Nunca llegó...

Edgar Jerez (Mártires de Vietnam 291, Manzanillo, Granma) se encontraba de visita con su familia en la capital. El 9 de julio, a las 4:30 p.m., solicitó el servicio de un auto Panataxi, para que los recogiera a las 7:45 p.m. en el edificio Girón, de Malecón y F, en el Vedado, y los llevara a la Terminal de Ómnibus Nacionales: debían viajar de regreso a su ciudad esa noche, y la hora tope de rectificar sus boletines era las 8:30 p.m. La operadora que les atendió amablemente al teléfono, les aseguró que el vehículo estaría a la hora acordada. Pero al ver que no llegaba el taxi, cerca de las 8:00 pm., Edgar comenzó a llamar a la agencia para reclamar. Desde entonces, y hasta las 8:20 pm., del lado de allá del auricular se escuchaba una grabación que decía: «Nuestras operadoras no pueden atenderlo en estos momentos, pruebe más tarde». Desesperado, Edgar salió a la calle, y luego de muchos intentos, tuvo que convencer al conductor de un auto particular, y pagarle 5.00 CUC, para que los llevara hasta la Terminal. Según pudo verificar telefónicamente, minutos antes de abordar el ómnibus hacia Manzanillo, el taxi solicitado nunca llegó. «Es muy lamentable que esto ocurra en una empresa socialista, cuya razón de ser es brindar un servicio de calidad, que se cobra además en divisas, una erogación que puede ser penosa para muchas personas sin suficientes ingresos», manifiesta Edgar, no sin antes recordar el eslogan que, pronunciado por una grata voz femenina, te recibe del lado de allá del auricular, cuando llamas para solicitar ese servicio: «Panataxi, nacida con los campeones...».

Gracias: Osiris M. Vinent nunca olvidará a los médicos y paramédicos del Hospital Infantil Sur, antigua Colonia española, de la ciudad de Santiago de Cuba, que el 26 de junio pasado batallaron con su hijita de solo 7 años, y la sacaron de un estado de apnea en que cayó, mientras la operaban de estrabismo. Eternamente agradecida estará de la doctora Nadia Iglesias, los técnicos Yasmany, Virgen y Yoel, la dulce enfermera Elizabeth, el doctor anestesista Yende y su técnica Maritza Leyva, y los oftalmólogos María Emilia Fernández y Leonardo Pérez. «Que sigan siendo cada vez más humanos», sentencia.

El año que viene... ¿cuándo?: Sara Irma Jiménez (Camilo Cienfuegos H5, Siguaney, Taguasco, Sancti Spíritus) se mudó el 28 de julio de 2008 para esa dirección, desde Caimanera, provincia de Guantánamo. Entonces solicitó el traslado de su teléfono, y estas son las santas horas que no le han instalado el servicio. «Todos los meses me suelen decir que el mes que viene le dan solución a mi problema», escribe molesta Sara Irma, sin entender nada del porqué. ¿ETECSA podría explicar?

Se puede: ¿Catorce pesos el cake? Bah, eso debe estar incomible, pensó Miriam Fernández (Calle 57, número 5812, Playa, Ciudad de La Habana) el pasado 16 de julio, cuando ya no le quedaba más tiempo ni dinero para festejar el cumpleaños de su abuelo. Allí estaba la interrogante sobre un mostrador, en la dulcería-panadería El Bamby, ubicada en La Rosa y 26, Plaza de la Revolución. El descubrimiento fue cuando el viejo cortó la torta en la casa, ante los ojos de todos los familiares. Aquello era una delicia: masa suave y esponjosa, merengue exquisito. Fresco, sabroso. Y no hubo que pagarlo en CUC. Miriam felicita a los trabajadores y directivos de Bamby, y espera que no haya sido un azar, una chiripa. Entonces, ¿se puede o no? No se puede cuando no se quiere; o más bien cuando se quieren otras cosas, y se obtienen a costa de engañar al consumidor. Bien por Bamby.

Por unos tubos de barro: Blanca García Hernández (Constitución 105, entre Máximo Gómez y Gabriel García, Guáimaro, Camaguey) es damnificada de los feroces huracanes de 2008. Su casa sufrió un derrumbe parcial, y aún no ha recibido nada para restañar esas averías. Pero ella comprende, por encima de su propio drama, que hay muchos más que están en peores condiciones. «Aún tenemos una parte de la casa para vivir». Pero lo que sí no comprende es por qué no puede resolver el grave problema de la fosa, dañada a raíz de los ciclones por el derrumbe de árboles contiguos, ya inservible. Todo es un peloteo mientras ellos sufren. Y todo se resolvería sencillamente con unos metros de tubos de barro al menos; barro que se hace con la tierra que nos ve nacer...

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