Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Jóvenes cineastas por la diversidad sexual

Jóvenes realizadores abordan los diferentes temas del amplio y diverso campo de la sexualidad humana, en el aquí y el ahora de nuestra sociedad

Autor:

Frank Padrón

Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única. Jorge Luis Borges

El arte cubano, durante décadas, cubrió con un manto de silencio el tema de la diversidad sexual. Afortunadamente los tiempos cambian.

A partir de la cismática década de los 90, la literatura (con los llamados novísimos de la narrativa) y la plástica (dentro del fuerte e iconoclasta movimiento de mediados de los 80) tenían al gay como una suerte de huésped ilustre, al punto de que en la década siguiente era difícil no encontrar, sobre todo en la cuentística, algún ejemplo que, de un modo u otro, no aludiera al tema.

Sin embargo, el cine y la televisión continuaron padeciendo el retraso y la timidez, y el homosexual —y otras identidades semejantes—, con la peculiaridad de sus conflictos y la singularidad de su(s) mundo(s), seguía siendo persona non grata en la representación fílmica, o la integraba de modo tan superficial y maniqueo, que lo mejor parecía ser el silencio.

Fresa y chocolate (1993), sabemos, fue el «velo rasgado», y a partir de entonces los abordajes son cada vez más audaces, más inclusivos y tan polémicos como la misma realidad que los alimenta.

La Muestra de Nuevos realizadores (o Muestra Joven Icaic, tal se le nombra de un tiempo a acá) ha sido vanguardia en ese sentido, cierto que con las mismas diferencias cualitativas que se aprecian en cualquiera de los muchos temas y conflictos que esos bisoños cineastas focalizan en sus filmes, pero es evidente que hay una suerte de movida respecto a la diversidad erótica, con idénticas diferencias estilísticas y conceptuales, de género(s) —en todos los sentidos del término— que implica el hecho.

Tras un botón de muestra en mayo, cuando el Cine Club arribó a su quinto aniversario (Iris, 2013, Erián Ruiz, en torno a la maternidad con signo lésbico), hace apenas unos días, ese espacio propuso una breve pero representativa (y sí, ¡diversa!) selección en el tiempo que recorre asimismo otros enfoques, poéticas y re-presentaciones.

Afuera (2013), de Vanessa Portieles y Yanelvis González (premio de producción en la más reciente edición de la Muestra), se ubica en el difícil contexto de 1994. Centrado en un ambiente de marginalidad, hace un inteligente uso de la retrospectiva para sugerir, más que detallar, una relación homoerótica en la cárcel adonde va a parar el protagonista.

Y hablando de ambientes marginales, muy bien los ha captado Lala Miñoso en su ficción AM (2012), el cual presenta con sutileza y sentido del humor algunos sujetos que pueblan el mapa de lateralidades sociosexuales: el proxeneta, la(el) prostituta(o), el foráneo que llega en busca de paraísos sexuales, y la doble moral del supuesto «macho a toda prueba» que abunda en tales ambientes.

Sabemos que una identidad erótica que ha centralizado no pocos discursos estéticos —más allá del cine— a partir de los finales del siglo pasado ha sido el transgénero. Sobre las peculiares miradas que les lanzan nuestros jóvenes cineastas dan fe también algunos cortos seleccionados en esta breve panorámica.

Tacones cercanos (2008), de Jessica Rodríguez, nos acerca a la vida de una joven trans que fue agredida por un hombre, historia que se transmite a los espectadores en una sucesión de primeros planos y afiches que apuntan (y homenajean) el referente almodovariano que sirve de inspiración al título.

Uno de los primeros acercamientos al tema lo hizo el holguinero Yan Montana con su corto documental M & K, que se acerca a un trans en provincia, con todas las coordenadas sociales, familiares y psicológicas que ello implica.

Ella trabaja (2007), de Jesús Miguel Hernández, legitima los derechos laborales de la comunidad trans en Cuba, y en torno a la religión, vocación y relación con los padres, ese mismo director discursa en Autorretrato con árbol (2010) mediante un texto lleno de sutilezas.

Como siempre, las proyecciones de cada tercer martes mensual en la sala 23 y 12 acarrearon inquietudes y criterios. El habitual Enrique lamentó que estos notables acercamientos al tema desde el patio y por los jóvenes no conozcan espacios mayores (la TV, según él, sería lo ideal), aunque se le aclaró que la Muestra Joven Icaic ha extendido su radio fuera de su festival, con proyecciones sistemáticas incluso en provincia.

Un matrimonio hetero manifestó su solidaridad con la protagonista de Tacones cercanos, considerando el caso el colmo de la homofobia, y repudiando con total energía lo que consideran todo un crimen, mientras una joven que se confesó lesbiana comentó su preocupación de que otros sujetos de la diversidad atrajeran mayores enfoques fílmicos que las mujeres, a lo que se le contestó que, afortunadamente, esa injusticia —real— está siendo reparada.

Hombres y mujeres que se aman fuera de lo heteronormativo conforman, desde distintos puntos de vista, estos y otros audiovisuales que nos hicieron reflexionar el pasado martes en la noche, pantalla mediante, en torno a tantos temas del amplio y diverso campo de la sexualidad humana, en el aquí y ahora de nuestra sociedad.

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