Héctor Jesús: 2,13 y el Infinito

Con caligrafía conmovida de agradecimiento puro, escribe, desde calle 15B, No. 24B20, entre 24B y 24C, en Torriente, Jagüey Grande, Matanzas, Yailín Mustelier Ivonnet. «Sé que mi carta es algo amplia», se excusa de antemano, pero más grande es, dice, lo que tiene que contar.

Fueron casi cinco meses de batalla y angustia. El 2 de noviembre de 2016 ingresó ella, avanzada su gestación, en el Hospital Materno Hijas de Galicia, en 10 de Octubre, y había riesgo para la criatura.

«Allí, en la Sala de Prenatales dirigieron hacia mí los médicos y enfermeros todos los cuidados, hasta el día 17, en que me hicieron la cesárea urgente por pérdida de líquido y maduración de la placenta. No contaban con la vida de mi bebé. Apenas se escuchó su llanto. Pesó 2,13 libras», evoca la mamá.

De inmediato el pequeñuelo fue atendido en la Sala de Neonatología, «donde le salvaron la vida luego de tantas complicaciones, entre ellas un PCA (soplo) que le impedía que la sangre llegara con fuerza al sistema digestivo. Con solo 1 600 gramos fue trasladado al Cardiocentro William Soler, donde fue sometido a una operación por el doctor Naranjo, el 3 de febrero de 2017. Gracias a Dios, todo salió bien. Por primera vez lo sostuve en mis brazos», recuerda la joven.

Quince días después, mamá y niño regresaron al hospital materno, a la Sala 14, para que él aumentara de peso. «La estancia allí fue superagradable. El 15 de marzo ya mi bebé había alcanzado el peso (2 500 gramos) y nos dieron el alta. Muy a tiempo llegó la ambulancia que ya habían coordinado con el PAMI provincial, a quienes también quisiera llegara este agradecimiento.

«Hoy puedo reír y disfrutar de Héctor Jesús Guibert Mustelier, así se llama mi bebé. ¡Gracias a todos por tanto amor, preocupación y bondad», enfatiza la remitente. Y no quiere que se le quede sin destacar, especialmente, el recuerdo de la doctora Gisela y los trabajadores bajo su mando en el servicio de Neonatología, quienes hicieron crecer, literalmente, a su criatura. «A todos los llevo en el corazón», concluye.

Esperando el terreno

La capitalina Yudima de la Caridad Céspedes Ramos (Edif. H-10, Apto. 25, Zona 12, La Habana del Este) afronta desde 1995 problemas de hacinamiento en su vivienda. En ese mismo año, evoca, se abrió su expediente como caso social y, en Planificación Física, le abrieron otro, para otorgarle un terreno.

«En noviembre de 2016 fui a ver al Director de Vivienda (no aclara si municipal o provincial), el compañero Ramón, quien me mandó a ver a la compañera Ana María, la presidenta del Gobierno, ya que referían que se me había entregado un terreno. Cuando la secretaria me buscó en el listado de la computadora, mi nombre aparecía marcado en color verde; (evidencia de que) efectivamente se me había dado un terreno, lo cual no es cierto (…), yo sigo en las mismas», se duele la capitalina.

Y se cuestiona si el terreno de marras ciertamente se otorgó a alguien, a quién fue y bajo qué preceptos se tomó esa decisión, mientras se informaba y dejaba constancia de otra cosa.

Yudima vive en un apartamento de dos cuartos con sus padres, su hermano de 41 años, sus tres hijos (dos hembras y un varón) y un pequeño nieto de tan solo un añito de vida.

Aunque la carta pudiera haber abundado en otros detalles e itinerarios del problema, lo expuesto basta para que se aclare por las autoridades pertinentes, qué sucedió con la parcela en cuestión y, más allá de eso, cómo podría ayudarse a esta madre habanera de acuerdo con los planes y proyectos del territorio.

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