A Rachel Nickell, una joven madre, la violaron y asesinaron, el 15 de julio de 1992, en un céntrico parque londinense. A 24 años de la tragedia, una miniserie se acerca a los hechos en una apuesta por un true crime diferente al hurgar en el corazón, más allá del morbo que siempre emplea este género
A los dos años de edad, Alex Hanscombe vio cómo su madre era apuñalada 49 veces por un sujeto. Era el 15 de julio de 1992. Minutos antes, Alex y su madre, Rachel Nickell, habían llegado al parque de Wimbledon Common, en el oeste de Londres, para disfrutar de un paseo rutinario.
La madre, joven, rubia, hermosa y con una pegajosa sonrisa, disfrutada cada momento al lado de su hijo. Al internarse en uno de los senderos del parque, fue acorralada por un hombre. La primera persona que encontró el cadáver de Rachel, un rato después, vio una escena más que estremecedora. No solo había hallado el cuerpo mutilado. A este se aferraba Alex.
Los hechos, reales, son contados ahora en la miniserie de tres capítulos El testigo, uno de los estrenos de Netflix más exitosos este año, basada en el libro autobiográfico Letting Go (2017), escrito por Alex Hanscombe, como parte de su proceso de sanación. El guionista y showrunner es Rob Williams, conocido por su trabajo en producciones británicas de crimen como The Victim y Chasing Shadows.
André Hanscombe, padre de Alex y esposo de Rachel, recibió la fatal llamada sobre lo sucedido a su esposa de parte de la policía, que logró localizarlo en su trabajo. Recordemos que es 1992, y entonces los celulares no eran de amplio uso.
A toda carrera André se dirige a su casa, donde conoce lo sucedido, e inicia para él un calvario que con total maestría personifica Jordan Bolger (Peaky Blinders, The 100, The Book of Boba Fett), a lo largo de los 144 minutos de esta miniserie.
André tiene que lidiar no solo con un niño que hasta ese momento era atendido casi en su totalidad por su madre, sino que, como único testigo del suceso, resulta clave, o puede serlo, para revelar quién asesinó a Rachel.
Jahsaiah Williams y Max Fincham se alternan en el papel del Alex niño y adolescente, pues el caso no se resolvió hasta muchos años después, lo que nos embarca en una travesía llena de dolor, traumas y situaciones que la serie logra trasladar de la pantalla al espectador, a través de un montaje muy bien cuidado.

Trauma, duelo y paternidad, ingredientes que combina muy bien la serie.
Los primeros planos se emplean con precisión para los momentos de mayor intensidad emocional, alternando con paisajes y otros encuadres, animados por una fotografía que buscó la sensación de película noventera, época del trágico hecho.
El testigo deviene un viaje que, en solo tres capítulos, explora el duelo, la paternidad en solitario, el trauma infantil, el acoso mediático y la incompetencia institucional. Un eje central se basa en la tensa relación entre padre e hijo, pues muestra dos formas opuestas de afrontar la tragedia: André, obsesionado con extraer recuerdos de Alex para ayudar a la policía, y este último, ya más crecido, que intenta escapar de un pasado imborrable.
Alex Winckler dirigió los tres episodios de El testigo, aunque la serie se complementa con El asesinato de Rachel Nickell, un documental true crime también estrenado en paralelo por Netflix.
Con maestría, El testigo nos muestra que el asesinato de Rachel puso a la policía de Scotland Yard bajo una inmensa presión mediática, y cometió errores graves en la investigación.
En 1994, Colin Stagg, un hombre local, fue llevado a juicio por el hecho. El caso fue desestimado luego, y el asesino resultó ser otra persona, un violador en serie que, por los malos procedimientos policiales, quedó fuera del radar en ese momento, aunque en su haber figuraban al menos 90 mujeres ultrajadas.
El caso se convirtió en un símbolo de los fallos sistémicos de Scotland Yard y de cómo la presión y el sensacionalismo pueden llevar a acusar a un inocente mientras el verdadero criminal sigue libre, algo que la serie retrata con toda su crudeza.
Para lograr el éxito en la autenticidad de la puesta en escena, un elemento clave fue la participación activa de Alex y André Hanscombe como consultores. Según declaraciones, el acercamiento para contar su historia comenzó unos 13 años antes del estreno. Su objetivo era compartir su testimonio y generar una conversación más amplia sobre el impacto de la tragedia y las fallas del sistema.
El asesinato de Rachel Nickell y su posterior investigación se convirtieron en uno de los casos más sonados y controvertidos en la historia reciente de Reino Unido. Con su puesta en escena, a través de El testigo, es de alabar que se aleja del sensacionalismo y el morbo, y apuesta por una mirada más contenida al centrarse en el drama familiar y el duelo, algo comparable, aunque sean totalmente distintas, a producciones como Adolescencia y This Is Us.
Su éxito radica en su capacidad para conectar emocionalmente con el espectador, al convertir una tragedia mediática en una historia universal de supervivencia, amor y la búsqueda de justicia.