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Para Prodi, la hora de la verdad…

Autor:

Luis Luque Álvarez
El primer ministro italiano Romano Prodi. Foto: AP El primer ministro italiano, Romano Prodi, no ha cumplido aún dos años en el poder, luego de haber derrotado por la mínima a la derecha berlusconiana en mayo de 2006. Ello se tradujo en una tranquilizadora mayoría de escaños en la Cámara de Diputados (348 contra 281), pero muy débil en el Senado (158 contra 156).

Lamentablemente, el mismo escaso margen en esta última cámara le ha ahorrado al premier el trabajo de tener que acudir al oráculo de los dioses olímpicos para indagar por el futuro de su gobierno. Y ahora que se ha marchado uno de los miembros de la variopinta coalición que lo acompaña arrastrando tras de sí a varios legisladores, el gabinete vuelve a tambalearse. Como en otras ocasiones...

La nueva crisis se gestó con la renuncia del ministro de Justicia, Clemente Mastella, líder del partido Unión de Democráticos Europeos (UDEUR). Como una lapa, al ex ministro lo persigue una pesquisa por corrupción, de la que no escapan ni su esposa (ya zarandeada públicamente por viajar reiteradamente a Nueva York con fondos públicos en su abultado monedero) ni otros nueve miembros de esa formación política. Algunos expertos dicen, no obstante, que el tema de la acusación le importa un nutritivo pepino, y que lo que realmente le preocupa es la reforma electoral que pretende impulsar próximamente el gobierno, para que los partidos pequeños (como UDEUR) no desestabilicen tan fácilmente el ámbito político del país.

Claro que solo saber que Mastella fue ministro de Trabajo en 1994, durante el primer gobierno del magnate Silvio Berlusconi, hubiera bastado para que Prodi supiera la calidad del paño. Ahora se marcha, y Romano se queda colgado de la brocha, pues los apoyos al gabinete quedan «cojos» en el Senado, una de las cámaras legislativas por las que pasa necesariamente todo proyecto de ley, y sin cuyo respaldo es imposible gobernar. La Unión, nombre de la coalición oficialista, queda en 155 senadores, frente a 156 de la derecha.

Así, aunque Prodi logró el miércoles superar ampliamente una moción de confianza en la Cámara de Diputados (326 votos contra 275), la batalla decisiva podría ser hoy en el Senado, donde Mastella y sus seguidores ya han anunciado que votarán en contra.

En mal momento llegan estos vientos para la barcaza de La Unión y su capitán. Los sondeos, claramente, le dan preferencia a su rival Berlusconi, quien lidera la coalición Casa de las Libertades. Esto es quizá una muestra de que la desmemoria puede estar afectando a buena parte de los encuestados, pues pocas personas en Italia acumulan tantas acusaciones de fraude e investigaciones en su contra como el multimillonario Cavaliere.

Y por supuesto, Berlusconi es de los que no se ha cansado de gritar «¡elecciones anticipadas!», ya desde muy temprano en 2006. Por ello, ha pedido al presidente de la nación, Giorgio Napolitano, que no permita que Prodi se salve con el voto auxiliador de cinco senadores vitalicios favorables al centro-izquierda, a los que podría apelar para «no perder el trabajo», como diría Francella.

Volviendo a La Unión, es visible cómo la fragilidad ha venido marcando su destino desde el comienzo, y ello debido a su diversidad. ¿Cómo aspirar a que partidos con intereses tan contrapuestos puedan convivir juntos tanto tiempo? En el grupo están los Demócratas de Izquierda, los de La Margarita (católicos de centro), los Comunistas Italianos, los de Italia de los Valores, los Socialistas Democráticos, los de la Federación Verde (ecologistas) y los del Movimiento Republicano Europeo, mientras que Refundación Comunista apoya desde afuera. Si se va UDEUR (como en verdad se va), y si el ministro de Medio Ambiente, Alfonso Pecoraro, cumple su amenaza de retirar a su partido (la Federación Verde), de prosperar una moción de censura en su contra por los problemas con la recogida de la basura en Nápoles, ¿en qué quedará el gobierno?

Hoy es el día de la verdad. Hay quienes dicen que Prodi se evitará el bochorno de una derrota anunciada (lo que desembocaría en elecciones anticipadas), y que coordinará con el presidente Napolitano un «gobierno de transición» que le permita terminar la legislatura en 2011.

Cualquiera sea el camino que se tome, no estará sembrado de rosas. Y Berlusconi —creámoslo— estará cavándole más hoyos...

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