Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La justicia de EE. UU. en una encrucijada

Autor:

Lázaro Fariñas

En abril de este año y a raíz del encausamiento por cargos criminales del expresidente Donald Trump en el estado de Nueva York, este periódico publicó una columna mía que titulé Donald Trump y sus problemas legales, en la que explicaba el pantano judicial en el que estaba entrando el mitómano mayor de la Casa Blanca. Después de aquel primero, lo han encausado tres veces más, todos con cargos de felonía criminal, que ya suman más de 90.

Su nombre ha resonado en las Cortes Federales de Florida y Washington DC, en la estatal de Nueva York y, hace unos días, en la Corte de Atlanta, Georgia. La verdad es que lo han llevado muy bien.  En Atlanta escogió hasta la hora en que iba a llegar a la cárcel y apareció como si fuera un carnaval, con más de una docena de carros en la caravana. Trump ha manejado todas estas encausaciones como si fueran unos actos de campaña electoral, haciéndose pasar por víctima de una cacería de brujas en su contra. En la cárcel de Atlanta fue retratado por primera vez, cosa inconcebible en un país que tiene fama de ser bien severo y abusivo cuando es arrestada una persona.

En el retrato que le hicieron aparece vestido de traje sin que le pusieran el cartel con el  número de prisionero que siempre les ponen a los arrestados y que deben aguantar para la foto. Es tan increíble el trato que le han dado en todas las ocasiones, que bien se puede afirmar que en EE. UU. hay prisioneros y también prisioneros, que todos somos iguales, pero que hay algunos que son más iguales que otros. Su campaña electoral ya imprimió en camisetas la fotografía de él en la cárcel de Georgia.

En realidad no se sabe si todas estas acusaciones están favoreciendo al mitómano en sus aspiraciones presidenciales; lo que sí es seguro es que lo han estado fortaleciendo en su base electoral, que ya se conoce que lo siguen a él como si siguieran al líder de un culto. Los fieles de Trump han estado totalmente ciegos con respecto a su persona, lo han endiosado de tal forma que les importa poco la verdadera realidad de este atrofiado personaje. Lo han apoyado en todas sus barbaridades, hasta  en aquella de sugerir que los ciudadanos tomaran cloro para curarse contra la COVID-19. Todas las mentiras probadas que este señor ha dicho en su infame vida han sido avaladas por esos seguidores.

Realmente, no sé qué podrá ocurrir con este personaje. Es casi impensable que la justicia norteamericana cierre los ojos ante tamañas acusaciones, pero no imposible. Eso de que todos somos iguales ante la ley es, a mi entender, solamente un mito que se repite y se repite hasta el cansancio. Hay que recordar aquello que decía que cuando Tin tiene, Tin vale, pero cuando Tin no tiene…

El sistema de jurado que existe en las cortes de este país es, para mí, un desastre fácil de manejar por expertos  y hábiles juristas. Basta que el abogado logre crear suficiente duda en uno solo de los jurados para que la acusación se caiga. Estos son formados por ciudadanos escogidos al azar que pueden tener un nivel de conocimiento legal o no; los abogados del grupo escogen los que más les convengan para completar el panel. Pueden ser de seis o de 12 según sea el caso.

Normalmente, se cita una gran cantidad de ciudadanos y de los que acudan se escogen. Sigo diciendo que ese sistema es frágil y hasta muchas veces injusto. Un buen y habilidoso abogado puede sembrar bastantes dudas en un jurado como para que este decida ir en contra de la mayoría.

Habría que preguntarse, tal y como está dividido el país, si es posible encontrar unanimidad  entre quienes deben impartir justicia, para poder culpar a Mr. Trump. La población de EE. UU. está bien dividida políticamente y Trump se lleva una buena tajada en esa división.

Creo que el sistema judicial norteamericano se enfrenta a un dilema que bien puede definirlo como nunca antes. Si a pesar de los 91 cargos de los cuales ha sido encausado este hombre en diferentes cortes del país, este personaje sale libre de todos, el sistema de justicia de EE. UU. saldrá manchado para siempre y se volverá cenizas aquello que dice que la justicia es ciega. Veremos qué va a pasar.

 

* Periodista cubano radicado en EE. UU.

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