Laia, eslabón perdido del planeta de los simios

El estudio de los restos de la pequeña mona Laia, hallados en la zona de Can mata, en Cataluña, noreste de España, permiten identificar al animal como una hembra adulta de apenas cuatro a cinco kilogramos de peso que vivió hace 11,6 millones de años

Autor:

Juventud Rebelde

MADRID.— Descubierta en 2011, cuatro años después la pequeña mona Laia se incorpora a los anales de la ciencia como un inesperado eslabón entre la dos ramas de hominoideos separadas hace 17 millones de años, algo que debe obligar un nuevo enfoque de la evolución, destaca PL.

El estudio de sus restos hallados en la zona de Can mata, en el Hostalets de Pierola, en Cataluña, noreste de España, permiten identificar al animal como una hembra adulta (siete u ocho años) de apenas cuatro a cinco kilogramos de peso que vivió hace 11,6 millones de años.

La investigación, que partió de un esqueleto parcial, incluido partes del cráneo, dentadura y brazo izquierdo con articulaciones del codo y la muñeca, determinó que Laia era una mona trepadora, con una alimentación basada en frutos blandos.

Según los expertos, se trata de una especie de primate no identificada hasta ahora, bautizada como Pliobates cataloniae, del grupo de hominoideos, junto a los simios antropomorfos, anterior a la separación entre grandes simios y humanos.

El tamaño del espécimen hace pensar a los investigadores en un ancestro común de los hominoideos actuales más pequeño, y contrario a lo que se pensaba más parecido a los gibones que a los grandes simios.

El estudio del fósil hallado por expertos del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont indica que posee articulaciones y huesos de la muñeca similares a los hominoideos actuales, aunque su encefalización era similar al de los monos y gibones actuales e inferior a los grandes antropomorfos.

El autor principal del estudio, David Alba, estima que esa configuración estaría adaptada a un comportamiento trepador lento y cauteloso, el cual le permitiría colgarse de las ramas, pero no acrobáticamente como los grandes antropomorfos actuales ni los gibones.

En declaraciones al Servicio de Informaciones y Noticias Científicas (SINC), Alba aclaró que el hallazgo de numerosos restos fósiles de primates en los yacimientos de Can Mata no significa que los primates fuesen abundantes en esa zona.

Según su criterio, había distintas especies de diferentes grupos, pero poco abundantes con respecto al resto de componentes de la fauna, pues a ellos coresponde menos de un 0,5 por ciento de los 70 000 restos fósiles recuperados de 2002 a 2014.

En opinión de Alba, el hecho de haber encontrado primates del Mioceno en Cataluña y no en otros lugares de España se debe a condiciones geológicas y ambientales.

Cataluña -explicó en rueda de prensa para presentar el descubrimiento- era el extremo sur de una paleoprovincia centroeuropea, con clima más húmedo que el resto de la península ibérica y ello explica la existencia de estos primates.

Según el investigador Salvador Moyá-Solá, participante en el estudio, es de esperar que futuros hallazgos en el vertedero de Can Mata ayuden a aclarar cuál es el papel de los primates de pequeño tamaño en la evolución de los hominoideos.

La zona de Can Mata es considerada de gran riqueza paleontológica y en ella, recordó Alba, se han recuperado fósiles raros o infrecuentes de primates de menor densidad poblacional que otros mamíferos.

El descubrimiento de Laia se une a los más representativos hallados en esta zona como Pau (Pierolapithecus catalaunicus), otro ancestro de los humanos de unos 13 millones de años encontrado en 2002 en la misma zona, a unos 50 kilómetros de Barcelona.

Según los especialistas este lugar, considerado como un santuario de fósiles de simios, permitió preservar los restos gracias a la existencia de una fosa tectónica activa de rápido hundimiento, gracias a lo cual se llena de sedimentos con restos fósiles.

A esto se suma el ecosistema existente entonces con un ambiente favorable para el desarrollo de los primates y ello permite hallar muestras de 15 a ocho millones de años, un elemento importante para el análisis evolutivo.

El origen de este santuario de la paleontología tuvo su crecimiento, paradójicamente, con un proyecto de ampliación de un antiguo vertedero en una zona de unas 70 hectáreas donde se habían detectado depósitos del mioceno.

Ante la insistencia de los especialistas, las autoridades determinaron que los paleontólogos controlaran el proceso de ampliación del vertedero y supervisaran el trabajo de las máquinas excavadoras.

El hallazgo de Pau en 2002 fue relevante para convencer a los incrédulos del valor de esa zona como fuente de búsqueda para los investigadores que hurgan en el origen del hombre cuando todavía la Tierra podía considerarse el planeta de los simios.

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