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Podofilia, placer al sur

Esa parafilia (como se le llama a toda sexualidad al margen de lo corriente y socialmente avalado como norma) es de las más comunes y aceptadas en público por sus practicantes

Autor:

Mileyda Menéndez

Cuando no puedo mirar tu cara /miro tus pies.

Pablo Neruda

Los bebés primates (también los humanos) juegan con sus diminutas extremidades, llevándose sus deditos a la boca y chupándoselos. No hay erotismo en ese gesto, pero hay placer: los pies son muy sensibles, su centro nervioso en el cerebro está muy cerca del de los genitales y la boca, y ese entretenimiento puede calmar su ansiedad.

Cuando crecen hay otros estímulos al alcance de sus otros sentidos, pero para algunos individuos sigue siendo fascinante contemplar, olfatear, acariciar, frotar, degustar, incluso escuchar el ruido de las articulaciones de unos pies con determinadas características, al punto de convertirse en su fetiche, a veces su única manera de excitarse o de llegar al orgasmo, a solas o en pareja.

Esa parafilia (como se le llama a toda sexualidad al margen de lo corriente y socialmente avalado como norma) es de las más comunes y aceptadas en público por sus practicantes, y no solo se limita a lo más inferior de las extremidades, sino que puede incluir toda una parafernalia de objetos asociados a ellas: calzado, medias, ajuar de pedicura, cremas, y más recientemente
algunos juguetes sexuales de silicona con forma de pies y vulva en la planta, para materializar la penetración y superar los límites de la fantasía.

Por referencias culturales y estudios científicos se conoce que el 70 por ciento de las personas con esta inclinación son hombres, en buena medida porque las industrias del calzado exhibicionista y del cuidado de los pies femeninos han sido más desarrolladas, incluso en este siglo de metrosexualidad.   

Para los fetichistas de pies, o podofílicos, contemplarlos produce una excitación similar a la de un escote muy pronunciado, y como además sudamos y emitimos olores en esa zona (no siempre perceptibles, pero eficaces), esas feromonas pueden alebrestar su deseo como si se tratara de axilas o genitales.

Como en muchas otras parafilias comunes, las personas con esta inclinación pueden ser socialmente bien adaptadas, responsables, éticas… tener familia y cultivar su educación e intereses.

Tienen un deseo peculiar, pero lo controlan con el mismo éxito de quien se siente muy atraído por senos grandes o brazos peludos, por ejemplo, y no anda tocando a la gente ni tropezando a propósito para invadir su corporalidad.

Sin embargo, como en muchas otras filias, también pueden buscarse hobbies u oficios que le permitan estar cerca del objeto de su deseo, y así se vuelven vendedores de zapatos, masajistas, podólogos, pedicuras, ortopédicos…

Curiosamente, mientras desarrollan su faena no suelen perder la compostura ni propasarse con la clientela, pero luego, en la seguridad de un espacio privado, recrean la imagen o las sensaciones de los pies más atractivos del día, y algunos se autoestimulan o comparten con su pareja ese impulso exterior.

En muchos casos la máxima experiencia sexual proviene de una conducta contemplativa o un roce discreto, inocente a los efectos de los demás. No suelen escalar hacia filias más agresivas y, como la cultura actual es permisiva en cuanto a mostrar y adornar los pies, tienen muchas fuentes de estímulo cotidiano, como cualquier otro interés sexual. 

Algunos convierten esa pasión en arte a través de la plástica, la cinematografía o la danza y, mientras cuenten con el consentimiento de todos los participantes (que estén en edad legal para entender), no hay nada reprochable en su camino al placer.

A criterio de la doctora Elvia de Dios, especialista del Cenesex y experta en la atención de personas parafílicas, este peculiar gusto solo requiere terapia si quien lo vive siente luego remordimientos y displacer, o su dependencia es tan grande que se convierte en trastorno obsesivo compulsivo y le impide una vida social adecuada.

Desde lo legal, el gusto deviene problema si promueve delitos como el acoso, actos lascivos, hurto de las prendas fetiche o cualquier otra invasión de la intimidad ajena. 

De la academia

Como parte del 15to. taller Paradigmas Emancipatorios, el Instituto de Filosofía convocó a un acercamiento al tema Sexualidad como eje articulador de la vida, presentado por la máster María Dolores Marroquín, profesora, investigadora y analista política, activista y comunicadora feminista.

La cita es el próximo lunes, 26 de febrero, en la sede del instituto (Calzada, No. 251, esquina a J, municipio de Plaza de la Revolución), a partir de las 10:00 a.m. y hasta la 4:00 p.m.

Quienes se interesen por participar, deben entrar al sitio https://forms.gle/KXz55wKEr2pvCi7k8 o enviar al correo yaira.diaz1997@gmail.com los siguientes datos: nombre y apellidos, organización/institución a la que pertenece, correo electrónico, número de teléfono y motivación para participar en el taller.

 

 

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