Un contundente triunfo político que reafirma que el consenso internacional apoya la justicia y el derecho a existir del pueblo cubano. Autor: Favio Vergara Publicado: 28/10/2026 | 07:20 pm
Una amplia mayoría de los Estados miembros de la ONU aprobó por 34ta. ocasión la Resolución «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba» (documento A/81/L.5), que describe las medidas recrudecidas con que Estados Unidos ahoga al pueblo cubano. Las sucias presiones y chantajes de la Casa Blanca, contra numerosas naciones, no pudieron con la verdad que condena su crimen.
Con 130 votos a favor, es una victoria para Cuba y el derecho de los pueblos pequeños a existir de manera soberana e independiente, aunque 17 hayan votado en contra, lo que implica negar los principios de la ONU, y 25 se abstuvieran con la ambigüedad de posiciones forzadas, listas que demuestran el poderío del agresor y sus amenazas de aranceles, suspensión de los programas de cooperación y restricciones de visas para altos funcionarios gubernamentales de esas naciones manipuladas a servir a los intereses de Washington, que en este caso es darle «legalidad» al bloqueo y negar los efectos asfixiantes sobre el sufrido pueblo cubano.
En la tensa jornada, deshonrada por la inadmisible presencia en la sala plenaria de la ONU de un terrorista invitado por la delegación de EE. UU., se escuchó a una decena de oradores previo a la votación.
México abrió, invariable en su posición histórica, reafirmando su solidaridad con el pueblo de Cuba y su rechazo a una agresión prolongada durante más de seis décadas y a todas las medidas económicas unilaterales contrarias a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, una organización que no debiera en ningún momento someterse a los poderosos.
Ese fue el tono predominante de quienes rechazaron el engendro de una política amoral en todo sentido que obstaculiza estructuralmente el desarrollo económico y social de Cuba, con consecuencias altamente negativas para el bienestar del pueblo; y reafirmaron firme apoyo al levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo, como necesidad urgente e imperativo humanitario, los diplomáticos de la India, Cabo Verde, Sierra Leona, Ghana, Egipto, Belice, Mozambique y un Vietnam que proclamó: «Cuba estuvo junto a Vietnam durante los años más difíciles de la reconstrucción y el embargo, y hoy Vietnam permanece firmemente al lado de Cuba».
Diálogo, cooperación y respeto al derecho internacional fueron demandas que debieran prevalecer sobre las medidas destinadas a agravar las dificultades de cubanos y cubanas, porque no solo beneficiaría a Cuba, también contribuiría a un entorno internacional más próspero y solidario, de justicia y paz y, en consonancia con esa postura, algunos reiteraron la importancia de que Cuba sea retirada de la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo, una inclusión que impone barreras adicionales a la Isla en las transacciones financieras y a sus intercambios comerciales internacionales.
Ni mentiras ni ambigüedades
Cuando habló el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, la realidad tomó asiento y se escuchó en la ONU. No era oratoria hueca e irrespetuosa como la del embajador Mike Waltz. Cada denuncia que nuestro Ministro de Relaciones Exteriores formuló sobre las graves consecuencias del bloqueo para la vida del pueblo cubano, está avalada por pruebas documentadas de que Estados Unidos lleva más de seis décadas violando el derecho
de nuestro pueblo a su desarrollo económico, social, cultural y político y pueda beneficiarse de ello.
El pueblo cubano no merece menos, y lo sabe el 50 por ciento de la población estadounidense que se pronuncia contra el bloqueo de combustible, y el 72 por ciento opuesto al bloqueo en general, lo que contradice la política oficial de la Casa Blanca de apoderarse de Cuba, controlar su economía y ejercer su dominación como si fuéramos su 51 estado; y para lograrlo, además de las decenas de nuevas medidas económicas coercitivas que se suman al entramado de leyes que dan base al bloqueo, amenazan abiertamente con el uso de la fuerza militar.
Luego de la votación que puso en ridículo las pretensiones estadounidenses de «legalizar» su política de asfixia, Estados Unidos volvió a repetir insultos y mentiras, y hubo explicaciones de voto con una parte de ellas tratando de exponer, quizá el secreto a voces de una vuelta en U que respondía a una torcedura de brazos «Made in USA» o a las ambigüedades de otros que se abstuvieron centrándose en la cuestión de los derechos humanos, un cuento que sirve a los intereses de Washington para desviar la atención del crimen que se comete a diario contra el pueblo
cubano, verdadera violación de los derechos humanos.
Allá cada cual con su conciencia y la rendición de cuentas que pudieran hacerles a sus propios pueblos. No eran titulares en los medios que siguen la corriente de los poderosos, probablemente el algoritmo manipulado no los destacara en las redes impropiamente llamadas sociales. Sin embargo, en el Nueva York donde se asienta la ONU y en otras importantes ciudades alrededor del mundo, la solidaridad con Cuba se expresó con vox populi, de pueblo, y dijo alto y claro: No Bloqueo a Cuba.
El embajador cubano Ernesto Soberón también usó del derecho a réplica para enfrentar y desenmascarar las reiteradas ofensas a la dignidad del pueblo cubano, las mentiras constantes y la obsesión de la delegación de Estados Unidos con respecto a Cuba.
«Ayer, dijo, escuchamos al Representante Permanente de Estados Unidos intentar utilizar este foro para difamar a nuestro pueblo y a sus dirigentes. Como era de esperar, hoy ha repetido su lamentable actuación. Ningún cubano digno permitiría jamás que se mancillara la reputación de los líderes de la Revolución Cubana; y, de hecho, no han logrado derrotarlos».
Con puntería, Soberón agregó lo archisabido sobre esta administración estadounidense y que es escándalo diario: «Al señor Waltz le resulta difícil concebir a un funcionario o a un titular de un cargo público que no sea corrupto, pues son precisamente esos los que encuentra a diario en su propio país. La corrupción es un componente intrínseco del sistema electoral de Estados Unidos».
Así que sentenció: «No están engañando a nadie. No están confundiendo a nadie. Y, desde luego, no están engañando a nuestro pueblo con estas mentiras y su campaña de desinformación».
De manera que, como cubana, sufriendo los mismos sinsabores que mis compatriotas, puedo decir que nos mantendremos firmes, persistentes, tenaces, más tercos y tozudos, en la defensa de nuestra independencia y soberanía nacional, cerrando el paso a quienes nos ambicionan desde sus aspiraciones imperiales de dominio mundial.
Es nuestro derecho y no lo cedemos. Tal y como terminaron las palabras del Canciller Bruno Rordíguez Parrilla, seguimos diciendo: ¡Patria o Muerte!, y con total confianza en nosotros mismos también aseguramos: ¡Venceremos!
