Con el esófago y con el corazón

«Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí». Con estas letras de mármol del genio José Julián quiero iniciar nuestro diálogo de hoy porque, tal vez, entre esas verdades esenciales que intentó susurrarnos el Cubano Inmenso está la bondad como principio de todo. Así, cada vez que en Acuse hemos convocado a la capacidad humana de darse, los resultados conmueven.

Hace exactamente una semana publicamos el caso de Marlon Raúl Gámiz Reyes (calle 7ma., No. 18, Central Simón Bolívar, CP: 64190, Yaguajay, Sancti Spíritus), quien solicitaba ayuda para enfrentar el silencio a que lo había condenado una operación de cáncer de laringe. Buscaba el espirituano alguna orientación en torno a cómo conseguir un vibrador electrónico que lo ayudara a recuperar el sonido; pues siempre se había desempeñado en cuestiones como la docencia, la promoción y la locución. Hoy este redactor quiere compartir dos mensajes que nos llegaron al respecto.

... «Soy maestro de profesión, graduado de Historia y Ciencias Sociales y hace 18 años fui operado de un cáncer laríngeo y hoy laboro en la Universidad de Ciencias Pedagógicas de Santiago de Cuba. Yo tuve la posibilidad de conseguir una laringe electrónica, que si bien ayudó, también me creó un inconveniente, pues no me obligó a empeñarme en aprender a hablar con el esófago, más o menos como hacen los ventrílocuos. Creo que mi mejor consejo para Marlon es que vaya a una consulta de Foniatría, que debe estar en el Hospital Provincial en Sancti Spíritus, y consulte a los especialistas.

«El principio es vocalizar sonidos mientras se “eructa” (disculpe la palabra), la idea es dar flexibilidad al esófago de forma tal que se mueva y cuando con aire dentro se provoque el eructo, se emitan las palabras. Se comienza con las sílabas PA, TA, MA y se van agregando hasta formar palabras, todo es ejercicio. En el momento del eructo se contiene la respiración.

«Conozco personas aquí en Santiago que hablan de forma fluida, incluso uno de ellos es un hombre de más de 70 años, que es “pregonero” (vendedor ambulante) en la calle. Las laringes electrónicas son muy caras, sobrepasan los 700 USD y si se usa para lo que infiero que quiere Marlon Raúl, no le va a durar ni dos años, lo digo por experiencia y luego empieza el problema de las baterías, que son más caras aun si es un equipo especializado de la Servox (Alemania), por ejemplo, que valen fuera de Cuba más de 50 USD. Los otros usan baterías de 9 V, que en las TRD cuestan 2,50 CUC y duran unos 12 días, por lo que lo ideal sería tratar de comprar una recargable cuyo costo es de unos 9 CUC, pero son difíciles de conseguir y las que se venden aquí son de muy poca potencia y calidad. (…) No siempre el país puede asumir esos gastos, aunque me considero un hombre afortunado, pues el Ministerio de Salud me ayudó en oportunidades con las baterías, a sabiendas de su costo. Esta reflexión de hoy la hago a la luz de la experiencia, al principio hubiera hecho lo mismo que Marlon Raúl.

«Lo segundo es enseñar a las personas a leer los labios, en eso lo puede ayudar cualquier intérprete de la Ansoc. Para ello la persona que habla solo tiene que articular bien y la que recibe el mensaje mirar el movimiento de los labios. Tengo argumentos para esta afirmación porque lo logro con una persona con retraso mental grave... Perdone si me extendí, pero creo que esto puede ser útil a muchas otras personas». Rubén Font Hernández (Edif. 85. Escalera B. Apto. 9. Micro III, Rpto. A. Santamaría, Santiago de Cuba).

El segundo mensaje llega desde la capital. Lo envía María Clara Castro Acosta (Pezuela No. 504, e/28 y final, Cojímar, La Habana del Este).

...«Ciertamente leí el artículo anoche y enseguida fui a casa de mi papá, que tiene 78 años y también está operado de lo mismo desde el 2009, pero nunca utilizó el equipo, ya que lo enseñaron a hablar con el estómago.

«Le di a leer el artículo y su reacción fue la que sabía que tendría: se levantó, abrió la puerta del escaparate y me sacó el Electrolaringe y me dijo: “mira ver cómo se lo puedes hacer llegar”. Le di un beso y las gracias, por tener un padre con valores que lo enaltecen, y en nombre de Marlon Raúl. Esto se lo comunico no para que lo publiquen, no nos gusta eso, pero para que sepan que Marlon podrá volverse a comunicar oralmente. Haré las gestiones con el periódico Escambray y con la Contraloría de la provincia para ver cómo se lo puedo hacer llegar lo antes posible, ya que no tengo teléfono donde localizarlo. Saludos fraternales María Clara (Teléfono del trabajo 8362753)». Contactamos después con María Clara, le agradecimos y le pedimos, por favor, nos dejara publicar su texto. Ella, en humilde afán de justicia, nos dijo que cualquier agradecimiento era para su papá: José Ramón Castro Uranga.

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