, donde se encuentra la primera Escuela de Robótica de China, una institución que vio la luz hace pocos meses y se dedica a la formación y certificación de estos androides para el ámbito laboral. Allí, educan con rigor milimétrico, desde cero, como a un niño que comienza a dar los pasos iniciales y aprende las palabras indispensables.

De esta institución saldrán hasta graduados, «con su diploma en mano», le dicen orgullosos los profesores al visitante. Foto: Raciel Guanche Ledesma
Cuando los atípicos alumnos saludan con gestos entrecortados y bruscos, la teoría de Darwin queda en duda. La evolución ya no parece un proceso biológico, sino que presenta a la tecnología como madre del crecimiento. Es una realidad futurista que nace a pasos agigantados y forman el cerebro y las manos del hombre.
Los enseñan a modelar casi todos los escenarios de la vida, a pensar y actuar por sí solos. Es un juego de aritmética pura para darle a un amasijo de plástico y metal la capacidad de resolver problemas en tiempo real.

Los atípicos alumnos salen de la escuela con capacidades para resolver problemas en tiempo real. Foto: Raciel Guanche Ledesma
De esta institución saldrán hasta graduados, «con su diploma en mano», y listos para presentarse al mercado laboral, no sin antes superar las fuertes pruebas del camino. Dice orgullosa una de las profesoras de la escuela que, recientemente, durante la primera graduación, sobresalió un robot pianista que hoy realiza espectáculos musicales en Corea del Sur. Otro, incluso, ya vende su contenido en internet haciendo bailes como influencer.
Entre esos alumnos aventajados está el guía de la escuela Xiao Ji, una especie de representante de los cuatro robots egresados hasta la fecha. A él se le puede preguntar lo que sea en cualquier idioma, que siempre dará una respuesta coherente.

La primera Escuela de Robótica de China, enclavada en Hangzhou, vio la luz hace pocos meses y se dedica a la formación y certificación de estos androides para el ámbito laboral. Foto: Raciel Guanche Ledesma
El propio Xiao Ji lo aclara, mientras explica cómo fue su rutina de aprendizaje en la institución. Te lo dice casi rozando la soberbia: «He sido creado y entrenado con un cerebro sin límites para, en el futuro, convivir y apoyar a las personas». Quizá por eso, al recorrer las amplias áreas de clase, encuentras lo mismo a robots que aprenden las normas no escritas de las relaciones humanas, los que fungirán de mascota o aquellos que serán decisivos dentro de las producciones industriales o para salvar una vida.
Desde todas las direcciones, en Hangzhou el futuro parece haber abandonado la ciencia ficción. No se trata de realismos mágicos ni de especulaciones literarias a lo Julio Verne. Hablamos de que ese mañana lejano e inhóspito para muchos, en China, ya llegó. Por ahora, es el hombre quien lleva aquí las riendas del aula, mientras unos inusuales alumnos incorporan los apuntes aritméticos de cada clase a toda máquina.
