Sobre el módulo y el papeleo

A su agradecimiento por las atenciones recibidas como madre cuidadora de una muchacha con parálisis cerebral infantil, la tunera María del Rosario Cuervo Torres (Patricio Lumumba No. 48, reparto La Carretera, Amancio) unía algunas dudas en cuanto a los papeles que debe llenar y la frecuencia con que ha de recibir el módulo asignado estatalmente para casos como el suyo.

«No he entregado unos y ya me están solicitando otros», refería la remitente, en carta que publicamos el 11 de julio pasado, en alusión a los documentos que debía completar para la fundamentación de la asistencia a su hija. Sus inquietudes eran compartidas por otra madre cuidadora de la zona.

Al respecto contesta Ricardo Cisnero Recio, director de la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía en Amancio. «A la compañera se le explicó que por indicación del Ministerio, el módulo de paciente postrado se establece dos veces al año, uno en el primer semestre y el otro en el segundo; los cuales se sitúan en las unidades habilitadas para ello, de acuerdo con las disponibilidades y previa indicación del mismo Ministerio. En cuanto a su venta podemos decir que (…) se oferta una toalla, dos metros de tela antiséptica, un metro de hule sanitario y 12 jabones de lavar».

Añade el directivo que considerando los señalamientos detectados durante la investigación, la comisión apreció la queja «con razón», aunque la función de las unidades de comercio es vender los productos del módulo en los establecimientos habilitados para ello.

Agradezco la respuesta del Director municipal y el hecho de que ya María del Rosario esté más informada con respecto a sus inquietudes. Aunque hay cuestiones que no corresponden a Comercio, hubiera sido oportuno que la contestación abundara en las causas de la desinformación de la madre cuidadora. ¿Quién debía comunicarle los procedimientos y no lo hizo? ¿Qué podrá hacerse al respecto para garantizar que no ocurra nuevamente?

Lo hemos dicho en otras ocasiones, no hay que extenderse en palabras sin necesidad, pero sí aportar los datos y argumentos que hagan más diáfana la comprensión de los problemas. Dialogar, de eso se trata.

El fuido de la amabilidad

Y hablando de módulos, precisamente en la tienda El Módulo, perteneciente a la cadena TRD en Ciego de Ávila, Magalys Toledo y su esposo (Hermanos González No. 940, Morón) recibieron un trato tan gentil que no quieren dejar de reconocerlo. Sucedió el pasado 7 de octubre. Cuenta Magalys que cuando llegaron al establecimiento no había fluido eléctrico, y aun así, «los trabajadores hacían derroche de amabilidad y cortesía, y buscaban alternativas para no interrumpir la venta y que esta se realizara con la calidad requerida». Es deseo de la remitente que su agradecimiento llegue a todos los empleados de la unidad, especialmente a las compañeras Iliana y Eilén.

Bajar de un quinto piso

Giraldo Morales Gómez (Loma No. 60, entre C y D, Rpto. Mendoza, La Güinera, Arroyo Naranjo) escribe para exponer el problema que aqueja a su tía Zoe Gómez Díaz y su esposo, de 78 y 76 años, respectivamente. Él es diabético, hipertenso, ya no ve y, por tanto, camina con mucha dificultad.

Con esta situación, apunta el sobrino, ellos viven en un quinto piso (Ave. del Palmar No. 717, Apto. 32, entre Ave. Norte y Ave. La Ceiba, Casino Deportivo, Cerro), por lo que atraviesan muchas penurias para desarrollar cualquier actividad cotidiana, incluso ir al médico.

La veterana pareja ha hecho múltiples gestiones para que los ayuden a cambiar de vivienda hacia una planta baja, pero nada ha fructificado.

Su apartamento —indica el remitente— es de dos cuartos, sala comedor, baño, cocina y balcón, en buen estado constructivo, y desean cambiarlo, incluso perdiendo un cuarto, por otro a ras de tierra que esté igualmente en buenas condiciones. ¿No se podrá articular algún mecanismo para otorgar el de ellos a otros beneficiados de la ayuda social y poner en mejores condiciones de vida a estos ancianos?, se pregunta Giraldo.

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