Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Tengo una relación con un hombre casado

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

N.E.: Tengo una relación con un hombre casado. Después de tanto tiempo, sé que solamente puedo esperar de él buenos orgasmos. No dejará a su mujer, ni se compromete conmigo a tener algo más que unas horas íntimas cada cierto tiempo. Intenté tener otras parejas, pero no han funcionado por más de unos meses. He intentado dejarlo muchas veces, pero cuando aparece el deseo termino claudicando. Lo llamo y todo comienza de nuevo. ¿Existe algún modo de matar el deseo?

El deseo permite soñar, fantasear y experimentar el placer de vivir. Es difícil matar algo tan deleitable que te invita a volver. Más que lapidar ese deseo, sería recomendable descubrir las condiciones que lo despiertan y lo realizan en ti.

Advertir aquello que nos vivifica puede alentarnos a buscar mejores soluciones para consentir su realización. Por ejemplo, las relaciones estables las terminas en breve, y prefieres llamar a este hombre, aunque se queda lo que demora un orgasmo. Es eso lo que él te da y, al parecer, es también lo que clamas. Sin ganas no lo llamas. ¿Acaso te alimentas de esa alternancia entre compañía y soledad, con tiempos para alimentar el deseo y satisfacerlo? ¿Este hombre es elegido por su capacidad de actuar e irse, o por algo más?

No se trata tanto de matar el deseo como de encontrar tu manera de arreglarte con su materialización. Quizá este hombre volátil es suficiente, o lo importante es algo en él que podrías encontrar en alguien más. Es usual que lo más placentero subvierta cierto orden de nuestros ideales, cuando estos se encargan de limitar excesos y orientar la vida. El uso extremadamente rígido de normas e ideales sociales podría motivarnos a sentirnos parte de los seres normales o de los excepcionalmente buenos, con el costo de perder placeres.

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