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Nuevos Horizontes con no muy secretas intenciones

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Intentan buscar una nueva imagen. Foto: SouthCom Husmean, husmean... ¿Para qué? La pregunta es de Perogrullo, pero vuelve a levantar polvareda cuando la llegada a Perú de un contingente de marines pone los pelos de punta a muchos, y confirma las pretensiones de una potencia que trata de cambiar la faz de sus soldados... pero no logra convencer sobre sus intenciones «buenas».

Presuntamente, la presencia de los militares de Estados Unidos tiene objetivos «humanitarios» y está centrada en labores sociales tales como la construcción de centros de salud y escuelas, en el marco de ejercicios puestos en vigor por el Comando Sur desde hace unos cuantos años y cuyo nombre, Nuevos Horizontes, pretende hacer creer que, en verdad, estos marines traen una misión diferente a los que han invadido tantas veces nuestras naciones.

Pero no hay tal, por más que algún otro se empolve con alguna paletada de tierra. Si bien es cierto que las armas no constituyen la mayor carga en el equipamiento de estos soldados con disfraz de salvadores, también es verdad que no han llegado desprovistos, como denuncian las voces que dentro del Congreso peruano —dividido y con aproximadamente un tercio de los legisladores vacilantes o en contra de la moción que permitió el ingreso a Ayacucho del contingente— alertaban este miércoles acerca de los cuatro helicópteros Chinook —¡de combate!—, que acompañan el ejercicio: una maniobra conjunta que, además, debe servir de entrenamiento a los militares peruanos.

La indignación va in crescendo y podría originar protestas de organizaciones sociales como el Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho cuyo líder, Ever Maraví, ha convocado a una asamblea el viernes, para decidir las acciones.

Mas la situación evoca coyunturas similares ocurridas antes en otras naciones. Una compilación del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica afirma que desde el año 2000, los Nuevos Horizontes se han realizado en Belice, El Salvador, Jamaica, Trinidad y Tobago, Haití, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bahamas, Panamá, Antigua y Barbuda, República Dominicana, Granada, San Vicente y las Granadinas, Barbados, Dominica, Guyana...

Sin embargo, el matiz diferente que otorga notoriedad a lo que ahora ocurre podría estar, precisamente, en el momento: cuando es ostensible que el Pentágono refuerza la presencia de sus hombres en el sur del hemisferio, aunque muchos crean que se van de aquí.

Las propias informaciones públicas de la Defensa en Estados Unidos muestran la creciente diseminación de sus enclaves en el continente después de la salida del Comando Sur de Panamá y su ubicación en la Florida. Solo que ahora se trata de instalaciones más pequeñas y ágiles, capaces de desplazarse hacia la presa cuando sea preciso saltar, lo que las hace más amenazantes.

Tal estrategia modernizada, aseguran los expertos, va acompañada de una también nueva manera de desarrollar las maniobras bélicas; algunas, como estas, con declarados fines sociales, pero cuyo propósito es ir hurgando y peinando, poco a poco, toda la región... y quién sabe si también dejan sembrado algo.

En el caso peruano, la notificación oficial explica que los ejercicios «mejorarán el entrenamiento combinado conjunto de las comunidades militares de Estados Unidos y Perú», según la resolución del legislativo divulgada por la prensa. Además de las aulas y consultorios, se habla de perforación de pozos de agua y ¡hasta de brindar consultas a la población de escasos recursos, para contribuir al desarrollo social!

Pero se denuncia que el propósito va más allá. Algunos alertan sobre el interés de llevar a Perú otra base militar que, opinan, podría ser la de Manta cuando se venza el plazo para su permanencia en Ecuador, en tanto otros revelan que los marines operarán en el valle de los ríos Apurímac y Ene para enrolarse en la erradicación forzosa de sembradíos de coca y, supuestamente, de remanentes del grupo armado Sendero Luminoso bajo la triste figura de la cruzada contra el terrorismo de Bush, como afirma una congresista del opositor Partido Nacionalista peruano.

Pero lo verdaderamente peligroso está en lo que no se dice y todos saben, e, incluso, en lo que no se sabe y tal vez ni siquiera los vecinos de Ayacucho alcancen a imaginar.

Vecinos de una localidad boliviana denunciaron hace algún tiempo al Observatorio Latinoamericano de Geopolítica sobre el parpadeo de una extraña lucecita roja intermitente desde la fosa que los militares yanquis habían construido, extrañamente, bajo la escuelita que acababan de edificar... ¿En Ayacucho, también dejarán un artefacto espía?

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