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Poesía y política; luz y calor

Autor:

Luis Sexto

Inmiscuyámonos hoy en los asuntos propios de un poeta. No es la primera vez que esta columna se aparta de sus asuntos más recurrentes, para transitar por las páginas de un libro. Y me parece justo dedicarla a la obra de un actor y dirigente político fallecido en 2008, que fue —es— poeta. Varios de mis lectores quizá se sorprendan: ¿Poeta el héroe de En silencio ha tenido que ser, el pesimista medio cínico de Memorias del Subdesarrollo? ¿Poeta el Presidente del ICAP? Sí, Sergio Corrieri poeta. Y con plenitud de derecho y por tanto de reconocimiento.

Destinado en primer término a ser presentado en la Feria del Libro de 2010, el poemario titulado Asuntos propios acaba de salir de la imprenta como un libro póstumo. Es decir, cobra editorialidad —válgame el término— un año después del fallecimiento del autor, que había nacido en 1939. Pero no es póstumo en cuanto a que deba asumirse como un homenaje necrológico. Por el contrario, se nos aparece como el «cuéntame tu vida» de un hombre que se vuelve hacia sí mismo, hacia su más lacerado interior, y se descubre partiendo de las orillas, luego transita por la superficie y toca el fondo. Y si algo extra pudiera atribuirse a este libro relacionándolo con la muerte del poeta, Asuntos propios vendría a componer el testamento literario y político de un hombre que en todos estos versos solo atestigua el haber vivido.

No es su primer poemario. En 2002 también publicó Los noventa, y un año más tarde Del mar y los peces. ¿En cuál tendencia poética insertar a Corrieri? ¿Es necesario que se guarezca bajo una escuela, una tendencia? Lo valoro como un poeta vital que se examina y se juzga sobre la hoja clínica de su vivencia. Si los aciertos epigramáticos y principalmente un sutil fluido irónico presentan los poemas de Los noventa como un hecho ejemplar en la poética de la resistencia, en Asuntos propios el autor continúa distinguiéndose por la eficacia de la síntesis encapsulada en un tono coloquial, que no coloquialista. Pero la actitud del conversador —actitud del que comparte, simpatiza, cuenta con el otro— deriva en este libro hacia lo lírico sin renunciar a su mirada crítica, cáustica por sugerente y filosa. Porque Corrieri, habitualmente, maceraba su verso en una filosofía en que la estética y la política se juntan sin lastimarse.

Entre los textos de Los noventa, Anuncio sirve para demostrar cuanto he dicho: «Se permuta / casa vacía de ilusiones / sala enorme de soledad / corredor sin aromas / cocina inmaculada / pasillo fantasmal / dos cuartos completos de negociaciones / medio cuarto (de desahogo) / por un pequeño espacio / con esperanzas». Ahora, en Asuntos propios, el titulado Desde el fondo me parece el más apropiado para convenir en esa alianza de poesía y política sin pérdidas de uno u otro lados: «¿Nunca has tenido el corazón / cansado como un perro / que apenas mueve la cola / cuando lo llama su dueño? / ¿Nunca has tenido el amor / dormido / de un sueño de desvelos / con unas ganas profundas / de no ser? / ¿Nunca has atentado contra ti? / ¿Nunca te has llevado a la pared / y sin venda en los ojos / tu voz ha ordenado fuego? / ¿No? / Jamás podrás entender».

A mi modo de leerla y de interiorizarla, la poesía de Sergio Corrieri nos acompañará como un documento cercano, una visión sosegada y a la vez aguda de un tiempo donde se mezclan las ruinas, los sueños, los bandazos y los impulsos creadores. Una voz y una visión sinceras y desgarradas, que asumen el oficio de la farola que alumbra a la vez, sin manipulaciones malévolas o inocentes, la línea blanca recién pintada y el bache de la calle.

Ese hombre múltiple que fue Corrieri nos recuerda, pues, que la poesía no puede dejar de ser un acto de libertad y de servicio.

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