Contra el mal del «no me importa»

«A pesar de las ventajas de que gozamos al tener el privilegio de haber nacido en una isla eminentemente tropical (Prohibido vender… por congelación mental, Osviel Castro, 15 de mayo) sufrimos en muchos de nuestros establecimientos de servicio público una parálisis mental provocada por una congelación de la materia gris haciendo que el individuo que la padece (gastrónomo, funcionario, dependiente, profesional, político, cuadro, dirigente) desarrolle el síndrome del “no me importa”. Esta epidemia neurológica tiene la particularidad de gangrenar las neuronas encargadas del pensamiento, haciendo que el contagiado pierda la noción del respeto, de la cortesía, del anfitrionismo, de la diplomacia, de la calidad, y lo que es peor: borra de su gélido cerebro los conceptos de cliente, consumidor, elector, pasajero, paciente, campesino, obrero, minusválido… Los “no me importa” crónicos llegan a sentir placer al practicar la indolencia, la desatención, el dogmatismo y el abuso del cargo. Desafortunadamente, la impunidad no solo admira y protege los témpanos de hielo que pululan en la vieja mentalidad, es además enemiga de la inteligencia, y es la máxima responsable de no hacer nada por erradicar esta pandemia que lastima, corroe y congela, poco a poco, la conciencia social de la república». (martivarela)

«Es una pena que el periodista no haya publicado el nombre del implicado y la dirección del recinto donde debió venderse el producto. Quizá los directivos pudieran dar respuesta. Casos como este se ven a diario en nuestro país, no solo se debe publicar, sino también denunciar estos hechos». (Armando)

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