Donald Trump. Autor: Telesur Publicado: 08/04/2025 | 06:24 am
Estaba de vuelta con sus amigos de Little Havana, en un acto de puro odio hacia Cuba y su Revolución, donde alabó a su otrora rival, el senador por la Florida Marco Rubio y al congresista Mario Díaz-Balart, dos pivotes de la industria de la contrarrevolución, junto a los derrotados veteranos de Bahía de Cochinos. Les agradeció el apoyo por haber ganado el Estado y empujarlo a la Casa Blanca. Mencionó también a otros personeros en Miami y en Cuba.
Ante ellos lanzó diatribas contra el comunismo cubano, con una descripción de película de terror al mejor estilo hollywoodense.
Donald Trump recién había llegado a la Casa Blanca por vez primera, era el 16 de junio de 2016, y el encuentro le sirvió para iniciar su feroz política hacia Cuba en un pago de favores. Para «justificar» los siniestros planes que luego puso en práctica, hizo a Cuba responsable de cuanto mal él consideraba que había en el mundo.
Por supuesto, denostó contra la política que había seguido su antecesor, el demócrata Barack Obama, el importante paso de reconocer que nada habían conseguido con décadas de bloqueo, flexibilizado en ciertos aspectos, y adelantando pasos en busca de una relación civilizada entre naciones vecinas.
Trump daba un giro a la veleta de Washington y apuntaba a vientos huracanados contra la nación caribeña que se tradujeron en 243 medidas adicionales que recrudecieron el, de por sí, perverso bloqueo.
Su derrota frente a Joe Biden le impidió llevar a término sus planes verdaderos de doblegar a Cuba, aunque quedaron instaladas las fuertes y criminales sanciones del trumpismo, que, además, como vuelta de tuerca complementaria la situó en la lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo.
Esta segunda temporada de Donald Trump, iniciada en enero de 2025 le ha permitido hacer más asfixiante la situación económica, comercial y financiera. Ha venido con todo contra el pueblo cubano, por más que siga manteniendo la falacia que busca su bienestar y solo actúa contra el Gobierno y sus entidades.
La política de hostilidad que alcanzó niveles hasta entonces sin precedentes, agrega nuevas acciones de agresión que afectan a todas las esferas y a todos los segmentos de la economía y de los cubanos en sus propósitos genocidas.
El total bloqueo petrolero es el arma principal esgrimida en la actual coyuntura de máxima presión. Pero el actual capítulo de la agresión lo inició a pocas horas de tomar posesión el 20 de enero de 2025, cuando nos reincluyó en la lista de países patrocinadores del terrorismo, con todas sus consecuencias.
Todo el año 2025 transcurrió en ese forcejeó porque Cuba, como ejemplo, debe ser borrada del mapa a cualquier costo. Con el 2026 ha llegado para Trump y sus secuaces anticubanos la etapa de dar el tiro de gracia, en este caso incrementando el dolor, el sufrimiento, la escasez de lo más básico para la existencia y la salud de millones de cubanos.
Marco Rubio, el ensalzado el 16 de junio de 2016 está en la palestra como siniestra silueta en este enfoque de la guerra contra Cuba, que incluye la posibilidad de la agresión militar si no logran rendirnos por hambre y desesperación.
La lista de entidades cubanas sancionadas se ha engrosado, y también las presiones a socios de larga data en las industrias de la minería y el turismo, entre otras, en medio de una creciente incertidumbre entre el segmento de los negocios y en el sistema empresarial cubano, estatal y privado.
Una década de Trump está en vigor contra Cuba y su pueblo, nos quiere en bandeja de plata para proclamarse como el ejecutor de lo que intentó uno de su presidente favorito, William McKinley, con una Enmienda Platt, antesala de la anexión.
Hace diez años, Trump quiso fijar un mojón —esa señal que se pone para fijar los linderos de heredades, términos y fronteras, como define el diccionario—, en esta pequeña porción de tierra con figura de verde caimán; no permitiremos tamaña inmundicia, defenderemos la soberanía, incluso a coletazos y pura dentellada.
