En un país como Cuba, donde contratiempos, escaseces y el bloqueo intentan socavar nuestra cotidianidad, la resiliencia se ha convertido no solo en una estrategia de supervivencia, sino en un motor de impulso colectivo.
El año 2025 fue tan retador como sus antecesores. La economía siguió sin dar ese ansiado y necesario salto, la inflación continuó en escalada, el bloqueo apretó duro la soga para intentar asfixiarnos y hasta la situación epidemiológica ha querido asemejarse a aquellos tiempos tan crueles de la COVID-19, mas los cubanos seguimos aquí, cargando a cuestas el país amado y sin renunciar a verlo como todos queremos, próspero e indomable, libre y soberano como desde hace ya 67 años.
En ese afán, más allá de situaciones complejas, hay muchos cubanos dignos que, ante cada adversidad, sacan debajo de la manga, cual magos, soluciones creativas e inteligentes que nos hacen flotar en medio del mar denso y revuelto que constituye el mundo hoy, donde manda el dinero y buena parte de los gobiernos terminan doblegándose ante los designios de un norte que nos asfixia.
De ese ingenio cubano y de la capacidad de adaptarse ante cada escenario difícil, han surgido nuevos emprendimientos, proyectos socioculturales, de desarrollo local o de sostenibilidad ambiental, entre otras muchas iniciativas que parten a veces de una sola persona y que terminan involucrando a veces a miles.
El movimiento generado después del huracán Melissa fue de las más grandes muestras de resiliencia del año recién terminado. Su paso por el oriente cubano fue devastador, pero a diferencia de otros países por donde transitó, aquí no murió nadie, porque hace mucho tiempo entendimos que lo material va y viene y que lo importante es la vida, y cada quien encontró refugio seguro en un centro estatal o en la casa de un vecino.
Muchas familias lo perdieron todo, mas no la certeza de que Cuba es una gran familia. Por eso desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí se organizaron donativos de alimentos, ropa, aseo, medicinas, juguetes. Cada quien buscó la manera de compartir, muchas veces anónimamente. Y no solo dentro del país se generó un movimiento solidario. Cubanos de todas partes del mundo, y extranjeros enamorados de este archipiélago, también hallaron las maneras de aportar.
Sí, porque más allá de las historias macabras que quieran tejer sobre Cuba, nosotros hemos ganado, a golpe de hermandad y solidaridad, el afecto de muchas naciones en el mundo. No es obra de la casualidad que naciones como Vietnam, México, China, Rusia, Venezuela,
Japón y tantas otras permanezcan al lado de los cubanos y busquen vías para ayudarnos a salir adelante en un mundo donde Estados Unidos intenta aislarnos y borrar del mapa nuestro ejemplo de perseverancia y de lucha por construir el socialismo.
El año 2026 se nos presenta tan difícil como los anteriores, pero los cubanos hemos demostrado capacidad y fuerza suficientes para salir adelante. Ya hemos librado antes batallas más difíciles y esta no puede ser diferente, pero hemos de trabajar, y mucho, para cumplir con todo lo establecido en el Programa de Gobierno para eliminar distorsiones y reimpulsar la economía.
Todo lo plasmado en objetivos en ese documento que recientemente se discutió en los núcleos del Partido y en otros espacios, debe llevarse a la práctica y traducirse en más producción de alimentos, en iniciativas innovadoras y alejadas de esquematismos, en impulso del desarrollo local, en más bienes y servicios para el pueblo, uno que ha demostrado capacidad de resistir pero que también necesita ver resultados que constituyan una especie de combustible para seguir adelante.
Porque si algo ha demostrado Cuba es que, frente a toda crisis, el corazón de su pueblo late con la esperanza de un nuevo amanecer, un amanecer donde todos, más allá de creencias, razas, edades o criterios, vivamos en paz, y trabajemos juntos por edificar la Cuba próspera y sostenible que soñamos.