Movilizado, y perdió la plaza...

 ...Mire que hay historias insólitas... Cuando uno piensa que lo ha visto todo en esta vida, siempre llega una carta que desafía la capacidad de asombro.

Hoy me escribe Gabriel Sánchez Leyva, vecino de calle Martí (baja) número 427, entre Jardín y Segunda, reparto 13 de Marzo, en Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba. Él me cuenta que laboraba como jefe de una brigada de estibadores en la Unidad Básica 606, encargada de la distribución de alimentos en ese municipio, cuando fue movilizado por la Reserva Militar. Y hacia allá fue, a cumplir su deber con la Patria.

Pero cuando retornó a su centro de trabajo, simplemente el jefe del almacén le comunicó que ya no podía continuar en esa plaza, pues la había perdido. «En la plaza que fui ubicado ahora el salario es de 50 pesos menos, enfatiza, y nadie me ha dado una explicación del porqué del cambio, si yo fui a cumplir con una misión que me dio la Patria (...). Me quejé personalmente con el director de la empresa, y todavía no he recibido respuesta, después de 19 días».

Aclara Gabriel que mientras se desempeñó como jefe de brigada, jamás se le criticó ni se le hicieron señalamientos por su proceder. Incluso, entre los trabajadores de la brigada ha cundido el desconcierto, pues ahora temen porque, si los movilizara la reserva, pudieran sufrir las mismas consecuencias.

A Gabriel le aconsejo que luche por sus derechos y haga su reclamación por la vía sindical. Ninguna administración puede vulnerar la legislación laboral de este país así como así. La plaza de un trabajador es algo muy sagrado. Siempre que no existan razones fundamentadas —y normadas mediante procesos disciplinarios y administrativos muy diáfanos— nadie puede deshacerse de alguien tan fácilmente. Mucho menos cuando el trabajador ha estado cumpliendo misiones de la defensa. Por ello, rogamos a la Dirección de Comercio en Palma Soriano que esclarezca este extraño suceso.

La segunda misiva es un reconocimiento, y la envía Alcides Fontaine Martínez, residente en el Edificio R, apartamento 8, reparto Pastorita de la ciudad de Cienfuegos.

Fontaine desea agradecer en nombre de muchas personas, la labor de Roberto y Joaquín Rodríguez, choferes del «medibús» que traslada a los pacientes desde esa sureña ciudad a instalaciones hospitalarias de la capital.

El lector destaca el buen trato, la solicitud y cordialidad de esos trabajadores, que se enfrentan a mil y una dificultades para cumplir con su deber.

«En varias ocasiones —precisa—, el equipo sufre averías en el camino y ellos no han vacilado en resolver la rotura, sin importarles la hora ni las precarias condiciones en que lo han hecho, para que los pacientes que viajamos no perdamos el turno médico».

El agradecido hombre también ensalza la solidaridad humana y excelente atención —virtudes tan necesarias en estos tiempos— de Marisela Cabrera y Alberto Suárez, oficinista y asistente, respectivamente, de la Base de Transporte de Atención a la Población que brinda el servicio del medibús.

Gracias por revelarlo, Fontaine. Gente como ellos sanan las heridas que deja la insensibilidad de otros.

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