Ricos y «desconectados»

¿A quién responden los congresistas de EE.UU.? Hace poco les decía que no eran precisamente las necesidades e intereses de sus votantes, ni tampoco los lazos partidistas los que movían su actuación. Son otros los intereses que mueven a la inmensa mayoría de estos legisladores, y casualmente el Center for Responsive Politics (podríamos traducirlo como Centro para una política responsable) nos da la clave para entenderlos en el reciente reporte en que describe las riquezas de los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado.

Entre la fortuna del representante republicano por California, Darrell Issa, calculada en 251 millones de dólares —por tanto el más rico entre ellos—, y el millón 790 000 que gana como promedio un senador cualquiera en el año, no es nada despreciable el dinerito de estos «servidores públicos», cuando 237 de ellos (el 44 por ciento) están reportados como millonarios, no por el salario —que sería una «menudencia»—, sino por las propiedades, las inversiones varias, las acciones en compañías y los bonos de garantía, entre otras ganancias.

Si bien los capitales personales de siete de los legisladores están por encima de los 100 millones de dólares —y los hay tanto republicanos como demócratas—, sumamente interesante y rayano en la corrupción resulta comprobar que docenas han obtenido ganancias de sus inversiones en empresas y consorcios financieros como Wells Fargo, Citigroup, Goldman Sachs y Bank of America.

Recordemos que estos ahora bien parados bancos son recipientes de los multimillonarios salvavidas que les otorgó la administración de W. Bush y la de Obama —con anuencia del Congreso, por supuesto— para evitarles la bancarrota y no solo salieron a flote, también han obtenido  beneficios para sobrepasar la crisis que, sin embargo, ha dejado sin trabajo a por lo menos 16 millones de estadounidenses.

Aunque no es la única —hacer la lista completa nos llevaría mucho espacio de esta página, pues como ya dijimos son 237 los millonarios en el Congreso, y habría que añadirles otra buena cantidad de altos cargos de la rama ejecutiva- ahí está el caso de Mary L. Schapiro, con una fortuna estimada en 26 millones de dólares, quien preside la Comisión de Valores de EE.UU. —Por cierto, si esta funcionaria encabeza la relación, mucho más notable y conocida es la que le sigue los pasos: la secretaria de Estado Hillary Clinton, con 21 milloncitos a su haber.

A la zaga de estas damas va el presidente Barack Obama, pero sus «modestos» cuatro millones de dólares le permiten jugar en el club de los millonarios de Washington, y hacerlo mucho mejor que la inmensa mayoría de sus conciudanos.

Tiene razón el lector de la publicación Politico.com cuando comentaba que ese Washington es «muy rico... y muy desconectado de las necesidades de la gente común».

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