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Costa Rica quiere que la quiten de la lista, pero...

Aunque la gran mayoría del pueblo tico se opone a la guerra en Iraq y pide que lo liberen de la coalición que le dio origen a la misma Washington se niega a perder ese respaldo

Autor:

Juana Carrasco Martín

Estados Unidos no ceja en su intención de mantenerse en Iraq. El vicepresidente Dick Cheney, el señor de Halliburton, ha reiterado que una retirada de sus tropas del país mesopotámico podría «validar y estimular a los terroristas», por lo tanto, Estados Unidos debe quedarse, a despecho de lo que considera una buena parte de la ciudadanía norteamericana.

Es más, el Senado de mayoría republicana rechazó unas enmiendas demócratas que hubiesen dejado claro una fecha tope para una retirada parcial, julio de 2007. Algunos demócratas consideran que la política de la administración Bush ha fallado en Iraq y tratan de presionar, pero sin éxito por ahora. Su intención es que la Casa Blanca y el Pentágono le digan al gobierno iraquí designado que no pueden tener indefinidamente y como un cheque en blanco a la «seguridad» de EE.UU., así que preparen mejor a su propio ejército.

Cheney, durante una entrevista negó que las cosas estuvieran mal en Iraq y alegó: «Estamos haciendo progresos significativos». Estos fueron sus argumentos: los iraquíes han hecho tres elecciones nacionales, tienen un nuevo gobierno bajo una nueva constitución, hay un cuarto de millón de iraquíes vistiendo ahora los uniformes del ejército y los cuerpos de seguridad, y están equipados y entrenados para la guerra.

Según el hombre de Halliburton, si se van de Iraq, le darían la razón a Osama Bin Laden en cuanto a que «nos han forzado a retirarnos, de que últimamente estamos cansados de la pelea, que no tenemos estómago para una batalla larga, dura, y que empaquetaremos y nos iremos a casa». Cheney lo ve a través de la geoestrategia: esto afectaría a Afganistán, no podrían persuadir a los iraníes sobre el tema nuclear, amenazaría la estabilidad de los gobiernos en Paquistán y Arabia Saudita…

Por supuesto, Cheney no mira al otro lado: la guerra que está costando 300 millones de dólares diarios, casi 8 000 millones al mes, según algunas cuentas, el conflicto que se ha llevado la vida de 2 518 de sus muchachos y muchachas y, según cifras oficiales del Pentágono, 18 490 tienen heridas —físicas o mentales— que cuentan de por vida.

Y, ¿qué tiene que ver Costa Rica en todo esto? ¿De cuál lista quiere salirse? Pues recordemos que Estados Unidos cimentó su agresión a Iraq sobre una supuesta coalición de la llamada «comunidad internacional». Una treintena de países que le dieron la anuencia y pusieron sus tropas a disposición del crimen —algunos con menos de un pelotón. Costa Rica fue uno de ellos y ahora, cuando quiere que borren su nombre de ese inventario, porque la gran mayoría del pueblo tico se opone a esa guerra, Washington se niega, así que el país centroamericano aparece todavía en archivos y sitios de Internet dando respaldo a Estados Unidos.

«Hemos insistido a través de las vías diplomáticas para que se aclare que nuestro país ha sido removido» de la lista, dijo por estos días a Radio Eco el ministro de Relaciones Exteriores Bruno Stagno. La petición se oficializó en mayo y el 19 de junio el Departamento de Estado dio su respuesta: no es posible, «los récord históricos no pueden ser modificados o removidos»...

A decir verdad, con la misma desfachatez con que Dick Cheney justifica la presencia militar de Estados Unidos en Iraq, trata Estados Unidos a quienes alguna vez le hicieron cohorte. Son mañas imperiales.

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