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Se caldea la situación en torno a Irán

Estados Unidos e Israel no detienen sus amenazas y Teherán no baja la guardia, cuando la beligerancia cumple ocho meses y sigue repercutiendo hasta en la estabilidad económica mundial

Autor:

Juana Carrasco Martín

 

No son tranquilizadoras las noticias sobre el Medio Oriente y, en específico, las relacionadas con la guerra por ahora en sordina de Estados Unidos e Israel. Pero si bien apenas se escucha el altisonante rugido de los proyectiles, declaraciones y rumores —ciertos o falsos—, provocan demasiado y peligroso ruido para la región y hasta para el mundo de los daños colaterales.

Luego de conocerse la conversación de Donald Trump y Benjamin Netanyahu sobre su disposición a continuar la conflagración para según dicen acabar con la nación persa —una pretensión que no han podido en ya ocho meses y que supeditan y además constituye factor de influencia en sus respectivos procesos electorales (Israel el 27 de octubre y EE. UU. el 3 de noviembre)—, hay indicios de alarma, casi todos provenientes de fuentes no identificadas pero cercanas a las situaciones de las cuales informan a diversos medios, casi todos estadounidenses.

Tropas y personal diplomático estadounidenses están evacuando instalaciones en prácticamente todo el Oriente Medio, según dio a conocer NBC News el miércoles, avizorándose la preparación de otro ataque contra Irán, pues esos movimientos de «retirada» y reducción de personal se dieron previo al ataque del 28 de febrero con que los regímenes de Washington y Tel Aviv lanzaron contra Irán. 

Aunque el Departamento de Estado desmintió lo de la retirada de su personal en sedes diplomáticas de la región, sí admitió la orden de «salida de empleados gubernamentales —cuya presencia no es esencial— y de sus familiares, exclusivamente en Arabia Saudita», que enfrenta importantes ataques de Ansa Allah, los hutíes, luego que Riad bombardeara el Aeropuerto Internacional de Saná —con apoyo de inteligencia y reabastecimiento del Pentágono—, y recibiera una respuesta similar. 

Mientras, bases estadounidenses en Jordania, Kuwait y Catar están reduciendo el personal militar tras la consideración de Trump sobre reanudar «operaciones de combate a gran escala» luego de las elecciones de medio tiempo en EE. UU., algo que parece excita a su gran amigo y socio seguro «Bibi».

«Bibi», es decir Netanyahu, dispuesto a provocar una respuesta iraní que avive el fuego bélico y lo beneficie en las elecciones al Knesset, tras decirle a sus llamadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y al Mossad, la agencia de inteligencia israelí, que «derroquen al régimen iraní»,  envió el lunes decenas de aviones de combate cerca de la frontera con Irán, los que sobrevolaron los espacios aéreos de Siria e Irak, según publicó Axios, y lo conoció a través de funcionarios estadounidenses e israelíes anónimos que le permiten afirmar que los F-16 israelíes «siguieron una ruta de vuelo compatible con posibles ataques contra Irán». 

Antiwar.com ha destacado una «coincidencia», el mismo día de la operación de los F-16 israelíes, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, se encontraba en Israel y reunido Netanyahu. 

Con estas señales, en Teherán no se cruzan de brazos en previsión de que los agresores se lancen antes de las sonadas elecciones, cruciales para sus dos empecinados adversarios, quienes pudieran usar la fuerza contra Irán para aliviar los índices de desaprobación crecientes en sus respectivas ciudadanías, lo cual es comidilla en los medios establecidos.

Al respecto, Drop Site obtuvo declaraciones —exclusivas y por escrito, subrayó la publicación, y podemos decir que extensas y detalladas—, del general Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de la Seguridad Nacional de Irán, representante personal del líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei y su asesor principal en temas militares desde agosto, además de excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, quien expresó categóricamente: «Si la pregunta es si Irán todavía tiene la capacidad de continuar con operaciones de misiles y drones, la respuesta es sí».

Y no se anduvo por las ramas el general Rezaei: «Estados Unidos posee activos valiosos en la región. En caso de guerra, cables, centros de datos e instalaciones de inteligencia artificial también podrían quedar dentro de nuestro alcance. Si el conflicto vuelve a estallar, tendremos un plan más amplio. Todos deben entender que cualquier acción contra Irán tiene un costo», añadió.

Y dijo más: «Si la diplomacia puede lograr ese entendimiento, preferimos la diplomacia. Pero si la guerra continúa, Irán cuenta con los medios necesarios para seguir respondiendo». 

La evaluación de inteligencia interna de Teherán, también consultada por Drop Site, apunta a la desconfianza hacia lo que puedan hacer los del binomio isarelo-estadounidense en estos días finales de octubre y comienzos de noviembre a pesar de lo dicho en un comunicado por Anna Kelly, subsecretaria de prensa principal de la Casa Blan¿ca: «Estados Unidos no atacará a Irán en ningún momento antes de las elecciones de mitad de mandato», pues el ejecutor pudiera ser el Israel que insiste en la cantaleta de las supuestas armas nucleares de Irán o que trabaja activamente en ellas, como «el coco» que asusta en los cuentos para niños.

Por estos vericuetos van los acontecimientos que suponen un riesgo enorme y de repercusión global, cuando ya está demostrado que al comenzar el 28 de febrero las hostilidades, hicieron un claro error de cálculo, subvalorar al de la otra trinchera, que no ha sido ni «aniquilado», ni «diezmado», como de vez en cuando se proclama en Truth Social.

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