Tengo que confesar que no han sido pocas las preguntas que ha recibido este comentarista en las últimas semanas sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Y no es para menos porque todos los días nos llegan múltiples informaciones, opiniones y versiones desde la nación norteña, lo mismo desde el Gobierno, medios de comunicación tradicionales o las engañosas redes sociales digitales…
Unos vociferan que la «hora final de la Revolución ha llegado», otros hablan de negociaciones secretas, incluso están las pitonisas y los cartománticos que semana tras semana corren la fecha del fin del comunismo… Lo cierto es que tanto nuestro pueblo, como los visitantes foráneos o personas desde otros países se preguntan cómo marchan los vínculos entre Cuba y Estados Unidos… Lo invito a ceñirnos a los hechos públicos que dicen más que mil palabras.
¿Qué caracteriza las relaciones bilaterales? Pues en primer lugar que el actual Gobierno de Estados Unidos ha recrudecido el bloqueo económico, comercial y financiero que ya dura más de seis décadas. La Orden Ejecutiva de la Casa Blanca, el pasado 29 de enero, es la manifestación más fehaciente: hablamos de bloqueo energético y amenaza a terceros países y empresas; que no llegue petróleo o sus derivados a Cuba… Todo ello dirigido a poner más presión y estrés a la ya complicada vida de los cubanos porque la energía mueve el transporte y alumbra a un país, como mismo es vital para la producción de alimentos, la gestión de los servicios básicos como el agua, los hospitales… lo cotidiano. Ese como primer aspecto de las relaciones bilaterales.
Un segundo punto: declarada intención de Washington de cortar los ingresos legítimos de la economía cubana y las presiones a terceras naciones para que suspendan los programas de colaboración médica con Cuba que se sabe han acompañado a los más necesitados no solo en Latinoamérica y el Caribe, sino en el mundo entero. Los pueblos de África, Asia y hasta en Europa han recibido atención médica y mucho amor humanista de nuestros galenos. Por cierto, todo el interés norteamericano de cortar los programas médicos se debe a que en algunos países significan ingresos para el sistema de salud pública de Cuba.
Un tercer aspecto que caracteriza los vínculos: Estados Unidos ataca también la industria turística, cosa que hace de manera indirecta mediante el bloqueo energético, sumado a las presiones constantes a turoperadores y aerolíneas aéreas que vuelan a nuestros destinos. A todo lo anterior se adiciona un cuarto punto: están suspendidas las remesas de los cubanos que viven en Estados Unidos y desean enviar un sustento adicional a sus familiares aquí. ¿Por qué cortarlas? Sencillo: responde a la pretendida asfixia y descontento que pretenden generar. Las remesas son fuente de ingreso y en muchos casos nivel de vida de una parte de la población cubana.
¿Quiere más revelaciones sobre el estado de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos? Le propongo un quito punto: en la actual administración estadounidense existe tolerancia e impunidad ante el actuar de quienes planifican, organizan y ejecutan desde ese territorio acciones violentas y terroristas contra Cuba. El más reciente ejemplo: la incursión de una lancha y la pretensión de un grupo de terroristas de infiltrarse, apertrechados de armas de alto calibre y precisión, explosivos y abundante parque militar para realizar atentados… Lo mismo se puede decir de los diez panameños pagados para pintar carteles y organizar a la contrarrevolución interna…
Apenas ejemplos, los más ilustrativos, de la actitud de Estados Unidos contra Cuba, pero le propongo una sexta característica: desde allí financian y ejecutan una campaña mediática —tanto en medios tradicionales como las redes sociales digitales— que busca generar la matriz de que el Gobierno cubano es el responsable de todas nuestras carencias, los molestos apagones, la falta de alimentos, de medicamentos, y la escasez de transporte… Es evidente que la Casa Blanca y el Departamento de Estado tienen como política oficial hacernos la vida imposible.
Por último, un séptimo punto —el último, solo por hoy—: no solo buscan que nos autoculpemos por los problemas provocados por Washington, sino que como punto adicional todos los días golpean con una narrativa dirigida a confundir, dividir y desmovilizar a la población y a los amigos solidarios de Cuba. ¿A qué me refiero? A las supuestas negociaciones. Históricamente el Gobierno cubano ha mostrado disposición al diálogo con el Gobierno de Estados Unidos, pero sin chanchullos, de manera seria y responsable, sobre la base de «respeto a la soberanía y el derecho internacional», en la búsqueda de soluciones a las cuestiones bilaterales.
Se recuerdan algunos como los diálogos con Obama que llevaron al restablecimiento de relaciones diplomáticas, del cual —por cierto— fui testigo presencial como periodista; igualmente con la administración Clinton en materia migratoria, y con Carter con quien se lograron oficinas de intereses en ambas capitales, pudiéramos seguir las menciones. El propio Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha ratificado la disposición a conversar sobre todos los temas, por álgidos que sean. Eso sí, el Gobierno cubano ha dicho que defenderá los derechos soberanos de cada cubano a la autodeterminación y la decisión de su futuro.
La creciente agresividad de Estados Unidos tiene un costo muy alto para todos, y el Gobierno no está de brazos cruzados: plan contra plan, diría Martí. Hay un plan de Gobierno que concibe cómo enfrentar el desafío, pero lleva «manos a la obra», que participemos todos con preparación e ingenio criollo, con creatividad y resiliencia para llegar a opciones innovadoras, y soluciones viables a cada nuevo obstáculo.
Creo que he dejado claro los hechos sobre las relaciones bilaterales, pero a manera de resumen: agresividad desde Washington, culparnos de lo que ellos provocan, manipulación sobre el supuesto diálogo al que estamos dispuestos con transparencia y en condición de iguales, y la respuesta de un pueblo que sigue con creatividad y esfuerzo, seguros de que no estamos solos.