Obstrucciones de conductoras

«Siento la sensación de que soy yo la que está molestando y no a mí a la que están molestando. Es como para cortarse las venas». Lo dice así, en buen cubano, María Gutiérrez Díaz, vecina de Fomento 73, entre carretera de Gibara y Línea, en la ciudad de Holguín.

La desesperación es la que dictó su carta: en la pasada sequía que afectó a esa región, el agua la llevaban a su barrio mediante pipas. Pero ahora que las presas se recuperaron y ya se pueden abrir los grifos, ni una gota entra. La tubería que llega de la red exterior se tupió.

María lo planteó en la asamblea de rendición de cuentas, y en la Dirección de Acueducto, adonde ha ido en incontables ocasiones. Le han prometido enviarle un inspector en tres ocasiones, y todavía lo está esperando.

Al fin, se entrevistó con la directora de Acueducto, y le explicó que en su casa viven tres ancianos: sus padres y ella misma. Y la funcionaria le pidió «que esperara unos “diítas”».

La persistente solicitó una autorización para acometer ella misma el empeño, pagándole a un plomero para que abriera la calle y destupiera la tubería. Pero se la denegaron, y le aclararon que si lo hacía le aplicarían una multa de 1 500 pesos.

Volvió a solicitar una entrevista con la funcionaria, y luego de que se la confirmaron con bastantes días de antelación, le manifestaron que no estaba, que volviera el próximo jueves. Y es por eso que la remitente expresa que tiene esa sensación de que ya está molestando. Mientras tanto, sigue obstruida la tubería, como tupida está la solución al caso.

No menos calamitosa es la historia de Dulce María Lay, vecina de avenida 61 número 9406, entre 94 y 94ª, en el barrio capitalino de Pogolotti. Hace más de seis meses ella está luchando con un problema que ya la tiene al borde del ataque de nervios.

Hay una tupición muy seria en los conductos de la alcantarilla que queda dentro de la casa, específicamente en el patio. La misma revienta a menudo de aguas albañales, con el consiguiente peligro para esa familia.

Dulce María ha perdido la cuenta de las veces que ha acudido a las oficinas de Aguas de La Habana, a más de que también lo ha planteado alguna que otra vez en el Gobierno municipal de Marianao, asegura.

La orden de trabajo data del 14 de julio de 2006, y aún no se ha hecho nada. «Cada vez que voy a las oficinas de Aguas de La Habana en Marianao —señala—, la compañera me dice que ya entregó mi orden. Y cuando no es que el carro no entró, que hubo problemas en otro consejo popular , y así sucesivamente».

Lo más curioso es que en dos ocasiones ha salido en la computadora que el trabajo ya se hizo. El 3 de octubre pasado llamó allí, y la compañera le volvió a decir que su caso aparecía como resuelto desde el 30 de septiembre de 2006. El 5 de octubre volvió a llamar, y le aseguraron que ya habían hecho la reclamación,que esperara.

El 13 de octubre llamó de nuevo y el funcionario con quien habló le prometió que le iba a enviar un inspector, el cual nunca había aparecido hasta el 19 de octubre, día en que Dulce María decidió escribirme. «¡Por favor!, ¿qué hago?», refleja la lectora, ya en el cénit de la desesperación.

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