Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Volver al camino

Con 58 años, mi sueño a mediano plazo es recorrer el país en bicicleta. Ya tengo un plan realista para prepararme sin descuidar mis responsabilidades. Y tú, ¿qué te propones de cara a la tercera edad?

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Tenemos dos vidas y la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una.

Confucio

Hay una edad en la que una empieza a darse cuenta de que cuidar de sí misma no debería ser un lujo, ni una penitencia, ni una tarea más de la lista de cosas pendientes. Tengo 58 años y hace poco me hice una pregunta bastante sencilla: ¿cómo quiero sentirme dentro de un año?

No pregunté cuánto quería pesar, ni cuántas arrugas quería borrar, ni si necesitaba una dieta milagrosa. Pensé en algo mucho más concreto: quiero volver a recorrer en bicicleta los bellos paisajes de mi país.

Mi último gran viaje fue hace 12 años y todavía recuerdo esa sensación de libertad que produce levantarse por la mañana, preparar a mi Bella y salir a pedalear, sin saber exactamente qué me espera unas horas después… Eso es lo que extraño.

Entonces comprendí que si quiero recuperar esa felicidad tengo que empezar a preparar el cuerpo ahora.

No quiero una vida perfecta

No soy una persona especialmente disciplinada. Me gusta la bici y hago yoga, pero mi trabajo es bastante sedentario y tengo una relación complicada con las rutinas. Además, cocinar por obligación no me entusiasma. Sólo si puedo experimentar y probar algo diferente: ahí sí me apunto.

Con tales retos claros, necesito algo distinto para mejorar de cara a ese gran viaje: un plan que no dependa de estar motivada todos los días para cuidar mi salud.

Decidí entonces pedir ayuda a ChatGPT para diseñar una rutina de tres meses: ejercicio de fuerza, bicicleta, yoga, alimentación vegetariana, cuidado de la piel, descanso y pequeñas estrategias para esos días en que la pereza gana… Y descubrí algo bastante liberador: no necesito hacer mucho: sólo lo suficiente, con cierta regularidad.

A los 58, el músculo importa

Una de las cosas más importantes fue entender que esa rutina de ejercicios no estaría pensada para adelgazar, sino para ganar fuerza: levantarme del suelo con facilidad, subir una cuesta sin alterar la respiración, cargar una mochila de frutas y llegar al final de la jornada con ánimo para trabajar en la comunidad que visite: conocer a su gente, escribir crónicas, compartir saberes…

Así que, además de las clases de yoga, incorporé dos sesiones semanales de fuerza sin depender de un gimnasio de lujo: una silla, una pared, botellas con agua, una mochila con libros… Eso es todo.

Así, entrenar puede ser tan sencillo como hacer sentadillas, flexiones, puentes y algo de peso para evitar la osteopenia. Un método simple que puedo compartir con mujeres mayores que van a nuestros talleres de Senti2Cuba, además de las técnicas de respiración, meditación y secretos del Ayurveda.

Sin disciplina, también puedes

Esta es, quizá, mi mayor inspiración. En lugar de exigirme media hora de ejercicio, me digo: «Sólo estírate diez minutos». Vencida esa pereza inicial, por lo general continúo. Pero si un día estoy realmente cansada, tengo una versión mínima: cinco minutos de movimientos libres. Por ejemplo, caminar en puntillas toda la casa, regar las plantas ¡o bailar alocadamente entre uno y otro encargo en la computadora!

Eso también cuenta. Porque el verdadero peligro no es perder un día. Es pensar: «Ya rompí la rutina, así que empezaré otra vez el lunes…». ¡No! No hay que esperar más días, sino mirar el plan y retomarlo en la siguiente oportunidad.

Comer bien no es comer demasiado

Soy ovo-lacto-vegetariana y vivo en La Habana con un salario normal y una mayor a mi cargo, más mi esposo. Eso también forma parte de la realidad que quiero compartir en mi viaje. Pero no necesito un menú de revista lleno de ingredientes imposibles ni suplementos sofisticados. La proteína y la energía que demandan este plan está en la feria del fin de semana: huevos, frijoles, maní, arroz, chícharos, boniatos, plátano, yuca, verduras, semillas tostadas y frutas de temporada. Mis lujos serán leche y yogur, cuando aparezcan.

Desde hace mucho prefiero un desayuno energético y un almuerzo en hora, más una pequeña merienda por la tarde. Sin demasiado pan, porque me hincha. Mejor miel que azúcar; mejor cúrcuma y sazones del patio que sobrecitos sintéticos… Mis cuentas dicen que se gasta igual y el efecto es genial. Mis amigas del proyecto y de El Arte de Vivir también lo han experimentado.

Por cierto, ya me quité de encima la pregunta odiosa: ¿Qué voy a cocinar hoy? Un menú semanal sencillo libera mi mente, me permite adelantar labores y de vez en cuando complacer antojitos de los «viejos» de casa. La comida dejó de ser una preocupación constante: es una estructura que me sostiene.

Y la piel también cuenta

Tengo la piel seca. De niña me «curtí» en largos veranos a la orilla del mar y nunca necesité protector solar. Pero el año pasado el chikingunya me pasó factura, y además, el cambio climático no es un factor desdeñable.

Ahora sí necesito cuidados, pero nada de diez cremas carísimas: una limpieza suave (sin jabón en cara y cuello), hidratación y protector solar por la mañana. Por la noche, algo sencillo para hidratar. Algunas artesanas emprendedoras hacen maravillas que duran muchísimo y son confiables.

De paso aprendí a usar la sábila que creció por su cuenta en mi techo y el aceite de coco. Eso sí: voy con prudencia, porque no todo lo natural es siempre mejor. La piel merece cuidado, pero también sentido común.

¿Y el presupuesto?

Pensar en eso fue lo que me decidió a compartir en Sexo sentido este sueño personal. Cuidarse no significa de plano ir a un spa, pagar un supergimnasio, comprar suplementos o llenar el baño de cosméticos.

Se puede empezar con una caminata. Una silla. Unas botellas de agua para cargar (mejor si me las tomo luego: debo tener ADN de gorgojo, porque ocho vasos al día son un suplicio). Una bicicleta. Una olla de frijoles. Una fruta. Una estera para yoga (que puedo tejer reciclando ropa). Un poco de sol de la mañana. Una crema personalizada… y lo más valioso de todo: la decisión de volver a ocuparme de mi misma.

Por supuesto, consultaré a mi simpática Doctora de la Familia, mis profes de yoga, un dermatólogo. Pedir ayuda no es fracaso: son alianzas y compromisos, para autoavergonzarme si me ataca otra etapa de flojera.

De cara a septiembre

No necesito estar en forma mañana: tengo un año para prepararme. Los primeros tres meses serán para construir el hábito y recuperar fuerza. Después iré aumentando poco a poco las distancias en bicicleta, aprenderé qué comer durante las salidas largas, qué llevar, cómo hacer que el cuerpo recuerde las jornadas largas sobre un sillín.

No compito con nadie ni tengo un plazo estricto para pedalear por Cuba. Además de llegar al punto de salida sintiendo que mi cuerpo es mi aliado, debo construir otros lazos, virtuales y del pasado, para llevar y recibir afectos.

No me interesa verme mejor ni negar mi edad. Quiero ir más lejos. Volver a sentir esa mezcla de cansancio y felicidad que aparece después de pedalear durante horas. Recordar paisajes y seres que me acompañaron en otras aventuras. Tener (y contar) historias nuevas…

A sus 81 años, mi mamá lee los diarios de todo lo que hizo en la vida, y eso la hace feliz. Vivió sin arrepentimientos. Amó y fue amada. Fue útil en lo profesional y encauzó una familia…. Pero, como muchas mujeres, dedicó demasiado tiempo a los demás postergándose a sí misma, y hoy la salud le pasa factura.

Yo también quiero vivir mi sueño. No pienso eludir responsabilidades, sino enfocarlas en lo que me gusta y además es beneficioso. Sé que otras amigas y mujeres que aún no conozco, pero me leen y escuchan, también reflexionarán y trazarán su ruta. Incluso con la IA, que eso también se vale.

La colega Chabela dice que después de los 50 llegamos a la edad de la insolencia. Eso significa ser nosotras mismas, y preguntarnos sin culpa: ¿Qué quiero hacer todavía?

En tu caso no tiene que ser atravesar un país en bicicleta. Puede ser correr varios kilómetros sin cansarse, como Marty. O aprender oficios que den rienda a su sensibilidad, como Taymi. O experimentar nuevas sensaciones, como Maru…

Incluso, basta con dormir mejor. O ponerse un vestido que lleva años en el armario. O simplemente levantarte con un poco más de energía.

La meta no es vivir «como si» tuvieras 30. Sé realista: si hoy son casi 69, en un pestañeo serán 20 más. Sólo busca vivirlos más fuerte, consciente y libre dentro del cuerpo que ya tienes hoy.

Yo ya tengo mi objetivo, y a cada rato sonrío imaginando cada trayectoria. De hecho, estoy disfrutando todo lo que ocurre antes de llegar allí. Porque la verdadera aventura no empezará cuando parta a mi primer destino: empezó el día que decidí volver a ocuparme de mi misma, con 58 años y muchas ganas de revivir.

Así que, ¡manos a la obra y pies a los pedales!

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.