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Cuestión de derechos humanos

Rechazar el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba, que ha devenido un castigo colectivo contra nuestro pueblo,  constituye hoy un asunto de dignidad, se dijo en los debates de este martes en la Asamblea General de la ONU, donde hoy se votará sobre la necesidad de poner fin a esta fracasada y criminal política 

 

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

La Asamblea General de la ONU inició a las diez de la mañana de este martes 27 de octubre, por trigésima cuarta ocasión, el análisis del proyecto de resolución  «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», cuya votación será este miércoles 28 de octubre. La primera jornada permitió escuchar a un buen número de oradores, cuya mayoría rechazó y denunció esa política agresiva que impide el desarrollo en paz y dignidad de nuestra pequeña nación caribeña.

La valoración de este prolongado acoso fue abordada por los representantes de cinco grupos regionales, que también fijaron la posición de sus propios países, y por otras 23 naciones. Solo una de ellas, Estados Unidos, recurrió a falsedades para justificar su repugnante política y culpó a Cuba de los sinsabores, como si con ello pudiera ocultar el crimen de lesa humanidad que perpetra a diario. Apenas un par a un extremo y otro de este hemisferio hizo referencia a supuestas violaciones de libertades en Cuba, pero no pudieron obviar la existencia de una pertinaz coacción económica e incluso su extraterritorialidad.

Los representantes de cinco grupos regionales —Namibia por el Grupo de África, Singapur por la Asean, Uganda por el Movimiento de Países No Alineados, Uruguay por el Grupo de los 77 más China, y Eritrea por el Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas— comenzaron el debate y fueron explícitos en señalar los daños que las medidas coercitivas recrudecidas en este año están ocasionando al pueblo cubano.

Buena parte de quienes hablaron desde la geografía africana hicieron patente lazos histórico en los cuales sobresalió la gratitud hacia Cuba por su presencia en la lucha por la liberación y la independencia, una actitud solidaria continuada en los ámbitos de la salud, la educación y el desarrollo humano, la cual ha beneficiado a innumerables comunidades en toda África, pues así lo hicieron constatar Sudáfrica, Gabón, Argelia, Etiopía, Angola, Zimbabwe, Gambia y Kenia.

Resultó oportuno significar las consecuencias humanitarias de una intervención o aventura militar no solo para Cuba, también para la región de América Latina y el Caribe y su efecto desestabilizador, contradicción con su condición de zona de paz.

Desde Asia se pronunciaron en esta jornada, junto a Singapur, que habló a nombre de la Asean, Indonesia, Malasia, la República Democrática de Lao, Timor-Leste, la República Islámica de Irán y la República Popular China.

Fue casi generalizado el destaque que se hizo desde el podio de la ONU a los daños que están causando las restricciones estadounidenses (bloqueo o embargo, cualquiera que sea el término utilizado) agravando la situación socioeconómica, con carencias de más del 60 por ciento de los medicamentos esenciales y una caída superior al 50 por ciento de la producción de alimentos en los últimos cinco años.

Un elemento esencial en los discursos fue la denuncia casi generalizada de la obstaculización total al suministro de petróleo al país, la imposición de sanciones a terceros Estados que mantienen relaciones comerciales legítimas con Cuba, y la aplicación de sanciones secundarias contra empresas, bancos y entidades extranjeras, incluso cuando sus negocios en Estados Unidos no guardan relación con Cuba, multiplicando los efectos extraterritoriales del bloqueo.

Profunda preocupación tuvo expresión en casi todos los oradores por los efectos devastadores del unilateral bloqueo en todos los sectores fundamentales y que dan forma a un castigo colectivo que afecta la Salud pública, el sistema educativo, el suministro de electricidad, la alimentación, la agricultura, el comercio y la vida cotidiana de los ciudadanos cubanos, así como la inversión, el turismo y la banca.

El propósito intimidatorio y disuasivo para aislar a Cuba, que durante décadas ha contribuido de forma amplia y constante a la comunidad internacional y su asistencia a otros países, un gran ejemplo de cooperación Sur-Sur, fue su­brayado tanto por el Movimiento de los No Alineados como el Grupo de los 77+China.

Ambas comunidades reclamaron el levantamiento inmediato, completo e incondicional del bloqueo —incluidas todas las medidas con efectos extraterritoriales—, pues poner fin a estas restricciones resulta esencial no solo para el desarrollo de Cuba y el bienestar de su pueblo, sino también para defender la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la credibilidad del multilateralismo.

Un gruñido en el micrófono no tapa el crimen

Cuando la figura del transgresor, personalizada en el embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, comenzó a proferir mentiras, acusaciones falsas e ignominiosas contra el liderazgo de Cuba, para intentar justificar el prolongado crimen iniciado en la administración de Dwight Eisenhower y ratificado oficialmente en 1962 por John F. Kennedy, la voz resuelta de nuestro Canciller le interrumpió en más de una ocasión.

«Usted miente», dijo el jefe de la diplomacia cubana, heredera de un siempre resuelto Raúl Roa, no por gusto conocido como «Canciller de la Dignidad». Y con ese galardón como escudo y lanza se acercó —seguido por la delegación  cubana—, hacia el podio donde un Mike Waltz se atrevió a decir que hablaba en nombre del pueblo cubano: «Esa persona tiene que alejarse del podio, no me va a intimidar». «Soy el representante de los Estados Unidos de América, retroceda».

Sobre la base del artículo 71 del Reglamento de la Asamblea General, Rodríguez Parrilla solicitó que se le llamara al orden al representante permanente de Estados Unidos, que no solo mintió de manera grosera y prepotente, sino que faltó a la dignidad de la Asamblea y de los Estados miembros, ripostó desde su lugar en el plenario nuestro Ministro de Exteriores.

No se podía permitir sus insultos a un pueblo que ha resistido y continúa haciéndolo, con el coraje que da una historia construida con sangre y sudor para llegar a la soberanía e independencia actual. No solo es cuestión de orden en un debate serio, es sobre todo cuestión de dignidad hacerle frente y rechazar insultos e improperios de una administración de la Casa Blanca, que pisotea hasta a su propia ciudadanía y carece de moralidad, incluso personal.

Los oradores que siguieron al susodicho trajeron al plenario esas incontratables verdades de una guerra despiadada. Lo hicieron Sudáfrica y Nicaragua reafirmando amistad duradera y solidaridad con Cuba, con un pueblo «valiente, culto y amante de la paz».

Tanto Rusia como China, al exponer el arsenal de herramientas que Estados Unidos emplea para ejercer presión sobre Cuba —que incluye, además de la asfixia económica, sanciones personales, amenazas de intervención militar, presión sicológica, propaganda e intentos de lograr un aislamiento internacional absoluto—, apuntaron el objetivo evidente:  conducir a Cuba al colapso socioeconómico y provocar un cambio de poder en el país, lo que a su vez Bielorrusia calificó de inaceptable pretender modificar su sistema político interno, a renunciar a los principios fundamentales de su existencia y a su ideología, y, en última instancia, a sacrificar su libertad.

Las declaraciones del stablishment estadounidense sobre la incapacidad del Gobierno ubano para hacer frente a los desafíos internos actuales rozan el cinismo absoluto, dijo el diplomático ruso; mientras China enfatizó en la indomable resistencia del pueblo cubano para continuar construyendo un futuro compartido con toda la humanidad.

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