El sábado, en su red propia (Truth Social), Donald Trump publicó esta imagen suya como si fuera Atlas sosteniendo el planeta. Autor: Imagen generada con IA Publicado: 29/06/2026 | 08:22 pm
Cada día una nueva sorpresa desde Truth Social, a cuál más… no sé ni cómo clasificarla. El sábado, en su red propia, Donald Trump publicó una imagen suya como si fuera Atlas sosteniendo el planeta Tierra, encorvado bajo el peso de su carga.
La carga, en realidad, es para nosotros los terrícolas, sometidos a un desequilibrio caótico de la situación global, ahora exacerbada por las acciones bélicas contra Irán y la infame intervención en Venezuela, pero iniciadas por la agresión arancelaria que involucró a prácticamente todo el mundo desde el mismo comienzo de este segundo mandato en una Casa Blanca, a la que le ha derrumbado un ala para hacer un salón de baile y convirtió a sus predios en espectáculo de artes marciales mixtas, negocio que se afirma benefició a millonarios amigos cercanos y al mismísimo clan Trump.
Los resuellos tóxicos del mandatario no terminan ni empiezan ahí, son continuados, como tampoco su propia red en internet el único escenario empleado, pero lo prefiere como caja de resonancia para «legitimar», y multiplicar como eco, sus opiniones y actuación.
En los días recientes «los comunistas» han sido blanco preferido, y la pregunta es obligatoria: ¿qué está tramando y contra quién o contra qué, son sus advertencias o amenazas?
«El juego ha comenzado. ¡Disfruten mirando!», sentenció el Presidente y no precisamente hablaba de un entretenimiento sano infantil, de un encuentro deportivo o de una mesa de barajas o ruleta de casino, en lo que fue calificado por RT como «enigmático mensaje» referente al «comunismo», una ideología que afirmó «no ha funcionado ni una sola vez» a lo largo de «miles de años».
Esta referencia de tan larga data hace suponer que la prédica de Jesús es reconocida como la iniciadora del comunismo…
«Los comunistas finalmente están haciendo su movimiento», escribió, sin ninguna otra precisión que permita conocer a ciencia cierta a dónde apunta, pero eso sí, definió algunas cosas, como: «He estado esperando y preparándome para esto durante mucho tiempo», a lo que añadió: ser comunista «es fácil», consiste en prometer que se le dará «todo» a la población, aunque eso implique «quitárselo a otros que se lo han ganado».
Esto último me recuerda aquella parábola de Jesús de Nazaret del rico Epulón y el pobre Lázaro, según el Evangelio de Lucas, que tiene complemento en el aviso en los escritos de Mateo: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de Dios».
Obseso con el tema, de manera socarrona intentó convencer con lo que de hecho es una verdad en la búsqueda de muchos de un mundo mejor y más justo: el viernes afirmó que él sería «el mejor comunista de la historia», porque «el comunismo es muy fácil de vender», y explicó: «Creo que sería el mejor comunista de la historia. Ofrecería alquileres gratuitos. Señoras y señores, a partir de ahora no tienen que pagar alquiler. A partir de ahora, quien quiera una casa, que no se preocupe. Simplemente elija la casa que quiera».
El domingo volvió a las andadas y el mensaje en Truth Social fue que el comunismo «es la mayor amenaza» para Estados Unidos y no permitirá que «una adepta comunista» arruine su esfuerzo por hacer de Washington D. C. «una comunidad segura y prestigiosa», teniendo en la mirilla a Janeese Lewis George, candidata demócrata a la Alcaldía, de quien aseguró es «comunista» porque, dijo, quiere «vaciar las cárceles», convertir a la capital en «ciudad santuario», oponerse al ICE, «dar la bienvenida» a inmigrantes irregulares con antecedentes y «desfinanciar a la policía», todo lo cual resumió en que «destruirían» la ciudad.
Cuando aseguró que «los comunistas están finalmente haciendo su movimiento», y afirmó que una «alarma política está sonando a través de Estados Unidos», al que ubica en una encrucijada entre capitalismo, socialismo o radicalismo.
A su modo de ver el mundo y él llevándolo a cuesta, se entiende la preocupación: Hay un movimiento en EE. UU. que se nombra Socialistas Democráticos de América que, junto a otras organizaciones de izquierda están obteniendo avances en cargos locales y en elecciones primarias para los comicios parciales de noviembre, y el señor de la Casa Blanca parece estremecerse más que la naturaleza en turbulencia letal por estos días.
En definitiva, la desvariada ingobernabilidad trumpiana está sacando a flote problemas de larga data, no tanto como los siglos del «comunismo», pero que se han ido acrecentando en 250 años de una república que, a despecho de su origen anticolonial, se transformó casi de inmediato en ambicioso imperio hacia el exterior y en avaricioso Estado capitalista a lo interno, donde la vivienda es un grave problema —y no solo para las 745 652 personas sin hogar y en total indigencia—, los millones que no pueden acceder a una atención de salud adecuada, los que carecen de empleo, los que no ganan un salario mínimo adecuado… Mientras, con motivo de la reciente cumbre del G7 se reconocía que los multimillonarios de la energía se embolsan 300 millones de dólares al día desde el inicio de la guerra ilícita de EE. UU. e Israel contra Irán y los bimillonarios han aumentado en casi diez billones de dólares sus capitales.
¡Ah, pero la espinita «comunista» que le duele es también otra! Pequeña y punzante: Cuba… y su ejemplo, aunque nos diga «régimen fallido» y alguna sarta más de infames difamaciones que pretenden ocultar casi 70 años de una guerra económica, llevada ahora a un arrebato oportunista del Marco Rubio y paranoico de Donald Trump.
Quieran o no, la polarización de la sociedad estadounidense está en sus propias entrañas, y recordemos lo que de ella dijo el visionario José Martí: Viví en el monstruo… Nosotros, los cubanos de ahora, también le conocemos esas entrañas.
¡Alabado sea Cristo y el comunismo!
