¿Simples monerías?

La ciencia sigue dando pruebas de que otras especies, particularmente los simios, están más cerca de los humanos de lo que se pensaba

Autor:

Patricia Cáceres

Si usted es amante del séptimo arte seguramente recordará El planeta de los simios, aquella emblemática película de ciencia ficción estrenada en 1968, donde la especie dominante eran unos primates que habían desarrollado una civilización antropizada y militarizada y que, además, hablaban el idioma inglés.

Nada más lejos de la realidad, pensará usted. Pura ficción, dirá con seguridad. Sin embargo, recientes estudios de científicos franceses sugieren que la idea de que existan simios «inteligentes» no es del todo descabellada.

Al parecer, un equipo de investigadores de la Universidad de Marsella, Francia, logró que un grupo de babuinos (una especie de monos también conocida como papiones) identifique palabras en inglés con sorprendente exactitud.

Según explicaron los investigadores en su trabajo, publicado en la revista Science, evaluaron a un grupo de babuinos de Guinea, los más pequeños de la especie, en una instalación especialmente construida en la Universidad. Durante el mes y medio que duró el entrenamiento, los animales aprendieron a reconocer palabras de entre más de 7 000 secuencias de letras sin sentido, con un 75 por ciento de precisión.

«En este estudio, los animales tienen completa libertad para participar, y son automáticamente identificados por las computadoras cuando se van de su grupo social para, voluntariamente, ingresar a uno de los diez posibles sistemas de evaluación», explicó a BBC Mundo Joel Fagot, el especialista que diseñó el sistema.

Al decir del científico, dentro de las cabinas de evaluación encuentran una pantalla de computadora que muestra una palabra de cuatro letras o una combinación sin sentido de letras. Para ganarse una recompensa del sistema automatizado, deben tocar correctamente un signo positivo, cuando se trata de una palabra sin sentido, o un óvalo si es correcta.

Fagot informó a BBC que los babuinos han tenido un entrenamiento extenso, haciendo pruebas hasta en 61 000 oportunidades. «Los monos prestan máxima atención a lo que están haciendo porque son ellos los que deciden participar», dijo.

Uno en particular, llamado Dan —puntualizó—, pudo reconocer hasta 300 palabras correctamente. «Las capacidades cognitivas varían entre los humanos también, y no es tan sorprendente que emerjan diferencias individuales entre los babuinos».

Además, como mismo les sucede a las personas, los babuinos cometían más errores de identificación cuando en las falsas secuencias aparecían combinaciones de letras habituales en las palabras reales. Por ejemplo, el nivel de errores creció en aquellas secuencias que contenían el par «th», muy común en el idioma inglés, más que en aquellas con la secuencia «ht».

Según los especialistas, estos resultados revelan que el reconocimiento visual de palabras puede aprenderse sin necesidad de conocer el lenguaje hablado, y que los babuinos no solo sacan información de las letras, sino que las relaciones entre ellas también les dan pistas.

«Esto sugiere una conexión con algún tipo de habilidad ancestral que no llega a ser lingüística, pero que se relaciona con la capacidad para reconocer objetos», explicó Jonathan Grainger, uno de los autores, según el diario digital muyinteresante.es.

«Uno de nuestros proyectos es entrenar a los babuinos para que asocien palabras con algún tipo de significado. Ese sería el siguiente paso, pero será excesivamente complicado», dijo el especialista. La imagen de un mono leyendo cómodamente el periódico en el sofá aún está muy lejos de hacerse realidad, añadió.

«Comida a la vistaaa...»

Otros primates que han sorprendido a la comunidad científica internacional son los bonobos o chimpancés pigmeos, que al parecer se comunican para indicar dónde encontrar su comida favorita.

Investigadores de la Universidad de St Andrews, en Escocia, determinaron que la combinación de varios sonidos diferenciados usados en una secuencia permite a otros bonobos concentrar su búsqueda de alimentos en las áreas que contienen su fruta preferida: el kiwi. Estos sonidos parecen ladridos o gemidos que se asemejan al piar de las aves.

Los expertos grabaron las llamadas realizadas por los simios en el zoológico de Twycross, Reino Unido, al toparse con kiwis y manzanas en su recinto. Cuando los bonobos descubrieron su alimento preferido, los kiwis, emitieron ladridos más agudos y cortos «píos». Asimismo, cuando encontraron las manzanas, que no son tan de su agrado, se comunicaron usando gruñidos y aullidos en un tono más bajo.

Los primates hicieron estas llamadas en unas secuencias que fueron grabadas por los investigadores y reproducidas luego al resto de los simios. Más tarde, los científicos observaron que los demás bonobos, que continuaron buscando alimentos, fueron capaces de dirigir su búsqueda a determinados lugares, después de escuchar las llamadas grabadas.

Cuando se escuchaban menos, la actividad de forrajeo fue más confusa, explicaron los investigadores en la revista PLoS One. Sin embargo, los que buscaban comida hicieron un esfuerzo mucho mayor en los sitios donde escucharon las llamadas más altas a fin de encontrar sus gustados kiwis.

Los científicos apuntan con toda certeza que esas secuencias de sonidos son transmisoras de información sobre la calidad de los alimentos en una ubicación específica.

Un «no» a lo primate

Científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania, aseguraron que los bonobos, o chimpancés pigmeos, parecen decir «no» con la cabeza, al igual que lo hacen los seres humanos.

Lo afirmaron luego de filmar a estos animales moviendo la cabeza de lado a lado para evitar que otros hicieran algo que ellos no querían. Esto —sugieren— podría ser un gesto precursor del de negar con la cabeza que utilizan las personas.

Hasta ahora se sabía que los grandes simios africanos utilizan gestos con la cabeza como negativa (inclinación o sacudida) para comunicarse entre ellos. También era reconocido que los bonobos emplean sacudidas de cabeza para iniciar interacciones, como jugar, con otros de su grupo.

Sin embargo, los especialistas aseguran que este es el primer estudio que filma y observa a un simio sacudiendo la cabeza en un contexto negativo, para evitar o prevenir la conducta de otro bonobo.

Los científicos llegaron a tal conclusión mientras analizaban a los animales, como parte de un estudio más amplio sobre la comunicación de las crías de los grandes simios. Mediante cámaras de video, grabaron los gestos y la conducta de bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes en seis zoológicos de Europa. Durante la investigación, observaron a cuatro bonobos sacudiendo la cabeza de esta forma en 13 ocasiones diferentes.

No obstante, pese a estos resultados, los investigadores se muestran cautelosos y no afirman con total seguridad que los primates realmente quieren negar cuando sacuden la cabeza de esta forma. Pero hasta ahora —aseveraron— esa sigue siendo la mejor explicación.

La muerte no es exclusiva

La muerte es algo tan terrible que parece no afectar únicamente a los humanos. Así lo comprobaron investigadores escoceses al grabar a varios chimpancés acariciando a una vieja hembra moribunda, los que luego permanecieron en duelo por varios días tras su muerte. Según BBC Mundo, los empleados del parque escocés de Stirlingshire pusieron cámaras de video para estudiar el comportamiento de los primates ante la muerte de una hembra de más de 50 años llamada Pansy, que tenía una enfermedad terminal.

Pocos días antes de su muerte, cuando entró en letargo, los otros miembros del grupo permanecieron más callados que lo habitual y la acariciaban hasta tarde en la noche. Después de fallecida, la hija permaneció al lado del cuerpo de la madre, pese a que nunca antes había dormido en el lugar en el que se encontraba ubicado. El resto de la comunidad evitó pasar por el sitio en el que murió.

De manera similar otro estudio, dirigido por científicos de la Universidad de Oxford, pudo comprobar cómo las hembras en ocasiones llevan consigo los cadáveres de sus hijos por varias semanas.

Como parte de la investigación, los especialistas siguieron a dos hembras que vivían en libertad en los bosques Bossou de Guinea, África. Ambas cargaban los cuerpos de sus crías muertas y usaban sus colas para espantar a las moscas de los cadáveres.

Para la comunidad científica internacional ambos estudios, que están recogidos en la última edición de la revista científica Current Biology, reflejan que otras especies, particularmente los simios, están más cerca de los humanos de lo que se podía pensar.

«Varios fenómenos han sido considerados alguna vez como escenarios humanos no compartidos por otras especies: la capacidad de razonamiento, las habilidades lingüísticas, el uso de herramientas y la conciencia de sí mismo», explicó James Anderson, uno de los científicos de la Universidad de Stirling implicado en las investigaciones.

«Pero la ciencia ha dado fuertes evidencias de que los límites entre nosotros y otras especies no están tan claramente definidos como muchos pensaban», subrayó.

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