Brutalidad y espionaje

Pasa de castaño oscuro, diría mi abuela. El número de afroestadounidenses muertos por disparos de la policía crece una y otra vez. Los casos se vuelven escandalosos cuando luego se conocen detalles grabados en algún video y, sobre todo, cuando la gendarmería ni siquiera va a juicio o es declarada «inocente».

El tema se hace casi cotidiano y de hecho es una violencia estructural de una nación que emergió del saqueo y el  genocidio, de la violencia como procedimiento para «avanzar» y «desarrollarse». Solo en lo que va de este 2016 han ocurrido 194 incidentes fatales que tienen cimiento en la discriminación racial y la intolerancia a las que se unen la percepción policiaca de que están haciendo frente a delincuentes, a violentos, a fomentadores de disturbios, a drogadictos…

Pero no solo se les dispara con balas de plomo. Existe también la persecución, la represión. Recién la Unión de Libertades Civiles Estadounidense (ACLU-American Civil Liberties Union) ha obtenido registros del gobierno que muestran cómo Facebook, Twitter e Instagram han proveído datos de sus usuarios a una compañía de software que ayuda a los programas de vigilancia y espionaje de la policía a pesquisar a manifestantes de ese grupo étnico.

Se trata de «acceso especial» dado a Geofeedia, descrita como una controversial compañía de monitoreo de los medios sociales que «comparte» su información con las llamadas fuerzas de la ley y el orden, las que están persiguiendo a los activistas de Black Live Matter, el movimiento surgido precisamente como protesta ante la ola de asesinatos y brutalidades cometidas por esas autoridades.

Los datos de ACLU son precisos. En California, por ejemplo, al menos 13 agencias policiacas usan Geofeedia, la empresa basada en Chicago, cuyos correos electrónicos de intercambio con la policía revelan su verdadero carácter de espía cibernético.

Es evidente que se están violando derechos humanos y derechos civiles de los estadounidenses en un doble filo: racista y antidisconformidad con procedimientos del sistema o el sistema mismo.

Los blancos de esta actividad se extienden a los sindicatos, a los activistas de movimientos sociales y pacifistas, a los musulmanes y otras «amenazas».

Por Instagram las fuerzas policiacas tienen acceso a imágenes y a la localización de las personas; por Facebook y su aplicación Topic Feed API, se registran hashtags o etiquetas, eventos y lugares. Dicen que en este octubre Facebook terminó este programa.

Mientras Twitter le proporciona a Geofeedia, por tanto a la policía, búsqueda y acceso a la base de datos de las TIC de los tuits públicos. Cuando el martes de esta semana ACLU dio a conocer la actividad de Geofeedia, Twitter ha dicho que «inmediatamente suspendió» su acceso a esos datos.

Semejante utilización en Estados Unidos pone al desnudo la posibilidad —denunciada constantemente— del control y vigilancia imperial a nivel del orbe, habida cuenta del origen de las compañías que permiten la telaraña mundial de la comunicación.

Si usted quiere creer en «los principios de la privacidad personal» y de las «políticas y directrices claras para prevenir el uso inapropiado de nuestro software», abra las puertas de par en par.

Pero recuerde que el Gran Hermano acecha, la policía hace lo suyo… y todo de manera clara y transparente.

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