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Historias de soldados con problemas

Más de 28 800 militares estadounidenses muestran afectaciones físicas, síquicas o ambas, a veces terribles y de por vida

Hasta el 6 de enero de 2008 han muerto en la guerra de Iraq 3 911 soldados estadounidenses. Un cínico diría que ya ellos no tienen problemas. Pero existen decenas de miles que han pasado por ese campo de batalla o por el de Afganistán que sí tienen o llevan a cuestas muchos problemas. Veamos...

Según el conteo oficial, en Iraq han sido heridos 28 822 soldados, pero los estimados que edita la periodista Margaret Griffis en Antiwar.com, oscilan entre 23 000 y 100 000. Tanto una cifra como las otras muestran las complicaciones que van dejando rastros, a veces terribles y de por vida, y que pueden ser físicos, síquicos o ambos.

Army Times publicaba este martes el caso de Jay Edwin, quien pasó dos meses para encontrar al representante del Programa de Guerreros Heridos del Ejército, en Fort Bragg, una de las mayores instalaciones militares de EE.UU., y cuando al fin pudo conocer a Clyde Foster, el hombre a cargo, este le dijo que quizá no estaba lo suficientemente herido como para «beneficiarse».

Ni siquiera vieron su récord médico, donde aparece que en septiembre de 2006 fue herido en una pierna, el cuello, la rodilla y otras partes del cuerpo por la metralla de un mortero. «Es verdad que tengo todos mis miembros —dijo Edwin— pero no trabajan bien». El soldado se lamenta de que no puede utilizar algunos de sus dedos.

No es el único paracaidista de la infantería aerotransportada que se queja de ese programa que debiera prestarles ayuda, aliviarlos de la burocracia, permitirles concentrarse en su recuperación, y asegurarles a ellos y sus familias los beneficios y el apoyo necesario. Por el momento solo 2 400 soldados son miembros de ese programa, que exige afectaciones del 30 por ciento o más de las capacidades para poder mantener ese seguro después de retirarse de los cuerpos armados. Deben perder la visión, un brazo, una pierna, quedar paralíticos u otras lesiones permanentes, avaladas por el Sistema de Evaluación de Incapacidad Física —nada se dice de las afectaciones mentales. Pero no es el único paso. Luego el expediente es enviado al Comando de Recursos Humanos del Ejército en Alexandria, Virginia, y allí determinan si el soldado es elegible.

Ya ha pasado más de un año desde que Edwin resultó herido en Iraq. Ya se fue de Fort Bragg, en Carolina del Norte; ahora vive en Kansas y todavía no ha obtenido una respuesta del selectivo programa de ayuda.

Regresar a casa desde la zona de guerra no es siempre fácil para los soldados de Bush. He aquí otros ejemplos. Las publicaciones de Knight Ridder afirmaban en diciembre que los delitos vinculados a militares se están incrementando: «El ejército sabe que un número creciente de veteranos combatientes de Fort Carson están llegando a casa con enfermedades mentales relacionadas con la guerra y lesiones cerebrales que pueden cambiar su conducta». Son hombres y mujeres que antes no consumían drogas ni tenían prontuarios delictivos.

El número crece, los doctores de Fort Carson diagnosticaron 615 soldados con desórdenes de estrés postraumático en 2007, cifra muy superior a los 102 casos de 2003. Robert Erle, un magistrado del condado de El Paso, afirma que claramente se incrementan los casos de violencia que involucran a militares que regresan del escenario bélico, y ello incluye violencia doméstica, abuso de menores, homicidios y drogas. Hay al menos seis militares de Fort Carson acusados de asesinato.

El boomerang de la guerra regresa a casa, y trae estos y muchos otros problemas...

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