Un conejo en la Luna

China envió un sofisticado robot explorador a nuestro satélite natural con el objetivo de excavar la superficie, tomar muestras de roca y transmitir imágenes. Este es apenas el primer paso de un ambicioso programa espacial que ya ha generado múltiples controversias

Autor:

Patricia Cáceres

El pasado 14 de diciembre, mientras buena parte del mundo dormía y otra se sumergía en la faena diaria, China daba un paso clave para la conquista del espacio. Por primera vez en la historia, un robot creado por la potencia asiática alunizó en nuestro satélite natural para excavar su superficie, tomar muestras de roca y transmitir imágenes.

La sonda lunar Chang’e-3, que despegó desde Xichang, en el sur de China, el lunes 2 de este mes, estaba compuesta por un módulo de alunizaje y un vehículo explorador robótico de seis ruedas llamado Yutu o Conejo de Jade.

Este nombre fue elegido mediante una encuesta en Internet, en la que votaron 3,4 millones de personas de todo el mundo. Hace referencia a un antiguo mito chino sobre un conejo que habita en la Luna como mascota de la diosa lunar Chang’e, cuya silueta es visible desde la superficie terrestre.

La sonda llegó a la órbita de la Luna el viernes 6 de diciembre, y en los días siguientes se dispuso a alunizar con suavidad. Tras lograrlo, el día 14, el aparato se desplazó unos nueve metros y tomó fotografías.

Según reportó en ese momento la agencia Xinhua, el presidente de China, Xi Jinping, y el primer ministro, Li Keqiang, se presentaron en el Centro de Control Aeroespacial de Beijing y escucharon al jefe del programa lunar, Ma Xingrui, declarar exitosa la misión.

Autoridades de ese país afirmaron que la sonda es otra muestra de la «destacada contribución» de China al uso pacífico del espacio, precisó la agencia.

Esta se convirtió en la tercera misión robótica en pisar la superficie del satélite, precedida por expediciones estadounidenses y rusas. No obstante, el gigante asiático insiste en que su explorador lleva una carga más sofisticada que las anteriores.

Sus diseñadores, del Instituto de Investigación de Ingeniería de Sistemas Aeroespaciales de Shanghái, explicaron que el Conejo de Jade pesa 120 kilos. Puede subir pendientes de hasta 30 grados y moverse a una velocidad de hasta 200 metros por hora.

El vehículo está cubierto de una lámina dorada y dispone de seis ruedas y paneles solares. Las órdenes las recibirá por control remoto y durante tres meses atravesará la superficie lunar, excavará el suelo, tomará muestras suyas y transmitirá imágenes.

Según la administración espacial china, el explorador fue depositado en la Bahía del Arcoíris, un territorio lunar todavía sin explorar que ofrece condiciones favorables por tratarse de una planicie volcánica relativamente despejada de grandes rocas, expuesta durante muchas horas al sol y que facilita las telecomunicaciones.

¿Por qué explorar?

Ouyang Ziyuan, investigador chino del departamento de Exploración lunar y del espacio profundo, explicó a BBC Mundo que ante todo, esta misión científica servirá para poner a prueba nueva tecnología. «China necesita que su propio equipo intelectual pueda explorar la Luna y el sistema solar», dijo en entrevista exclusiva.

En opinión del científico, la explotación de la Luna puede ser invaluable para la humanidad. Como allí no hay aire —dijo—, los paneles solares podrían operar de forma mucho más eficiente, y un cinturón de estos paneles en nuestro satélite podría «sostener a todo el mundo».

La Luna también es tan rica en helio-3, un posible combustible para la fusión nuclear, que podría resolver la demanda energética humana por alrededor de 10 000 años, aseguró Ziyuan.

«Está llena de recursos, principalmente minerales raros, titanio, uranio, que son muy escasos en la Tierra, y podrían ser usados sin limitaciones. Hay muchos desarrollos posibles (…), así que esperamos poder utilizar la Luna para apoyar el desarrollo sostenible de los humanos y la sociedad», subrayó el investigador.

Precisó que el programa espacial chino ha previsto establecer una estación permanente en la órbita de la Tierra. A ello le seguirían expediciones tripuladas a nuestro satélite natural.

Después de llegar a la Luna de forma segura, traer de vuelta muestras lunares y terminar los proyectos no tripulados, China prevé enviar al hombre allí, vaticinó Ouyang Ziyuan.

¿Realidad o utopía?

Ante los objetivos espaciales del gigante asiático, a no pocos les ha surgido una interrogante: ¿cuán cerca de la realidad están tales ambiciones?

Richard Holdaway, destacado científico espacial británico del laboratorio espacial Rutherford Appleton, con experiencia en la colaboración con China, afirmó que sí es posible, y que este país, incluso, podría llevar astronautas a la Luna para el 2025.

«Comenzaron con mucho atraso, pero se están poniendo al día muy rápidamente. Quieren observar lo que pasa en el terreno, quieren ser parte del análisis del cambio climático y de un programa mucho más grande con la Luna como base de explotación minera o como escala hacia otras partes del sistema solar», señaló.

El australiano Morris Jones, experto en temas espaciales, coincidió al afirmar que la misión Chang’e-3 es una etapa importante de la carrera espacial china, todavía muy rezagada con relación a Rusia o Estados Unidos, pero que va a toda prisa.

«Sin tener en cuenta el envío de astronautas al espacio, se trata probablemente de la misión más complicada que China ha puesto en marcha hasta ahora. También es el inicio de un proceso que podría llevar a la Luna a los astronautas chinos después de 2025», explicó.

Si lo lograra —ahondó Morris Jones—, China se convertiría en el primer país de Asia en enviar un hombre al satélite de la Tierra.

Controversia por el «satélite de queso»

La misión Chang’e-3, entre otras cosas, ha vuelto a poner sobre el tapete una vieja disputa sobre el ejercicio de potestades en la Luna.

Según refiere el diario argentino Clarín, hasta el momento no habían surgido problemas porque tras los alunizajes de Estados Unidos y de la Unión Soviética nadie más había buscado poner un pie allí. Pero ante la posibilidad de explotación minera, el «satélite de queso» ha recuperado su lugar en la escena espacial.

La llegada del gigante asiático inquieta a la agencia aeroespacial estadounidense (NASA), que también tiene planes para los próximos años. China y Estados Unidos piensan en el desarrollo energético, ya que en el más grande de los satélites hay riquezas minerales que en décadas podrían ser traídas hacia la Tierra. Es un enorme negocio que ninguno querrá perderse, publicó.

De acuerdo con el diario argentino, un antiguo acuerdo internacional parece haber perdido vigencia ante la aparición del nuevo gran actor, lo cual podría generar tensiones en breve.

Al parecer, la única legislación de referencia es el Tratado de Espacio Exterior de 1967, firmado por 126 países, que declara patrimonio común de la humanidad a la superficie lunar.

En un artículo de la revista Science, el científico estadounidense Henry Hertzfeld, de la Universidad George Washington, expresó que «si las misiones son puramente científicas y de exploración, no debería haber mucha controversia, pero si pretenden ir allí a buscar recursos, resultan controvertidas».

El profesor Alejandro Corbacho, especialista en Relaciones Internacionales de la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos (Ucema), declaró a Clarín que una iniciativa presentada en el Congreso estadounidense el pasado 8 de julio fue una alerta sobre lo que podría ocurrir en este terreno.

El proyecto en discusión propuso considerar como parques nacionales de propiedad de Estados Unidos las áreas de la Luna en las que están los restos de las distintas misiones Apolo, para —según el documento— «garantizar su conservación y reservar su papel histórico».

Otra señal preocupante la brindó el empresario Dennis Hope, de Nevada, quien accionó legalmente para vender parcelas en la Luna y hasta el momento recaudó nueve millones de dólares. Por si fuera poco, algo similar ha sucedido en países de Europa y Asia.

Incluso, la empresa de turismo espacial Virgin Galactic, del magnate británico Richard Branson, ha prometido en poco tiempo hacer descensos en la Luna mediante los vuelos suborbitales que realiza su compañía.

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