Oídos para su reclamo

Ester María de la Gala González (Libertad  2,  apto 3, entre Marcial Gómez y Honorato  Castillo, Ciego de Ávila), es una profesora jubilada, sola y sin hijos, que sufre serios problemas de audición hace años, sin que al respecto pueda acceder a una prótesis para seguir escuchando los sonidos de la existencia, de manera que no se aísle en el silencio.

Refiere ella que el médico otorrino le hizo una audiometría en 1998, y diagnosticó su insuficiencia auditiva. Luego de varios meses para ver a la audióloga que existía en la provincia, esta le prescribió una prótesis al respecto, y le dio una orden para la defectóloga del policlínico, quien la anotó en una larga lista que ella controlaba.

Al cabo de varios meses, le avisaron, y en el Centro Auditivo de Ciego pudo alcanzar el ansiado aparatico y sus pilas correspondientes. Desde entonces, su situación auditiva mejoró bastante. Pero, como todo es perecedero, en 2012 el artefacto dejó de funcionar. Y ahí comenzó su calvario.

Varios meses después, pudo atenderse con el audiólogo de entonces, el cual la remitió a una audiometría. Al fin pudo ver al doctor Ramón (no recuerda su apellido), el cual la anotó en una larga lista y le dio turno para el Centro Auditivo.

El día del turno, el doctor la atendió muy amablemente, pero le alertó que las prótesis en existencia eran de mayor amplificación, y no servían para su padecimiento. Necesitaba una de menor graduación, y él quedó en avisarle cuando entraran.

Desde 2012 Ester María espera por su aparatico. Su vida se ha entorpecido ostensiblemente. Tuvo que cambiar el teléfono por otro que sonara más alto. Desestimó el timbre de la calle, pues percibe mejor cuando tocan a la puerta, y fuertemente. Cuando ve la televisión tiene que usar un audífono común conectado a un radio que capte por FM la señal auditiva de Cubavisión y Tele Rebelde al menos, porque los demás canales no se escuchan por esa vía. Y ya ha tenido que comprar cuatro audífonos, debido a su baja calidad.

«Tuve que dejar Educación y la Sede Universitaria, afirma, donde trabajé toda mi vida, y donde se me presentaron varios contratos. Tengo necesidad de salir a la calle y resolver los problemas que se me presentan en la casa, desde comprar  el pan y la comida, visitar talleres  para  las roturas de los equipos eléctricos, al Banco o al  médico.

«En todo este tiempo desde 2012, el doctor Ramón (audiólogo) fue a cumplir una misión y esta especialidad se quedó sin facultativo, hasta que pusieron a la doctora Yoalkis, a la cual logré ver en el Centro Auditivo y me repitió lo mismo: tenía que esperar a que entraran equipos de menor amplificación.

«Hace más de cuatro años que estoy sin ese equipo y en el Centro Auditivo, donde voy todos los meses a preguntar, me responden lo mismo: que han entrado algunos que son de muy alta audición, y tengo que esperar.

«Me pregunto si en el país hay cristales para espejuelos de distintas graduaciones, ya que todas las personas no tienen las mismas necesidades en la visión, por qué razón el Ministerio de Salud Pública no acaba de resolver este problema para los discapacitados que presentan  esta situación, que no sé si es de carácter nacional o es de este territorio.

«Al igual que yo, hay decenas de personas de la tercera  edad que necesitamos mejorar la calidad de nuestras vidas. Solicitamos una explicación y, por supuesto, una solución», concluye Ester María, quien requiere oídos para su reclamo, que puede ser el de muchos.

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