Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El despertar del deseo

La madurez erótica no puede dejarse solo a las hormonas. Cada púber necesita de una guía adulta adecuada en cuanto a conocimientos y emociones

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia
de que puede tener fin.

Benjamín Disraelí

 

El deseo sexual es un regalo del que empezamos a disfrutar en la segunda década de vida y puede durar hasta la muerte, aun cuando la práctica varía en cada etapa. Esa cualidad influye en tu manera de pensar o sentirte, y en cómo ves a los demás.

La biología es esencial en ese despertar erótico, por la explosión de las hormonas sexuales y los cambios físicos tan evidentes a partir de la pubertad, pero también el desarrollo intelectual y emocional son claves en ese proceso.

Cuando comienzan ciertas sensaciones llegan muchas preguntas, incluso, angustias si la crianza ha sido muy limitante en cuanto a valores morales. En ese momento es importante contar con adultos con quienes conversar del tema libremente, sin que hagan burlas u obstaculicen el aprendizaje.

Pueden ser familiares, amistades o consejeros, lo importante es que hablen con honestidad y ética. Incluso, si no conocen a fondo las respuestas deben estar listos para invitar a buscarlas juntos y, sobre todo, enseñar a discernir de manera crítica las fuentes confiables y las de dudoso valor.

Actualmente, los chicos acuden a las redes y otros espacios de internet para aclarar directamente sus dudas; ese es un riesgo del que es importante hablar en casa para evitar malentendidos y azares, tanto físicos como sicológicos.

Sobre todo, es imprescindible enseñarles a diferenciar las reacciones fisiológicas regulares de su cuerpo (como la erección del pene por un aumento de testosterona) del verdadero deseo erótico, y aún en este segundo caso, decantar bien el estímulo causado por una persona que en verdad les atrae, del que generan imágenes o frases explícitas sobre sexo, cada vez más frecuentes de manera involuntaria en sus entornos, sobre todo virtuales.

De igual modo, es muy valioso hablarles sobre cómo encauzar adecuadamente ese sobresalto en sus cuerpos, y si deciden actuar de forma placentera, cómo cuidar su integridad física, legal y emocional, incluso en prácticas de autoerotismo.

Antes de pensar en un encuentro carnal con otros, cada adolescente debería aprender a explorar su cuerpo y valorar si sus fantasías son realmente
propias o una mera curiosidad adquirida que no nutre su dimensión sexual. Así sabrán si su corazón y su piel están realmente listos para dar cada paso.

Además de respetar sus tiempos de privacidad, es recomendable sugerirles, con tacto y complicidad respetuosa, que pongan atención a sus sensaciones en cada momento y se familiaricen con lo que les place y lo que no les resulta agradable o seguro. Así podrán establecer límites sanos en otras circunstancias para manejar un asunto tan sensible.

En esos diálogos, que deben ser lo más naturales y sinceros posible, será útil hablar de riesgos asociados al inicio de una vida sexual activa. No solo las ITS y los embarazos no
deseados, sino también la
violencia machista, el acoso sexual, la exposición de su intimidad en el mundo digital y otros hechos que, incluso, tipifican como delitos, porque en las primeras edades no hay noción de estos peligros si no se les educa de manera integral y con autorresponsabilidad.

El concepto de «estar listos» puede ser confuso. Vienen de una etapa de pensamiento concreto, sus cánones para la autorregulación están aún formándose y la abstracción necesaria para no confundir un impulso tan fuerte como el sexual no aparecerá de la nada: sí o sí, necesitan entrenamiento para salir triunfantes, no por castigo o temor divino, sino por cuidar de su propia experiencia y futuro.

Por tanto, es esencial hablar con claridad mucho antes de constatar la madurez sexual de nuestros púberes. Creer que su infancia no ha terminado y es apresurado o indecoroso abordar el tema suele traer malas consecuencias, más en estos tiempos en que pueden estar «aprendiendo» de cualquier cosa con gente extraña aún sentados junto a ti en el sofá si no filtras adecuadamente sus redes sociales.

Tampoco hay que tener miedo de hablar de abstinencia y noviazgos platónicos como una vía lícita para conocer a las personas que les atraen. Si lo rechazan porque es una práctica anticuada, solo responde que tener sexo carnal también lo es y no parece que ninguna generación se queje de ello. 

Lo ideal es que el cuándo, con quién y dónde empezar sea algo que planifiquen con ilusión, ejecuten con precaución y luego recuerden con orgullo y felicidad; pero eso no pasará si lo dejamos en manos de terceros por miedo a manejar recuerdos propios o experiencias de otras personas que conozcan.

Buenas o malas, esas referencias le ayudarán a crear una matriz más realista de lo que es el sexo en su significado relacional, y puede ponerlos a salvo de imaginarios peligrosamente ingenuos y vivencias vacías o hastiantes que luego no se sentirán memorables.

Incluso, si ya pasó algo no esperado y no fue como lo hubieran deseado, es importante insistirles en que habrá muchas oportunidades para impregnarse de nostalgias valiosas. Su cuerpo y su mente evolucionan constantemente y cada nuevo encuentro puede ser una nueva «primera vez» digna de atesorar.

pie. La adolescencia es una etapa de autodescubrimiento: primero el amor propio, luego el deseo y las relaciones platónicas. Foto: Archivo de JR

De las redes

La vida es puro cambio y aprendizaje, la culpa es un lastre en ese proceso. Obra de Tiana Maros

De los mensajes asertivos que circulan en las redes, una lectora tomó este fragmento para ayudar a dos adolescentes, hijas de su mejor amiga, que partieron de su hogar familiar hace algunos años y aún viven atrapadas en demasiados «Y si…». ¿Cuántos otros jóvenes necesitan este consejo?, se preguntó y decidió compartirlo con nuestra sección. 

Muchas personas pasan años buscando culpables: la pareja que las hirió, el trabajo que las agotó, la infancia que las marcó o las circunstancias que no pudieron controlar. Aunque todo eso puede influir, la verdadera transformación comienza cuando descubres que la mayor parte de tu sufrimiento no depende de lo que ocurrió, sino de la forma en que tu mente sigue relacionándose con ello.

Cuando aprendes a comprender tus pensamientos, gestionar tus emociones y responder con más conciencia, dejas de vivir reaccionando a todo lo que sucede. Ahí empieza una libertad que nadie puede darte ni quitarte.

El día que aprendas a dirigir tu mente, descubrirás que la paz nunca dependió del mundo, sino de la manera en que elegías vivir dentro de él.

 

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