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Muse y la apuesta de Meta para superar el metaverso

El nuevo agente inteligente, presentado hace unas semanas por Mark Zuckerberg, intenta colocar a su empresa en el centro de la transformación que hoy impulsa la IA en nuestras interacciones digitales

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Hubo una época en que las grandes tecnológicas competían por convertirse en la puerta de entrada a Internet. Google quería organizar la información. Facebook aspiraba a conectar a las personas. Apple buscaba controlar la experiencia digital desde el bolsillo.

Ahora la batalla parece distinta. Ya no se trata solo de mostrar contenido o responder preguntas. La nueva meta consiste en que «algo» actúe por nosotros, más específicamente, algo que contenga inteligencia artificial.

Con Muse, presentado por Meta el pasado 8 de septiembre, Mark Zuckerberg intenta colocar a su empresa en el centro de esa transformación. El producto no llega como otro chatbot más. Es un agente digital diseñado para ejecutar tareas en nombre del usuario: enviar correos electrónicos, reservar viajes, completar formularios, comparar precios, gestionar compras e incluso continuar trabajando cuando la persona ya cerró la aplicación.

La propuesta marca también un cambio simbólico para la compañía. Después de invertir miles de millones de dólares en el metaverso, sin conseguir la revolución prometida, Meta apuesta ahora por una idea más tangible: una inteligencia artificial que funcione como intermediaria permanente entre las personas y el mundo digital.

Del chatbot al agente

La industria tecnológica lleva meses utilizando una palabra para describir el próximo salto de la inteligencia artificial: agentes.

A diferencia de sistemas como ChatGPT en sus primeras versiones, concebidos para conversar y generar contenido, los agentes buscan ejecutar acciones concretas. No responden solo a solicitudes del usuario, las resuelven.

Meta asegura que Muse puede navegar por sitios web, rellenar formularios, coordinar servicios y realizar gestiones complejas desde una máquina virtual segura alojada en la nube. La compañía sostiene que el sistema pide autorización antes de operaciones sensibles, como enviar un correo o efectuar una compra.

La ambición va más allá de una aplicación independiente. Muse se integra con WhatsApp, Facebook, Instagram y Messenger, plataformas que ya reúnen a miles de millones de usuarios. También llegará a las gafas inteligentes de Meta, donde podrá interpretar el contexto visual de lo que observa el usuario y actuar en consecuencia.

Durante el evento Meta Connect 2026, la empresa, incluso, presentó Muse Charm, un pequeño dispositivo portátil parecido a un tamagotchi, concebido para interactuar con el agente. Meta no quiere que Muse sea una función más. Pretende que se convierta en una presencia constante.

Los números iniciales parecen respaldar esa estrategia. Según datos difundidos durante las primeras semanas de lanzamiento, la aplicación acumula millones de descargas y alcanzó rápidamente los primeros puestos en las tiendas digitales. El entusiasmo también llegó a Wall Street, donde varios analistas interpretaron a Muse como una potencial fuente de ingresos más allá de la publicidad tradicional.

El negocio detrás del asistente

La apuesta económica de Meta resulta tan interesante como la tecnológica. Durante años, la compañía construyó su imperio, gracias a la publicidad personalizada. Muse abre la puerta a otro modelo: cobrar una pequeña comisión cada vez que el agente complete una transacción.

Si la estrategia funciona, Meta dejaría de limitarse a mostrar anuncios para convertirse en intermediaria de las actividades cotidianas de sus usuarios.

El cambio podría alterar el equilibrio de poder en internet. Si una persona pide a Muse que encuentre un hotel, compre un teléfono o reserve un vuelo, la decisión inicial ya no partiría de una búsqueda tradicional ni de un anuncio patrocinado. Pasaría por un agente de inteligencia artificial que selecciona opciones, compara alternativas y ejecuta la acción final.

Ante ese escenario, compañías como Shopify, Stripe o Expedia han comenzado a integrarse con el sistema, mediante los llamados conectores, interfaces que permiten a los servicios externos comunicarse con el agente. Pero no todos están dispuestos a abrir sus puertas.

Amazon bloqueó el acceso de Muse a su plataforma apenas días después del lanzamiento. La empresa argumentó que el agente operaba sin autorización suficiente y cuestionó la forma en que gestionaba credenciales e interacciones con los usuarios. El conflicto es la punta de un iceberg en el que se disputa quién controlará la relación comercial cuando las compras comiencen a realizarse mediante agentes inteligentes.

El problema de la confianza

Sin embargo, la principal amenaza para Muse no parece venir de Amazon. Viene de Meta y su pasado. ¿Hasta qué punto las personas están dispuestas a confiar en esta compañía que tiene un pasado gris cuando se trata de privacidad y seguridad?

Las primeras semanas del producto han estado acompañadas, como era de esperar, por una larga lista de polémicas relacionadas con privacidad, seguridad y transparencia. Múltiples fuentes señalan incidentes que incluyen vulnerabilidades técnicas, acusaciones sobre acceso indebido a mensajes privados y cuestionamientos sobre la gestión de información sensible.
Y, según una encuesta, apenas el ocho por ciento de los consumidores estadounidenses consultados afirmaron confiar en Meta para almacenar sus contraseñas.

El porcentaje adquiere relevancia porque Muse necesita precisamente aquello que los usuarios suelen proteger con más celo: acceso a correos electrónicos, calendarios, servicios financieros, historiales de compra y aplicaciones personales.

Meta sostiene que el sistema incorpora capas de protección inéditas, entre ellas una máquina virtual dedicada y mecanismos de supervisión destinados a impedir acciones no autorizadas. Aun así, la historia reciente de la compañía convierte cualquier promesa de privacidad en un examen permanente.

Las controversias tampoco terminan ahí. Reuters reveló que Meta experimentó con un sistema de «conserje humano», mediante el cual contratistas podían intervenir en determinadas llamadas cuando la inteligencia artificial no lograba completar una tarea satisfactoriamente. La empresa defendió la iniciativa como una prueba interna destinada a mejorar el producto, pero la noticia alimentó nuevas dudas sobre los límites entre automatización y supervisión humana.

Muse representa, quizá, la apuesta más audaz de Meta desde la creación de Facebook. No intenta construir un nuevo espacio virtual, como ocurrió con el metaverso. Aspira a algo más cotidiano y, precisamente por eso, más ambicioso: convertirse en el asistente invisible que organiza buena parte de la vida digital de millones de personas. La verdadera incógnita es si los usuarios estarán dispuestos a entregarle las llaves de su vida digital para que lo haga por ellos.

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