Una vida, ¿dos cuerpos? - Ciencia y Técnica

Una vida, ¿dos cuerpos?

Sergio Canavero, neurocirujano de clase mundial, asegura estar listo para hacer el primer trasplante de cuerpo en un hombre

Autor:

Patricia Cáceres

Cuando la escritora inglesa Mary Shelley creó a Frankestein allá por los comienzos del siglo XIX, engendró el mito de crear un organismo humano con la unión de diferentes partes ya desarrolladas de nuestra anatomía.

Hoy, casi dos siglos después, la que se considera la primera obra literaria de ciencia ficción podría ser más ciencia que ficción. El Doctor Sergio Canavero, neurocirujano de clase mundial, asegura estar listo para hacer el primer trasplante de cabeza en un hombre.

Canavero forma parte del proyecto HEAVEN/GEMINI (Head Anastomosis Venture with Cord Fusion), que tiene como objetivo unir una cabeza a un cuerpo diferente al original.

El nuevo estudio se basa en el controversial trabajo del estadounidense Robert White en la década de los 70, quien logró trasplantar el cuerpo de un mono a la cabeza de otro, aunque sin habilitar control sobre el nuevo cuerpo.

No obstante, el Doctor Canavero asegura que los obstáculos técnicos que podrían impedir tal proeza ya han sido superados gracias a la ingeniería celular.

«Es técnicamente posible, y en un par de años podría ser una realidad», dijo el especialista del Grupo de Neuromodulación Avanzada de Turín, Italia, en una entrevista publicada por el Semanario Oggi.

Semejante operación —anunció el neurocirujano— comenzaría con un corte medular mínimamente traumático, realizado con un bisturí ultraafilado y en condiciones de hipotermia profunda (entre 12 y 15 grados Celsius), para así proteger las estructuras cerebrales.

«Un minitrauma que ciertamente no es comparable con el que se produce en parapléjicos y tetrapléjicos, donde el daño de la médula ósea es extenso, complejo, con cicatrices y lesiones profundas».

Luego, se deberán fundir las prolongaciones nerviosas en una especie de cuerda mediante selladores de la membrana, utilizando una especie de «pegamento» plástico (Polietilenglicol, PEG) que uniría la médula espinal de la cabeza y del cuerpo.

Canavero explica que si el proceso se realiza en las condiciones exactas la conexión puede funcionar, entregando control y la posibilidad de movimiento.

«La piedra angular de la reconexión de la médula espinal es la capacidad de combinar las extensiones del nervio, usando sustancias que pueden reconstituir su integridad», comentó al Semanario Oggi.

Los candidatos potenciales al trasplante de cuerpo a otra cabeza podrían ser pacientes con alguna enfermedad neuromuscular degenerativa o incluso tetrapléjicos. Los donadores serían personas declaradas fallecidas por un trauma craneal, sin lesiones significativas en otros órganos, o individuos que han sido víctimas de una hemorragia cerebral grave.

Pero no es la primera vez que el Doctor Sergio Canavero salta a la palestra pública. En el año 2008 captó la atención de la prensa luego de «despertar» mediante electroestimulación a un joven en coma vegetativo, tras un accidente automovilístico, quien en estos momentos se encuentra en un nivel mínimamente consciente.

Metiéndole «cabeza» al asunto

La idea de trasplantar un cuerpo a otra cabeza tiene su génesis en la época de posguerra, durante las décadas de los 50 y los 60, cuando en la otrora Unión Soviética y los Estados Unidos surgieron equipos de especialistas que procuraron dar a conocer sus avances y así demostrar su poderío.

Una de las estrellas del momento fue Sergei S. Brukhonenko, científico soviético que construyó un equipo que sustituía las funciones del corazón y los pulmones. El investigador recibió críticas y repudio de parte de sus pares, luego de que conectase a la máquina la cabeza de un perro decapitado, que obedeció a estímulos físicos.

Tiempo después hizo su aparición el doctor Vladimir Demikhov (1916-1998), quien unió la cabeza de un perro cachorro al cuerpo completo (cabeza incluida) de un can adulto.

Sus trabajos encendieron las alarmas en la comunidad médica de los Estados Unidos, que no vio con buenos ojos las imágenes de los perros bicéfalos.

Hasta que un inquieto médico estadounidense llamado Robert White, luego de doctorarse en neurocirugía y realizar los primeros intentos de trasplantes en animales, viajó a Moscú para conocer a Demikhov. Al llegar a su destino descubrió que su ídolo había sido excluido de la comunidad científica.

A su regreso a los Estados Unidos, White se enfocó en lograr que el cuerpo de un organismo continuara con vida en la cabeza de otro. Fruto de sus esfuerzos, en 1970 trasplantó el cuerpo de un mono a la cabeza de otro, en un Centro Médico en Cleveland, Ohio.

No obstante, si bien logró que el animal sobreviviera un tiempo después de la operación, en aquel entonces no existía la tecnología para reparar la médula espinal cortada, por lo que el mono no pudo recuperar la movilidad.

Así, el trabajo de White corrió el mismo destino que el de su predecesor soviético. Fue tachado de grotesco por muchos de sus colegas, ya que solo había logrado conectar la cabeza en el sistema circulatorio del receptor, sin nexo alguno en el nervioso, cosa que ahora promete cambiar el Doctor italiano Sergio Canavero, según sus recientes declaraciones.

Independientemente de que se logre o no, aún no existe un consenso sobre la ética de tal procedimiento. Y es que, al hablar sobre el tema, las opiniones tienden a polarizarse.

Durante una entrevista concedida al periódico español El Mundo, Robert White dijo que el rechazo se debe a la terminología empleada para referirse a la operación: «trasplantar una cabeza».

«Uno de los motivos por los que siempre hablo de trasplante integral de cuerpo, en las conferencias que dicto por todo el mundo, es que este término resulta más aceptable. En realidad, se trata de trasplantar un cuerpo.

«En cualquier caso, dígame qué dilema moral o ético plantea esta operación. Si nos presentan el caso de un enfermo muy grave que quiere someterse a esta operación aunque la técnica no se haya perfeccionado, ¿vamos a cruzarnos de brazos en el comité de ética y decirle que no, que no podrá disponer de un cuerpo y que, por tanto, tendrá que morir?», cuestionó el especialista.

Para White el rechazo al procedimiento no es extraño, teniendo en cuenta que siempre han existido consideraciones éticas en la historia de los trasplantes de órganos humanos.

«En cada uno de los avances, riñones, corazón, hígado y otros más, se han tenido que considerar las implicaciones éticas. El corazón, por ejemplo, representaba un gran problema para mucha gente», recordó.

Al mismo tiempo, otros científicos han condenado enérgicamente experimentos de este tipo. Tal es el caso del Doctor Stephen Rose, director de investigaciones del cerebro y el comportamiento de la Universidad Abierta de Gran Bretaña, quien afirma que es «científicamente erróneo, técnicamente irrelevante, y una ruptura grotesca de cualquier consideración moral».

Según Rose, hasta ahora todo lo que se está haciendo es mantener una cabeza cortada viva gracias a la circulación de sangre desde otro cuerpo, pero sin conexión alguna. Además, habría problemas para determinar quién es la persona tras el trasplante, añadió.

Asimismo, Rose insiste en que la solución para las personas con parálisis está en la regeneración de los nervios de la espina dorsal, y no en en lo que se ha denominado «un trasplante de cabeza».

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