Pablo Barrios marcó un gol de vestuario que dejó a todos sorprendidos en el Civitas Metropolitano. Autor: Getty Images Publicado: 14/10/2026 | 10:14 am
El Metropolitano buscaba un verdugo para los diablos rojos. Y lo encontró tan rápido que el Manchester United, cuando quiso darse cuenta, ya estaba en la lona. Pablo Barrios necesitó 49 segundos para disparar la primera bala. El resto fue una ejecución lenta, casi misericordiosa, que dejó al funambulista inglés tambaleándose sobre el vacío.
El Metropolitano, ese volcán de hormigón y pasión, había recibido a los suyos con la olla a presión de las grandes noches. Un minuto de silencio por la madre de Koke, fallecida esa misma mañana, y luego el estruendo. El Atlético salió a morder. Cuti Romero levantó la cabeza, vio a Kang-in Lee desmarcándose en el círculo central y le entregó el balón.
El coreano se zafó de su par con un giro de cintura que dejó atrás a dos defensores, y sacó un pase por encima de la línea defensiva que parecía dibujado con regla. Álex Baena lo controló en el pico del área, amagó el disparo, esperó, y cuando la defensa inglesa se deslizaba hacia el vacío, cedió atrás para que Barrios, llegando desde la segunda línea, firmara el 1-0 con un derechazo al fondo de la red. El Metropolitano estalló. Barrios celebró dibujando un seis con los dedos, un homenaje al capitán ausente. En el banquillo, Simeone lloraba.
El United, sacudido, intentó reaccionar. Mbeumo, el hombre más incisivo de los ingleses, puso a prueba a Oblak en dos ocasiones claras: primero con un disparo raso que el esloveno desvió con la punta de la bota, y después con un remate al palo corto que el portero del Atlético sacó con el muslo.
Eran los minutos en que el United manejaba el balón, en que Carrick, desde la banda, gesticulaba buscando soluciones. Pero el Atlético tiene algo que ningún sistema táctico puede replicar: la certeza de que, cuando el partido se pone cuesta arriba, alguien aparecerá para romperlo. Grimaldo estrelló una falta en el larguero. Johnny Cardoso marcó un gol que el VAR anuló por una mano previa de Llorente. El 2-0 flotaba en el aire, esperando su momento.
El momento llegó en el minuto 74. Leny Yoro llegó tarde a una disputa con Jonathan David y el árbitro sueco Glenn Nyberg no dudó: roja directa. Carrick protestó desde la banda, gesticuló, señaló al cielo como si el árbitro pudiera escuchar sus razones. Pero las imágenes eran claras: un empujón, un pie mal colocado, y el United se quedaba con diez.
Cuatro minutos después, Jonathan David remató a puerta, el portero Lammens rechazó el balón y Ademola Lookman, el hombre que había entrado desde el banquillo para matar el partido, cazó el rechace y firmó el 2-0 definitivo. El Metropolitano cantó. El United, con diez, con Carrick al borde del colapso, ya no tenía fuerzas para levantarse.
Al final del partido, Carrick compareció ante los micrófonos con la mirada de quien sabe que su crédito se agota. No creo que fuera roja, dijo sobre la expulsión de Yoro. Empezamos mal el partido y se nos puso más cuesta arriba, agregó. En la Premier League, el United arrastra un inicio catastrófico que ya ha encendido todas las alarmas en Old Trafford. La sombra de la destitución planea sobre el funambulista.
El Atlético, en cambio, celebra su quinta victoria consecutiva, su primera en esta Champions, y una noche que dedicó a Koke con el corazón en la mano. La bala rojiblanca ya está disparada. El funambulista, mientras tanto, sigue caminando. Pero la cuerda, cada vez, se hace más fina.
