La luz que en su cuenta arde

Pudiera ser el mal de otros lo que padece Aymeé González, de calle 19 número 1325, apartamento 23, esquina a 24, en el municipio capitalino de Plaza: el 18 de agosto pasado «el recibo de la luz» le llegó con un importe excesivo: 101,20 pesos, teniendo en cuenta que el del mes anterior era de 41,60 pesos. Y desde entonces no ha habido aumento significativo del consumo eléctrico, pues se mantienen con un televisor, un refrigerador, dos ventiladores, una lavadora que se usa cada 10 o 15 días, una batidora y un aire acondicionado que no se utiliza por estar defectuoso.

Se presentaron en las oficinas de la Empresa Eléctrica en calle 12, entre 19 y 21, para reclamar, y allí les dijeron que debían pagar primero. Al otro día, mostraron allí mismo los cobros del año en curso y de parte del anterior: indican un promedio mensual de 40 pesos. Alertaron que la cifra elevada coincide con el cambio del metro contador el mes anterior. Les reiteraron que debían pagar y después iría un inspector para evaluar en el terreno.

Pagaron, y el inspector no se presentó el día indicado, ni en todo el mes. Les prometieron de nuevo visitarlos e incumplieron una vez más. Previamente, los afectados habían llamado a las oficinas provinciales de la Empresa Eléctrica. Allí les comunicaron que esa entidad tenía un plazo establecido de 30 días para enviar el inspector, ellos tramitarían la queja. ¡Qué sorpresa el 21 de septiembre!: el aviso de consumo del nuevo mes registraba ¡142,60 pesos!

Se comunicaron con la Empresa Provincial, y allí les aseguraron que se ocuparían del caso. Una vez más. El 23 de septiembre los clientes volvieron a las oficinas municipales, y, una vez más prometieron visitarlos: ese mismo día o el siguiente. Todavía los están esperando... «¿Por qué la Empresa no cumple con sus obligaciones y sí presiona para que se efectúe el pago en el plazo establecido?», pregunta Aymeé.

Esperan por respuesta

Cuando se trata del combustible para cocinar, sea el que fuere, cualquier irregularidad debe ser atendida. Se está hablando del alimento de una familia; como lo es el caso denunciado en carta por Maritza del Rosario Vázquez, vecina de Avenida Quinta número 2, entre 88 y 90, Boca Mariel, en la provincia de La Habana. Cuenta la remitente que hace alrededor de siete u ocho meses que en ese territorio no abastecen de keroseno y alcohol a las personas que cocinan aún con esos combustibles. «Nadie sabe por qué no se entrega, y usted preguntará: ¿Cómo se las arreglan? Pues inventando con carbón, o en casa de vecinos que ya han recibido sus módulos eléctricos», afirma. Maritza considera que esos consumidores merecen una explicación esclarecedora del por qué han permanecido tanto tiempo sin lo que requieren para cocinar.

Un tanque amenaza...

Muy cerca de la redacción de Juventud Rebelde, un sexagenario tanque de agua agoniza, y amenaza con desplomarse un día, sin que se hayan tomado medidas definitivas. La denuncia la hace Teresa Gutiérrez Hernández, vecina de San Pablo 464, entre Coco y Clavel, en el municipio capitalino del Cerro, y la suscriben 21 vecinos más de la cuadra, que residen frente a la Embotelladora Caribe (antigua Materva). Esa fábrica tiene un tanque de agua elevado, con gran capacidad y en pésimas condiciones, que data de la fecha de construcción de la industria, alrededor de 1940. En 1987 la tapa del mismo, que pesaba varias toneladas, se cayó con unos simples vientos y ni siquiera era temporada ciclónica. Por suerte, no afectó a nadie. Cada vez que se acerca un huracán, señala Teresa, la solución que encuentran para el corroído tanque, es llenarlo de agua hasta el tope. Pero ya ahora tiene salideros.

En el 2005 Teresa escribió a la Empresa de Bebidas y Licores, y la decisión fue repararlo. «Le pasaron la mano y lo pintaron en parte, sin tocar las patas ni hacerles nada a las mismas. Ya está oxidado de nuevo». Actualmente, la solución es evacuar a los vecinos, sin prever las pérdidas materiales, tanto para estos como para la propia fábrica, con huracanes que son mucho más poderosos y destructores que los de años atrás. Es inconcebible que tamaño peligro, que tiene en vilo a los vecinos, no haya sido erradicado de una u otra forma. ¿A qué se espera?

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