De a Pepe…

Seamos tolerantes o respetuosos del prójimo, los pepes cargamos con la impronta de impositivos, si nos atenemos a la popular frase, que denota la tendencia a campear por la fuerza. Pero no hay que llamarse José para revelar ese estilo en la vida pública.

Me escriben 17 vecinos del edificio situado en Corrales 684, entre Carmen y Figura, en La Habana Vieja, encabezados por María del R. Ramón Martínez, para narrar una historia insólita, de apropiación forzosa de los espacios.

Y cuentan que el área común de ese inmueble «ha sido tomada sin el consentimiento de los vecinos por la unidad de gastronomía Las Maravillas, de Monte entre Carmen y Figuras: perforando la pared colindante, poniendo una puerta, luego ubicando un centro de elaboración y ahora un punto de venta; impidiendo el acceso a nuestra área por Corrales, como está en los planos del edificio».

Ellos reclaman que la unidad retire el punto de venta, la cocina y el horno que, con esa intromisión, están perjudicando con vapores, calores y olores a las habitaciones de la vivienda más cercana.

Como ese inmueble está sometido a reparación por la Micro Social de La Habana Vieja, los inquilinos necesitan recuperar sus espacios del área común y tapiar la pared; para retomar el acceso por Corrales y poder accionar el motor impulsor del agua.

No aclaran qué gestiones han emprendido, pero recalcan que antes de escribir, han agotado todas las posibilidades. Entonces, no me queda otra salida que comentar: Si cada quien decide usurpar espacios ajenos ...¿qué sucedería? ¿De a Pepe o de a Las Maravillas?

Pero a Clara Elena Guerra también le han asaltado, pero de engaños y maltratos, allá en el batey del complejo agroindustrial Héctor Rodríguez, número 19, Sitiecito, en el municipio villaclareño de Sagua la Grande.

Cuenta ella que la casa donde reside con su mamá está en muy malas condiciones. Y con las intensas lluvias de la temporada ciclónica de 2005, se le vino abajo el techo de tejas. Mediante el delegado y el Consejo Popular, le asignaron un techo de zinc al menos, para más tarde, con las tejas recuperadas, hacer trabajos mayores.

Pasados unos meses le avisaron que ya podía recoger el zinc y se presentó en Arquitectura y urbanismo de Sagua la Grande. El 9 de febrero de 2006 le cobraron por ese concepto 284 pesos con 30 centavos. Le entregaron el recibo de pago 073 y le dijeron que esa suma incluía los trabajos de instalación.

Ese mismo día fue al almacén y le dijeron que se había acabado. Así, increíblemente, el 18 de abril pasado, cuando Clara Elena me escribió, aún no había aparecido el techo de zinc, a pesar de que ella se ha mantenido insistiendo.

«¿Podemos catalogar esto como un robo, una estafa, un engaño; o simplemente un desvío de recursos con robo y estafa al mismo tiempo?», cuestiona Clara Elena. Y este redactor quisiera decir tantas cosas, que apenas pregunta: ¿De a Pepe o de a Arquitectura y Urbanismo?

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