Sin tierra y sin retiro

La voz gastada de Roberto Cruz Bazulto casi puede adivinarse en las escuetas líneas que nos envía. «Campesino de la finca Río, batey Corojo Línea», así, sin más, se define. Y a renglón seguido aclara los puntos cardinales: miembro de la cooperativa de crédito y servicio (CCS) Reimundo Martínez, poblado de Gaspar, municipio avileño de Baraguá.

Desde el 1ro. de enero de 2011 Roberto inició los trámites para retirarse y obtener la correspondiente pensión. Entregó una caballería de tierra (13,42 hectáreas), llenó modelos, buscó firmas, narra. Siguió las indicaciones de la asesora jurídica de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños a nivel municipal y, supuestamente, su expediente quedó listo para «elevarse» a quienes debían poner los cuños conclusivos del asunto.

Pero después todo han sido dilaciones, espera en la incertidumbre, sin tierra y sin dinero. «He ido varias veces a preguntar por el retiro y me informan que el Ministerio de la Agricultura no ha dado respuesta», comenta el veterano.

Los 72 años en sus espaldas, los problemas cardiacos y de la vista, la sensación de que su tiempo y su trabajo no están siendo valorados, hincan sin cesar a Roberto. Él y su esposa ya no pueden vivir solos, por tanto están en la casa de su yerno —Jacinto Jorge Martínez Marrero—, en calle Línea No. 12, en el propio Gaspar. Allí esperan una respuesta.

De la materia prima y la inmundicia

El problema comenzó unos años atrás, cuando en la esquina de su casa situaron un punto de materia prima. No porque recoger materia prima sea malo en sí mismo, sino porque el establecimiento se tornó rápidamente hogar de cucarachas, ratones, insectos, con los remanentes que estos dejan a su paso. Juan Carlos Cabrera Chang (calle 11, No. 67, Rpto. Frank País, municipio de Contramaestre, Santiago de Cuba), vecino cercano al controvertido punto, comenzó a ver entonces cómo el sitio y la actividad asociada a él traían otras dolencias mayores...

Camiones pesados comenzaron a parquear en la calle para cargar la materia prima que se iban acumulando. Pero la arteria, al parecer no apta para el tonelaje de estos transportes, empezó a agrietarse, relata el santiaguero.

«Hace unos meses se derrumbó la acera y bloqueó el desagüe, por lo que las aguas comenzaron a salir por el frente de mi casa y las de mi vecino. Sumado a esto, vecinos inconscientes han conectado (al alcantarillado) el desagüe de baños, lo que hace más crítica la situación», precisa el remitente.

Y agrega: «Se lo planteamos al Delegado y a la compañera que atiende las quejas de la población en el Gobierno Municipal. Se presentó una comisión y después de mucho discutir y pasarse la “papa” caliente vinieron unos compañeros de Comunales, pusieron un tubo en la parte del derrumbe y no sellaron el hueco porque, según ellos, eso le correspondía a Viales».

Los camiones han continuado llegando después del arreglo a medias, narra el lector. El desagüe ha vuelto a bloquearse, la calle ha seguido hundiéndose y ahora por el frente de la casa de Juan Carlos y de su vecino corre libremente el agua maloliente.

«Ya lo hemos reportado a Higiene, al Gobierno Municipal, a Acueducto. Lo sabe el Delegado, llevamos más de cuatro semanas en esto y no sabemos a quién dirigirnos para que nos den una solución», sostiene.

Y junto a su misiva, envía este cubano fotos que atestiguan lo narrado. Curiosamente su calle es, según nos describe, bastante céntrica, a una cuadra del parque central, cercana a una cremería…

Tal vez a alguien pudieran parecerle reiterativos los casos que publicamos con alertas, casi desesperados, por implementar mecanismos eficientes y sostenibles de limpieza e higienización. Pero las epidemias no esperan por las conduermas burocráticas. Recursos que no se inviertan hoy en limpiar, tendrán que invertirse mañana, duplicados, en curar. ¿Por qué hay que llegar a tanto?

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