Competentes… y correctamente vestidos - Frente al espejo

Javier Dueñas

Frente al espejo

Competentes… y correctamente vestidos

Un provechoso intercambio de opiniones suscitó la publicación del comentario Lo que está en juego debajo de la imagen (Dr.C. Julio César Hernández Perera, 19 de mayo).

Tras presenciar a un estudiante de Medicina cuyo uniforme había sido modificado, el autor analizó qué podría ocurrir si futuros profesionales de la salud desatienden su modo de vestir e invitó a preguntas como estas: ¿Puede un médico o enfermero descuidar eso que llamamos porte y aspecto? ¿Qué se arriesga cuando ciertos criterios acerca de la moda colocan a esos profesionales de espaldas —y de maneras que no siempre resultan obvias— a su reglamento de conducta? Los lectores no dejaron pasar ese pie forzado…

Respeto y confianza a primera vista

Para María Vidal, «el profesional de la salud debe inspirar respeto y confianza por su porte y aspecto», y estos valores se inculcan desde su formación.

Que alguien no vista de acuerdo con su función social podría sugerir que «la prioridad de esa persona no es su carrera y cuanto ello implica y exige. Entonces, ese no es el profesional de la salud que quiero que me atienda…», opinó Ada Ruiz.

«Existen reglas de convivencia que deben ser respetadas», refirió Hilda Castillo. Para ella, lo ocurrido con el joven también pasa con muchachas, en acto que «rompe el respeto de algo tan serio como la atención a un enfermo», razón poderosa para comprender que el cuidado de la imagen personal forma parte de la ética y la esencia de la práctica médica.

Lo sabe por partida doble Ana Ponce de León, madre de una estudiante de Medicina. «No todos los que visten pantalón o saya prusia y bata blanca estudian Medicina», dice, y recalca que si un estudiante de otra especialidad de la salud viste mal, lo más probable es que aquella carrera cargue con la mala reputación. Ella teme que esa confusión se produzca también con las batas blancas, pues en los hospitales las usan tantos que «ya no sabemos quiénes son los doctores».

Yahima cree que este tema puede ampliarse «a otras enseñanzas, pues con frecuencia observamos estudiantes que adaptan su uniforme escolar a la moda y el uniforme no es para eso».

El hábito, ¿no hace al monje?

No todos los puntos de vista fueron coincidentes. Ramón Alpízar cree que lo más importante es que un estudiante sea luego «buen médico y salve vidas (…). Hay quien lleva años metiéndose en la vida de la gente, en lugar de dedicarse a sus propios asuntos».

Diego Menéndez plantea que «el hábito no hace al monje. El muchacho estará estudiando Medicina, pero es joven. Si no se pone los pantalones “tubos” ahora, ¿cuándo se los va a poner? Dejen a la gente ser feliz», añadió.

Un internauta identificado como Alex23 emitió este comentario: «Buen artículo pero, por favor, déjenme a mí decidir…».

Detrás de estos criterios probablemente se agiten recuerdos de momentos que nuestra sociedad ya superó, y que no debieran identificarse con la sugerencia del artículo a discernir sobre cómo podemos articular la libertad y la responsabilidad. Siempre habrá quien juzgue —es cierto—, pero lo más importante al final es cómo se juzga uno mismo.

Otro internauta, Don, se acercó a la cuestión desde un ángulo diferente: «Si los primeros en usar los peinados, tatuajes, pírsines, etc., son los mismos profesores que tratan de enseñar a nuestros hijos, ¿entonces de qué estamos hablando?».

Ejemplo diálogo

Irma Fernández considera que, como parte de la educación, los profesores deben exigir un buen porte y aspecto de sus alumnos de Medicina y de otras carreras, «futuros profesionales que representarán al país».

Nelson Leyva distingue que el esfuerzo de corregir cualquier conducta inadecuada de parte de los futuros médicos pudiera apoyarse en la crítica y la persuasión por directivos y profesores.

«Tener en cuenta que cada año son miles los jóvenes que ingresan en nuestras universidades de Ciencias Médicas, es motivo suficiente para prestarle atención al uso desmesurado de la moda... El artículo es una oportuna alerta».

Para Andrés, en el caso de los médicos, la higiene personal es básica. Lo discutible —piensa él— es si la apariencia representa toda la profesionalidad. «Cuando nos referimos a esta, no se habla de aspectos libres de juicios de valores… Estas cosas evolucionan… Debemos tener cuidado de confundir forma y contenido. ¿Qué hace a un buen médico: su peinado o su capacidad y talento para curar?».

«El punto no es que vayan “como sea” a su trabajo —agrega—, sino que nuestras concepciones sobre la elegancia y la profesionalidad evolucionan. También pueden involucionar, de ahí lo necesario del debate».

El reto, según él, es no calificar a nadie por cómo luce. «Debemos batallar para que los estándares de profesionalidad se eleven, pero esta anda lejos de ser exclusivamente una cuestión de apariencia».

Desatando el nudo gordiano

«La profesionalidad tiene que ver con el aspecto personal», puntualiza Pablo A. Díaz, quien estima que la discusión suscitada por el comentario gira en torno a la ética. «Las modas se ven muy bien en las fiestas, sin embargo el trabajo y la profesionalidad es otra cosa… Me gustan el rock y el pelo largo, pero entiendo que nuestro pueblo merece respeto…».

Es cierto que la última decisión la toma el individuo, pero «referirse a la vestimenta dentro de un centro de estudio o laboral es un asunto a considerar», razona Lidia San. «No es lo mismo que ir a la playa».

«Que cada cual haga su mundo. Puede un médico atender a un paciente en taparrabos, pero no sería aceptado», comentó otro internauta, Candela, para quien el porte y aspecto equivalen a profesionalidad y respeto… «Que me atiendan a mí y a mis hijos profesionales que se den a respetar. Tampoco vería bien que acudiera a consulta gente mal vestida», acotó.

A un médico, Miguel Verdecia, el debate le pareció tan interesante como antigua es su profesión. «Lean los Consejos de Esculapio a su hijo, que quería ser médico: “Te juzgarán no por tu ciencia, sino por cómo te vistes, el número de esclavos que tengas…”.

«El problema es diferenciar lo trascendental (el humanismo, la solidaridad, el compromiso, la honestidad, la competencia profesional) de la hojarasca. No necesariamente el que vista bien es bueno, y esto no contradice que la limpieza y el cuidado deben ser inherentes a todos y no dependen de la moda. El reglamento del Destacamento Carlos J. Finlay exige la no modificación del uniforme escolar. Pudiera alguien no estar de acuerdo con ello, pero si decide entrar a él debe asumir esa condición; eso refleja también cuánto le interesa ser médico. Es cierto además que se pudiera afectar la relación médico-paciente, pero eso pasa porque este último tiene esa manera de pensar…».

Ojo clínico

«La vestimenta y la apariencia del personal de Salud es parte indisoluble de su profesionalidad y favorece ostensiblemente la compleja relación médico-paciente (…), facilita la comunicación y nutre al enfermo de mayor seguridad, confianza y aceptación social, planteó el Dr. Roberto Fernández Viera. «Me formé conociendo que existe un reglamento que plantea que debemos ostentar un porte y aspecto personal adecuados», añade.

El Dr. Misael Salvador refiere que vivimos en una «era de tolerancia y conocimientos, pero sobre todo de mucha libertad…». También considera que los grandes gremios de la Medicina siguen mostrando infinita ética, exquisitez, conocimiento, cuidado y modo de engalanar, «por tanto no dejemos que también este sector baje en su autenticidad, aun cuando verdaderamente no es la forma de vestir la que define al buen médico…».

Silvia Martínez piensa que esta cuestión necesita revalorizarse y no solo en el médico. «Debemos distinguir —dice— entre el comportamiento social y el profesional… En el Reglamento de Enfermería no se permitía que las enfermeras mantuvieran las uñas excesivamente largas… ¿Pueden hacerlo algunas de ellas solo porque son jóvenes y es la moda? Para desarrollar la profesión, lo primero es el interés en cumplir cabalmente lo que esta exige», enfatiza.

También se sumó el Doctor en Ciencias Médicas José Miguel Goderich Lalán, ex presidente de la Sociedad Cubana de Cirugía.

«El problema fundamental —afirma— está dado por la poca labor educativa de los docentes en este sentido y la falta de exigencia basada en el ejemplo.

«Nuestro pueblo a diario observa médicos sin la bata médica o llevándola abierta… Hasta en programas de la televisión se reproducen escenas de este tipo...».

Este especialista, quien confiere mucha importancia a la formación ética y deontológica* de los galenos, añade que varias publicaciones internacionales se han referido al uso de la bata abierta y han vinculado esa práctica a la superficialidad, el desprecio a la profesión y la poca educación.

«Aun en los momentos más difíciles desde el punto de vista económico, el Estado revolucionario ha garantizado en lo fundamental el abastecimiento con batas médicas para ambos sexos y de diversos tipos a muy bajo precio».

Incluso, bajo el uso de la bata abierta —repara Goderich— se disfraza, en mercados capitalistas, la propaganda a corbatas, blusas o camisas que exhiben los profesionales, pero en nuestro contexto a veces la prenda inferior del especialista es una licra muy ajustada al cuerpo o pantalones inadecuados para la práctica profesional.

«También se ha puesto de “moda” llevar batas sanitarias de estricto uso en unidades cerradas (como unidades quirúrgicas) sin cuello, de varios colores y dibujos… Recientemente, en un Cuerpo de Guardia, llamé la atención a un médico que usaba una llegada desde el extranjero, con el rótulo “Crematory…”.

«Este problema es solucionable, añade. Trabajé durante 28 años en el Hospital Militar Joaquín Castillo Duany y nadie atendió pacientes con uniforme militar. Desde 1994 trabajo en el Hospital Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, y en el servicio de cirugía general, desde la reunión matinal de entrega de guardia y hasta la salida, hemos exigido en este sentido a los miembros del servicio —incluyendo a los estudiantes de Medicina— y los resultados se palpan. El valor desde todo punto de vista que tiene el correcto vestir médico depende del trabajo de jefes y docentes, con ejemplo personal y la exigencia diaria».

Y el último mensaje en entrar fue del Dr. Luis Aguilera: «Muy educativo comentario. Ojalá que ayude a discutir este tema; que sean la FEU y la UJC las que hagan conciencia de este asunto a nuestros futuros profesionales de cualquier carrera. Principalmente los de la nuestra, pues hay que predicar con el ejemplo. Este artículo es el comienzo de algo por lograr. Hay cosas que no deben andar con la moda».

*Deontología: Según la RAE, ciencia o tratado de los deberes.

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