Secretario de Estado de Trump, Marco Rubio. Autor: Osval Publicado: 01/10/2026 | 12:27 pm
En los días finales de septiembre la 81 Asamblea General de la ONU escuchó decenas de veces las menciones a Cuba y a la política estadounidense sobre la insumisa isla caribeña. Los participantes en el segmento de Alto Nivel respondieron de manera inequívoca a la pretensión y a las presiones del presidente Donald Trump, quien intenta lograr un «cambio fundamental» en ella
También la clara denuncia de una buena parte de la comunidad internacional al otro embustero, el enfermizo despliegue de odio del secretario de Estado, Marco Rubio, quien zorreando en una entrevista en Fox News, dijo: «Mientras Trump sea presidente, nunca permitiremos que Cuba se convierta en una base de operaciones contra Estados Unidos».
Trump arremetió con su manido discurso de «estado fallido» que «está fracasando como nunca antes», como si la guerra económica que le han impuesto 13 administraciones desde la Casa Blanca fuera pecata minuta contra el desarrollo socio-económico cubano, cuando son daños que se han ido acumulando durante más de seis décadas y media y los susodichos siguen apretando las clavijas del potro de tortura al que tienen atado a todo un pueblo.
Esa guerra sucia, crimen de genocidio silencioso, pero igual de mortal y pernicioso, fue rechazada por más de 40 de los líderes mundiales reunidos en la torre de cristal de Manhattan, cuando las amenazas de una posible agresión militar penden según las propias palabras del mandatario y señales que recién publicó CBS News.
Ese medio, en un material con el tema de las tensiones incluyó entrevistas a funcionarios de EE. UU., en las cuales mencionaron que se referían a Cuba documentos de planificación sobre el envío de personal de la Reserva del Ejército para apoyar al Comando Sur.
La denuncia cubana, expresada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla es inobjetable y desenmascara las mentiras de los de la Casa Blanca, cuyos propósitos son apoderarse de Cuba y sus riquezas, que no son pocas, de su posición geográfica estratégica y querer borrarla como ejemplo para el Sur Global.
Nuestro Canciller dijo: «Hace unos días, el presidente de los Estados Unidos declaró en esta sala que Cuba era "un Estado fallido". Si tal fuera el caso, ¿por qué tuvieron que imponer un bloqueo de combustible? ¿Por qué impusieron sanciones secundarias? ¿Por qué tienen que amenazar, perseguir y ejercer presiones sobre otros Estados?».
Pero EE. UU. impone casi a diario nuevas y más crueles medidas económicas, que abarcan también a terceros países, para cerrar todas las puertas a cualquiera intento de negociar, comerciar o invertir en Cuba. Lo más reciente de su cosecha cizañera, anunció que ha bloqueado hasta las empresas privadas cubanas cerrándoles y confiscándoles cuentas bancarias en Estados Unidos.
Pero el farsante insiste en la patraña de que no existe el bloqueo —y miles de bots (programa informático que efectúa automáticamente tareas reiterativas mediante Internet), de malintencionados y de tontos lo repiten en las redes sociales—, el incontrolable Trump admite sin tapujos la criminal finalidad: «Mi administración también busca un cambio fundamental en la situación de Cuba, donde el régimen comunista está bajo una gran presión: la mayor presión que ha soportado jamás. Es un Estado absolutamente fallido. Está fracasando como nunca antes y caerá»…
Solo que Cuba, a pesar de las graves circunstancias que encrespan el mar que la circunda, sigue firme y alerta enfrentando la tempestad, y no porque seamos «la isla de corcho» como nos definió un político de la época neocolonial, sino por esa condición como pueblo y como individuos, persistente, terca, resistente de cubanidad y cubanía.
¡Vaya el orgullo de ser cubanos bullangueros y libres!, que nos lleva, cuando nos cierran una o muchas puertas, a abrir ventanas y otras puertas y hasta atravesar muros con la convicción de que tenemos la razón y el derecho.
Y cito a una presidenta digna, la mexicana Claudia Sheinbaum, quien en abril de este año, en una Reunión en Defensa de la Democracia, en España, nos precisó con justeza: «Hasta la fecha creemos, hablando de esa pequeña isla del Caribe, que ningún pueblo es pequeño, sino grande y estoico cuando defiende su soberanía y el derecho a la vida plena».
