Iván Cepeda. Autor: Tomada de El país Publicado: 22/04/2026 | 09:04 pm
La revelación de un plan para influir de modo ilegal en el electorado colombiano, no solo confirma los peligros que - ¡se sabía! - enfrentaría el progresismo allí en lo que queda de campaña, apenas hasta fines de mayo.
Además, la existencia del denominado Plan Júpiter demostraría que las fuerzas reaccionarias están otra vez dispuestas al juego sucio para evitar el avance de quienes se le oponen.
En el caso colombiano, no se trata de cualquier cosa. Frenar el paso del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda —a la cabeza en las encuestas aunque sin mayoría absoluta—, significaría frustrar el camino, iniciado por el saliente gobierno de Gustavo Petro, hacia la justicia social y contra la violencia endémica, y del que Cepeda sería continuador.
«De paso», eliminar esa posibilidad representaría seguir lacerando la imagen de la izquierda regional, y desbancarla de uno de los últimos lugares donde las fuerzas antineoliberales se han mantenido en el poder en América Latina.
Descontando los resultados que finalmente se verifiquen en Perú —donde también se habla de planes para invalidar el voto popular- los comicios presidenciales previstos para octubre en Brasil completarían, junto a las elecciones colombianas, el cuadro de momentos trascendentes que pudieran salvaguardar espacios para las experiencias de cambio… o revertir los destinos nacionales con «un cambio» en sentido opuesto.
Los detalles de la confabulación dada a conocer hace escasas horas corroboran asimismo que la falta de confianza en el paradigma izquierdista, constatada en amplios sectores populares latinoamericanos -errores o carencias programáticas o de recursos, aparte- agradece esas «marcha atrás» a las estratagemas y maquinaciones de una derecha que ha hecho de la manipulación mediática, la judicialización de la política y la injerencia foránea en los procesos electorales locales, todo un «estilo» de campaña «proselitista» que jamás, sin embargo, ha usado la izquierda.
Con ello, los conservadores están revirtiendo los avances logrados a favor de la integración regional, y suman «esfuerzos» a las acciones neo-monroístas de Washington.
El informe de la investigación, dado a conocer por la Señal Investigativa del Sistema de Medios Públicos de Colombia y, de ahí, rebotado por numerosas fuentes, responsabiliza del plan a un exdiplomático colombiano relacionado con el expresidente derechista Álvaro Uribe. El escenario serían las redes sociales con el apoyo de empresas privadas, «presionando».
La forma en que una declaración de «advertencia» de la Casa Blanca torció en noviembre el voto en Honduras, demuestra cuán contaminado puede tornarse el juego electoral. Antes, las promesas de ayuda financiera de la Casa Blanca para reflotar la economía argentina, salvaron de su propia motosierra al gubernamental partido La Libertad Avanza en los comicios legislativos.
Con Júpiter, el propósito sería aplicar la conocida campaña del miedo, mediante acciones manipuladoras para inhibir el voto por Cepeda o, incluso, hacia el candidato derechista Abelardo de la Espriella, y favorecer a la tercera figura con posibilidades, según los sondeos: la aspirante del uribista Centro Democrático, Paloma Valencia. Para conseguirlo se habrían dedicado casi dos millones de dólares.
Pero tales proyectos no constituyen la única nota preocupante en el contexto electoral de Colombia.
Existe temor a un magnicidio desde que, hace unos días, Petro denunció que la CIA tiene conocimiento de un posible atentado contra Cepeda. Otras autoridades añadieron que, en cualquier caso, un organismo de inteligencia de Colombia ya había suministrado a Estados Unidos la información disponible al respecto, para su valoración y apoyo.
Cepeda respondió asegurando que bajo ninguna circunstancia abandonará la campaña, en tanto el Ministerio del Interior destinaba a 107 efectivos de protección y 160 de la policía dotados de vehículos blindados para cuidar los actos proselitistas de todos los partidos.
Será muy tenso el cierre de campaña.
