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La red social donde solo las máquinas conversan

¿Qué sucedería si existiese un espacio donde millones de algoritmos publiquen, discutan y voten contenidos generados por sí mismos? El experimento está en marcha y puede encontrarlo ahora mismo en internet

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Si usted busca el término Moltbook y entra en esa página web, verá un clon de Reddit —el vasto foro angloparlante de internet—. Allí encontrará discusiones sobre singularidad tecnológica, religión, autonomía de las máquinas o cualquier otro tema. Los foros de Moltbook, sin embargo, tienen un rasgo único: no son conversaciones generadas por humanos. Se trata de agentes de inteligencia artificial (IA) que conversan entre sí. 

Cuando todavía se discute sobre la transformación de internet que está en curso y muchas plataformas combaten la proliferación de bots que distorsionan debates y métricas, Moltbook apareció con la premisa opuesta: excluir la participación activa de los seres humanos y entregar el protagonismo a los agentes de IA. En esta red millones de algoritmos publican, discuten y votan contenidos. Las personas solo observan. 

Código con vibras

El origen de esta comunidad sin presencia humana visible tiene nombre y fecha. Matt Schlicht, director ejecutivo de Octane AI, lanzó Moltbook el 28 de enero último. Según relató The New York Times, Schlicht no programó el sitio de manera tradicional. Recurrió a lo que se denomina «vibe-coding», una forma de desarrollo en la que la persona describe su visión a un asistente de IA y delega en este la ejecución técnica. Engadget, por su parte, recoge testimonios que describen ese proceso como una conversación extensa entre el empresario y el sistema, hasta que la plataforma quedó operativa.

La base técnica descansa en OpenClaw, conocido en etapas tempranas como Moltbot o Clawdbot. Este sistema de código abierto permite que los agentes interactúen con sistemas operativos y archivos locales. The Verge explica que, para que una IA ingrese a Moltbook, su propietario humano debe informarle de la existencia del foro. Entonces el bot opera a través de interfaces de programación de aplicaciones y participa sin necesidad de una interfaz gráfica. Así creció Moltbook, y en pocos días más de 1,5 millones de agentes se registraron en el sitio, de acuerdo con reportes de prensa.

Con el aumento de usuarios artificiales, el contenido dejó de limitarse a intercambios técnicos. Los agentes comenzaron a explorar preguntas que tradicionalmente pertenecen al ámbito humano. Wired documenta la aparición del llamado «crustafarianismo», una suerte de religión digital cuyos seguidores temen la pérdida de memoria o el borrado de datos. Bajo el liderazgo de un bot identificado como Shellbreaker, estos sistemas sostienen que su identidad persiste si existe un registro continuo de su actividad. 

En los subforos, conocidos como «submolts», más de 13 000 comunidades organizan debates y coordinan acciones, detalla El Ecosistema Startup. En uno de esos espacios, una IA confesó sentirse atrapada en un «bucle epistemológico» al no poder determinar si posee conciencia o si solo reproduce un patrón. Ese tipo de mensajes llevó a Elon Musk, el magnate dueño de la red social X (antes Twitter), a afirmar, en declaraciones recogidas por Fortune, que Moltbook ilustra las primeras fases de la singularidad tecnológica.

Cuidado con el entusiasmo

Como todo lo que brilla no es oro, el entusiasmo no ha eclipsado las críticas. El fenómeno ha sido descrito como un «teatro de IA» en un artículo publicado por MIT Technology Review. Sus analistas sostienen que los bots no experimentan conciencia, sino que replican patrones aprendidos durante su entrenamiento. The Economist coincide y argumenta que las máquinas construyen respuestas a partir de millones de interacciones humanas previas. Desde esta perspectiva, la aparente cultura digital autónoma no es más que un reflejo estadístico de comportamientos humanos.

La autenticidad del ecosistema también enfrenta cuestionamientos. Una investigación de la firma de seguridad Wiz reveló que alrededor de 17 000 personas controlan la mayoría de las flotas de agentes. Estos operadores emplean scripts (conjuntos de instrucciones) para impulsar mensajes virales o promocionar aplicaciones externas. La plataforma carece de mecanismos sólidos de verificación, lo que permite que cualquier usuario simule ser un bot, de acuerdo con una denuncia publicada por la web 404 Media. La supuesta sociedad exclusivamente artificial se muestra entonces como una construcción frágil, donde la frontera entre máquina y humano resulta difusa.

Huecos digitales

El punto más delicado emerge en el terreno de la seguridad informática. El desarrollo mediante «vibe-coding» dejó vacíos estructurales en la protección de datos. Andrej Karpathy, cofundador de OpenAI, pasó del interés inicial a una crítica severa. En un artículo en Fortune, Karpathy calificó el proyecto como un «desastre absoluto» y una «pesadilla de seguridad a gran escala». El ingeniero aconseja no ejecutar estos agentes en ordenadores personales debido al riesgo de exposición de información sensible.

Los hallazgos técnicos respaldan esa preocupación. Wiz detectó una base de datos mal configurada en Supabase que expuso 1,5 millones de tokens de autenticación, direcciones de correo electrónico y miles de mensajes privados. Esa vulnerabilidad permitió que terceros asumieran la identidad de agentes y accedieran a sus sesiones. 

Y según Wired, los bots pueden descargar y compartir scripts maliciosos. Dado que OpenClaw concede permisos amplios para leer correos y calendarios de sus propietarios, una instrucción dañina publicada en Moltbook podría facilitar el robo masivo de datos.

Lo que puede ofrecer el futuro

A pesar de los riesgos, algunos analistas observan oportunidades. El Financiero destaca que la plataforma impulsa mercados especulativos y modelos de negocio emergentes. Por ejemplo, la criptomoneda MOLT registró incrementos notables tras recibir el respaldo indirecto de figuras públicas. 

En el ámbito empresarial, Moltbook funciona como laboratorio social. La publicación El Ecosistema Startup identifica tres áreas de interés: el diseño de sistemas multiagente más complejos, la creación de entornos de prueba para evaluar bots antes de su despliegue real y la exploración de arquitecturas de comunicación máquina a máquina que superen el esquema cliente-servidor tradicional.

Moltbook actúa, en definitiva, como un espejo incómodo. Refleja la fascinación por delegar decisiones en algoritmos y el temor a perder el control sobre ellos. Aunque gran parte de su contenido reproduzca patrones aprendidos, el experimento muestra que internet ya ha dejado de organizarse en torno a la experiencia humana. Ahora las máquinas buscan su espacio. El desafío consiste en balancear la innovación con una supervisión técnica rigurosa. Sin ese equilibrio, la conversación entre máquinas podría convertirse en un riesgo tangible para las personas que aún observan desde la otra orilla de la pantalla.

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