Organizar la población por edades permite estudiar tendencias, según el contexto sociohistórico, pero no apaga las individualidades
Los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres.
Proverbio popular
Aunque es común hablar de cada generación como si todos sus integrantes tuvieran una personalidad estándar, en Demografía se emplea como categoría estadística para agrupar a personas nacidas en un período, por lo general, un año o quinquenio.
También llamada cohorte, el propósito de este concepto es estudiar fenómenos poblacionales como fecundidad, mortalidad, migración, educación, empleo o salud, sobre todo para trazar políticas públicas y entender procesos sociales.
Sin embargo, una generación es también una categoría sociológica para describir individuos que comparten experiencias históricas, tecnológicas y culturales significativas para su desarrollo.
En ambos casos, el término se emplea para describir sucesos generales, más que comportamientos individuales, en tanto la experiencia y el entorno pesan más que lo cronológico en la formación de valores e identidades.
Sexo sentido propone un resumen de supuestos comunes en las generaciones que conviven en este momento con respecto a la conducta sexual y los sucesos que marcaron su etapa juvenil.
De 15 en 15
Baby Boomers (1946–1964): En sus primeros años, la sexualidad era algo privado y sujeto a rígidas normas sociales. La vida sexual activa solía iniciar entre los 18 y 19 años, casi siempre tras el matrimonio. Crecieron a la par de la televisión y protagonizaron la llamada revolución sexual (1960-1970). Hoy se autonombran sexalescentes y son más abiertos a hablar de placer y autocuidado en la madurez.
Generación X (1965–1980): Vivieron la transición entre una educación sexual limitada y la apertura a un conocimiento más amplio del tema. Las primeras relaciones ocurrían entre los 17 y 18 años. La epidemia de VIH dio relevancia al sexo seguro, y la naturalización del divorcio al alcance de ambos géneros potenció el equilibrio entre placer y compromiso.
Millennials (1981–1996): Crecieron simultáneamente con internet. Son propensos a cuestionar los modelos tradicionales de pareja; hablan más de consentimiento, bienestar sexual, terapia, diversidad y comunicación en las relaciones.
Generación Z (1997–2012): Es la de mayor acceso a información sobre sexualidad a través de internet y redes sociales. No conciben un mundo sin teléfonos digitales ni separan lo virtual de la realidad, pero priorizan la satisfacción inmediata. Suelen mostrar mayor apertura hacia la diversidad sexual y de género, valoran el consentimiento explícito, la salud mental y las relaciones responsables.
Generación Alfa. (A partir de 2013). La mayoría es aún menor de edad y su sexualidad está en construcción. Han crecido en un entorno altamente digital, con acceso a educación sobre diversidad y recursos de inteligencia artificial, cuyo efecto sobre sus relaciones afectivas y prácticas comienza a ser notable.
Tendencias que se prolongan
Cada generación ha vivido la sexualidad desde contextos históricos distintos, pero esas diferencias no deben entenderse como reglas fijas. En todas las edades existen personas más conservadoras, más exploradoras o con distintas necesidades afectivas y sexuales.
Un fenómeno interesante en este primer cuarto de milenio es la aparente «recesión sexual» en la juventud. O sea, tienen prácticas sexuales con menor frecuencia, tanto con parejas ocasionales como formales, y más gente de ambos géneros permanecen vírgenes incluso después de los 20 años.
Aunque se asume lo contrario, la edad promedio de inicio de una sexualidad activa ha sido un parámetro bastante estable en los últimos lustros, pero es más variada la forma en que se viven las relaciones (presenciales y virtuales), y muchas parejas priorizan más su seguridad emocional y salud mental que el placer carnal.
Más que hablar de diferencias absolutas, hay circunstancias que conectan a las personas nacidas en este siglo con parte de sus antecesores, que se encargaron de su educación. ¿Te identificas con alguna de ellas?