Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Donde no se come miedo

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

Basta revisar algunas cuartillas históricas para saber que, en Cuba, no se come miedo. En esta tierra heroica, su pueblo llegó a incendiar una ciudad para salvar la vergüenza de la nación, estampó luego la Revolución y hoy, más que todo, poseemos el Récord Guinness a la resistencia frente al imperio moderno. Somos gente noble, humanista y persistente, pero que no tolera nunca, bajo ningún concepto, que lo amenacen.  

Si algo siempre hemos demostrado es que la arrogancia impuesta con desprecio solo saca a flote el arrojo que llevamos dentro. A las buenas, somos afables y bondadosos, pero a las malas hay que batirse con nosotros en duelo por la dignidad.

Nuestra suerte fue echada hace mucho tiempo junto a la estirpe aborigen y la bravura maceísta y rebelde; mientras que la épica de los cubanos ha sido una sola: la de campear contra el más fuerte. Por alguna extraña mística, la Revolución dotó con conciencia los genes desafiantes de millones.

¿Cómo puede un pueblo pequeño retar la gravedad del poderoso? Del norte hacia el sur llevamos más de seis décadas bajo franca agresión. Incluso, cuando hubo, hace poco más de una década, un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, solo varió la estrategia del Tío Sam, porque la frontalidad mutó con otro significado hacia un mismo fin.

Pero ellos, los que han pensado muchas veces con arrogancia que tumbar la Revolución es cuestión de horas, se topan con esa fuerza moral que nace en los barrios, los campos, en el alma de los hombres y las mujeres, de los jóvenes, que se empinan en cada confín de este archipiélago.

Si de algo podrán dar fe las administraciones estadounidenses es que Cuba no les teme, ni se arrodilla jamás. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz lo definió en la Plaza de la Revolución José Martí, durante la clausura del 2do. Congreso del Partido Comunista de Cuba: «Nuestro pueblo hace tiempo que ha perdido ya la idea de lo que es el miedo… hace tiempo que nuestro pueblo ha perdido ya el sabor de lo que es el miedo».

Incluso, se puede estar o no de acuerdo con las ideas que defendemos. Pero la Patria es como la madre: sagrada, y ningún arrogante ni desmemoriado puede venir a dañarla ni con el pétalo más sensible de una flor. Cuando nuestra estrella solitaria, nuestras palmas, nuestro derecho a existir y a vivir en paz, están en juego, en peligro, no entendemos.

Frente al imperialismo hemos aprendido a predicar de frente, guapos y sin debilidad. A quien nos desafía a las malas, lo afrontamos con la integridad de la razón, que es un arma más poderosa y certera. Como Fidel hace cuatro décadas, hoy podemos afirmar: «(…) No tenemos ningún temor a sus amenazas. Porque, desde luego, hay algo que no nos gusta, y no nos gusta que nos amenacen».

De ilusos están repletas actualmente las sillas de la Casa Blanca. En este tiempo han desatado todo tipo de ultrajes contra la Mayor de las Antillas, han agredido —económicamente— hasta lo más elemental de nuestro sustento y han impuesto un cerco petrolero que lleva en su práctica una acción genocida en la extensión completa de la palabra. Todo el lenguaje de intimidaciones se ha multiplicado en un año, pero, fuera de sus cálculos arrogantes, Cuba continua de frente a ellos con la cabeza erguida.

Y es que a esta Isla no se le intimida como se mueve una bolsa de valores en pleno Manhattan. No funcionamos así. Ellos, los antípodas de siempre, lo saben bien, pero se empeñan, como los soberbios que son, en lucrar con su propia política de fracaso.

«¿Nos amenazan con mantener su bloqueo económico? ¡Que lo mantengan cien años si les da la gana! Cien años estamos dispuestos a resistir, si es que el imperialismo dura cien años», reconocería el Comandante en Jefe en la clausura de la cita partidista en 1980.

Quizá ahora estamos presenciando la temporada más peligrosa que hemos vivido en más de seis décadas: la dupla Trump-Rubio. ¿Qué más harán? Es impredecible, pero seguramente procurará mayores daños que el impulsado hasta hoy, sin todavía cumplir sus primeros dos años de mandato.

Cuba, como nación digna, espera siempre de los demás reciprocidad y respeto. Sin embargo, quien se equivoque, desde la palabra o la acción, seguirá encontrando en medio del mar Caribe, frente a las costas del Golfo de México, una trinchera antimperialista donde no se come miedo.

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