En silencio van sucediendo las transformaciones en un país, que ayer era uno, hoy es otro.
Uno de esos cambios está en su envejecimiento poblacional. La cantidad de personas ya en edad vulnerable es algo más que un dato demográfico, es una realidad cada vez más visible, palpable, que trae nuevos retos, miradas, problemas y visiones diversas.
Toda la problemática alrededor de los ancianos va copando espacios, leyes, directrices y porque no puntos de atención desde el arte.
Así lo ha hecho Rudy Mora con su filme Calle 232, una historia bien cercana, humana e íntima entre un anciano vulnerable, su cuidador y la sociedad ...digamos porque no, vulnerable también.
Un acercamiento a un mundo poco conocido, poco contado y recreado en el cine cubano, pero que llega como un llamado de atención para que tengamos en cuenta ese proceso, esa relación que se establece entre la persona enferma al final de su vida, discapacitada y el que asume la responsabilidad de atenderla y cuidarla.
Rudy asume el reto y nos muestra su visión del problema, desde experiencias personales, pautas investigativas y toda la seriedad del arte audiovisual.
Íntimo, cerrado, claustrofóbico en ocasiones, nos transporta a un mundo que se teje en sí mismo como una telaraña, donde los protagonistas no pueden salir, sea por la enfermedad o por el amor al prójimo más allá de condiciones éticas.
Otra vez Rudy logra una dirección de actores de lujo. Cada actor y actriz carga sobre sus espaldas un peso emotivo gigantesco que podía evolucionar hacia la sobredimensión, pero logran desde la contención, el tino y el saber exactamente, qué quiere decir el director en un coro actoral de lujo.
Hay nombres claro está, la obra indiscutible de Isabel Santos y Jorge Ali, este último alejado de las pantallas nacionales y que aquí sorprende con una interpretación memorable, tal vez única en su carrera, donde nos muestra la evolución desde lo interno de la psicología de una enfermedad degenerativa, hasta las mínimas expresiones corporales de la misma.
Isabel Santos es exacta, no creo que exista otro adjetivo para su actuación, no hay poses, no hay excesos.
Sorprende el joven actor Luis Ángel Batista en su rol de asumir el cuidado del anciano.
Miles de seres humanos están en su piel, en sus gestos, en sus difíciles decisiones, en su sacrificio y logra convencer al espectador de la dureza, fragilidad y temple de los cuidadores.
A su lado la actriz Chaveli Díaz que representa desde lo lógico y humano, otro punto de vista ético del conflicto.
¿Es válido el sacrificio por algo que no es mío, que no es familia?
¿Por qué detener la vida por lo ajeno?
Y es justo que la película le dé espacio a ello, es una respuesta y una actitud completamente humana y verosímil. No debió ser nada fácil para una novel actriz este reto actoral pero ahí está la justa metida del director de actores, sacar lo que solo él ve en las capacidades histriónicas de cada persona.
Punto y aparte es la fotografía Alexander Escobar, hombre dinámico, creativo, con muchos audiovisuales en su currículum, en el vídeo clip y varía obras con Rudy. Aquí se enfrentó a una fotografía reposada, casi bordada, con diferentes matices en el uso de las sombras y luces, para mostrarnos toda la violencia que lleva esa relación enfermo- cuidador, logro apoyado nuevamente por el editor Octavio Crespo, quien enlaza con cuidado meticuloso escenas donde dejarse llevar por la emoción costaría errores.
Adriana Moya merece un lugar titular en la producción del audiovisual cubano. Con ella todo es posible. No solo lleva el dominio de su profesión, lleva también el compromiso, la sensibilidad hacia la obra artística.
Aunque de pausada, tranquila que pudiera contrastar con la obra y estilo audiovisual de Rudy Mora, es en lo formal también atrevida, el uso de primerísimos planos, apoyados por la banda sonora y la edición.
La intertextualidad lograda con Los sobrevivientes de Gutiérrez Alea, el homenaje que a su generación hace el director en esa fiesta inicial…, llevan la marca autoral de Rudy Mora.
Calle 232 es una película real, creíble, inmensamente humana y es arte.
El fenómeno de los cuidadores en nuestra sociedad será cada vez mayor. La atención sobre ello, será cada día más necesaria, pero es también una llamada urgente a ciertos matices de la sociedad cubana actual donde muchas personas que han dado lo mejor de su vida profesional al país, cuando llega su jubilación, quedan desatendidas y olvidadas, lo que nos convierte en malagradecidos sociales.
Rudy Mora lo marca y circula. Nos dice: OJO.
De cierta forma cada uno de nosotros es un cuidador de una sociedad cansada envejecida. Algunos con todo su derecho no están dispuesto al sacrificio de cuidarla.
Otros dan lo mejor de sí, solo por ese sentimiento inmenso que convierte el milagro en barro.
Gracias Rudy por esa necesaria Calle 232.