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De lo que no habló la Sra. Clinton

Autor:

Juventud Rebelde

Leyendo el Diario de Hoy, de El Salvador, correspondiente al 1ro. de junio, encontré el artículo de opinión de la señora Hillary Rodham Clinton, que me hizo evocar la historia de Nuestra América.

En sus palabras, la Secretaria de Estado de EE.UU. evidenció una vez más las contradicciones irreconciliables entre el panamericanismo y el latinoamericanismo, tempranamente advertidas por Bolívar, Martí y otros tantos próceres de nuestra independencia; las mismas que ahora Fidel devela en sus reflexiones.

Durante todo el siglo XX y lo que va del XXI, la lucha de los pueblos y los gobiernos progresistas de la región ha estado centrada en resolver sus problemas sin la injerencia de los norteamericanos.

En contraposición con este espíritu soberano, que se va expresando cada vez más abiertamente en la región, la Casa Blanca, en diferentes momentos, ha lanzado propuestas en un intento por enmascarar sus verdaderas intenciones hegemónicas e imperialistas: la zanahoria que cubre al garrote. Recordemos la Alianza para el Progreso, las Cumbres de las Américas, y con ellas la llamada Iniciativa para las Américas; los Tratados de Libre Comercio, por sólo mencionar los más cuestionados.

Hoy la Hillary promueve la idea del Programa Caminos para la Prosperidad, del cual se ha dicho poco, a no ser que busca «ir más allá de la integración comercial». ¿Qué integración nos puede ofrecer EE.UU. cuando históricamente lo que han intentado es absorbernos o anexarnos? ¿O es que no perciben el rechazo latinoamericano a su persistente injerencia e intentos de dominación?

Lo que ni la Hillary, ni Obama, ni los grupos de poder de ese país quieren reconocer es que nuestros pueblos y los gobiernos progresistas de la región están planteándose, desde hace mucho rato, la necesidad de propuestas alternativas a ese panamericanismo que nos han querido imponer.

La disposición de las mayorías a defender la soberanía, y la firmeza con que varios gobiernos latinoamericanos se han enfrentado a EE.UU. en recientes foros internacionales, son una muestra clara de que «esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar», de que los tiempos han cambiado y nuestros pueblos no están dispuestos a seguir subordinados a los designios del imperio.

Lamento mucho que la Sra. Clinton no haya entendido lo que sucedió en El Salvador en las recientes elecciones que llevaron al FMLN al gobierno, aunque aún no al poder. Para llegar al poder harían falta transformaciones mucho más radicales y profundas en la estructura de la sociedad salvadoreña que serían decididas única y exclusivamente por este pueblo

Hoy, lo que se está planteando el gobierno del FMLN es reconstruir el país, devolviéndole a sus ciudadanos algunos de los derechos que les fueran arrebatados por los gobiernos de ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), apoyados y financiados durante años por sucesivas administraciones norteamericanas.

Estamos hablando de lograr mejores condiciones de vida, salud, educación, trabajo, lucha contra la corrupción, todo ello en medio de serias limitaciones económicas, con una crisis económica internacional que afecta enormemente a la nación, víctima de una economía dolarizada y exportadora de seres humanos que se juegan la vida atravesando sus fronteras.

¿Por qué, Sra. Clinton, en lugar de ofrecer espejos como oro, no se respetan los derechos de los inmigrantes y se atienden las verdaderas causas de la migración?

Sería muy ingenuo tratarnos de convencer de que lo que tuvo lugar en este país fue una «transferencia pacífica de poder» entre ARENA y el FMLN... De un plumazo no se puede obviar la lucha popular de tantos años en favor del cambio, contra el modelo neoliberal impuesto por más de dos décadas y que agravó los problemas sociales y económicos de la nación.

No podrán ignorarse nunca las cuantiosas sumas de dinero que ARENA recibió de los grupos más reaccionarios de EE.UU. y de otros partidos de derecha de la región para amedrentar al pueblo con campañas sucias y mentiras. No podrá desconocerse que por primera vez el pueblo salvadoreño, junto al FMLN, tomó las calles por asalto y reivindicó su derecho al voto y a las urnas.

Por respeto a los caídos y a los hombres y mujeres dignos del «Pulgarcito de América», que se ha levantado como un gigante para defender el cambio, sería mezquino restarle importancia a su extraordinaria hazaña con artículos de opinión como el de la Sra. Clinton.

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