Sin subsidio ni explicaciones

Lo peor de todo, en ciertas historias que se reflejan aquí, no es la falta de recursos o el inevitable impedimento objetivo. No, lo imperdonable es ese estilo autoritario, ciego y sordo al problema humano, de tomar decisiones drásticas y ni siquiera explicarle al afectado. Pasar una raya sobre un nombre y ya.

Félix Revilla Castillo me escribe sumamente adolorido, desde Calle 12 No. 97, entre 7 y 14, en el reparto Mármol, de Santiago de Cuba. Y cuenta que la madre de sus dos hijos, Miosotis Hechavarría, vive con ellos y su propia madre, ya mayor y enferma, en una vivienda en muy mal estado, sita en Brigadier Marrero No. 50, entre Calvario y Maceo, en esa ciudad.

Miosotis se vio precisada a dejar su trabajo, por problemas de salud, y es beneficiaria de la Asistencia Social. Por su vulnerabilidad económica, y ante la necesidad urgente de pasarle la mano a la casa, solicitó un subsidio para repararla. Y le fue concedido por la comisión designada para ello, luego de ingentes esfuerzos, ya que siempre faltaba algo: o una firma, o que el Banco Popular de Ahorro (BPA) notificara que faltaba un nombre o algún que otro apellido de los funcionarios correspondientes…

Ya en el centro de distribución de los materiales, la primera vez le entregaron 65 metros lineales de cabilla de media pulgada, un fregadero, dos toalleros, cables eléctricos, dos jaboneras y el módulo de piezas del tanque del servicio sanitario.

Eso fue todo. Entonces no había en existencia otro tipo de materiales asignados para los subsidios, aunque sí para la venta liberada a la población. Pero Miosotis tiene precisamente subsidio, porque no tiene posibilidades económicas de pagarlos…

A la semana siguiente volvieron al sitio de distribución a solicitar las ventanas, las puertas y las luminarias interiores. Y para su asombro, en el Banco le informaron que ese subsidio había sido detenido por una carta enviada por el Consejo de la Administración Municipal, en la cual no explicaban siquiera el porqué.

Félix cuestiona: «¿Por qué motivo fue cancelado o detenido ese subsidio? ¿Puede alguien, tenga la responsabilidad que tenga, detener un proceso que hasta la fecha marcha bien, pese a sus altas y bajas?».

Lo más triste de todo es que ningún funcionario del Poder Popular municipal se ha dirigido a esta familia para informarle que el referido subsidio fue cancelado, y por qué. ¿Son esos los métodos en nuestra sociedad?

Ojos que te vieron ir...

Blaudina Bientz Urquía es viuda; vive en la zona montañosa El Carmen, en el municipio holguinero de Sagua de Tánamo con su hija y dos nietos. Entre su chequera y el salario de su hija, los ingresos del hogar totalizan 450 pesos.

En 2008, el huracán Ike le derribó la casa y le levantaron una facilidad temporal. En mayo de 2009, después de varios trámites, le entregaron la orden de construcción de su nueva vivienda, el proyecto estatal de reposición, con la correspondiente memoria descriptiva. Le dieron el plano y la certificación de regulación urbanística.

Meses después fue una brigada a hacer los dados de la cimentación, con la ayuda de la comunidad. Llevaron la madera y encofraron la zapata. Dejaron una caja de clavos… y nunca más volvieron.

Con el tiempo y a la intemperie, la madera se destruyó. Pero Blaudina y su hija no han cejado en insistir con la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda, el delegado, el presidente del Consejo Popular. «Su casa se hará un día de estos, o el año que viene», es siempre la respuesta. También le han informado que no hay transporte para trasladar los materiales.

Cuando el Gobierno cubano aprobó la facilitación de subsidios para esas labores, Blaudina fue a la Dirección Municipal de la Vivienda a solicitarlo. Y le dijeron que su casa se la tenía que hacer el Gobierno.

Blaudina no ve la luz de la esperanza. Por el mal estado en que se encuentra la facilidad temporal, corriendo el riesgo de caerse, ha sufrido pérdidas por deterioro de sus bienes, como colchones, armarios y ropas.

Ella sabe cuán grave es el problema de vivienda en el país, pero su expediente lleva tres años. Y una facilidad temporal se explica por sí misma: temporal. Pero, sobre todo, está el compromiso con una familia damnificada, que no se abandona así como así.

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