31 °C Por los azares de la vida y del ejercicio profesional tuve la dicha de hacerme con un libro pequeño y prodigioso. Un texto de esos que se te «escurren» sin darte cuenta.
Orfandad crÃtica. MedianÃa mental. Renuncia al riesgo. Temor a tomar partido. MonotonÃa en la opinión. Homogeneidad en el análisis. Carencia de disenso. Ligereza protocolar. Carácter promocional. Compromisos extraliterarios. Indigencia crÃtica...
Cualquier recorrido en el transporte público capitalino —me refiero esencialmente a las rutas P— puede pasar con sorprendente facilidad del estado sólido de un simple viaje terrenal, al estado gaseoso de una experiencia de ingravidez casi surrealista, como un sueño —o pesadilla— y terminar en un estado lÃquido representado en alguna que otra lágrima que brota por la risa o que nos aguantamos por la indignación.
La tinta rosa del facilismo, en lugar de la grisura plúmbea que le atribuÃa cierto famoso escritor cubano, tiñe con frecuencia el periodismo cultural cubano. Las lucecitas y tentaciones de Internet parecen estimular la frivolidad de algunos redactores, sobre todo en la radio y la televisión, los dos medios donde he percibido mayor desatino en el copy and paste. Hay que decirlo, aunque algunos vean en ello una supuesta falta de ética, en tanto se trata del gremio al que gozosamente pertenezco: se está imponiendo con rapidez la rutina del calco irreflexivo de contenidos, informaciones e incluso criterios que, además de ajenos y provenientes de la web, solo destacan por festinados, vanamente espectaculares y carentes por completo de cordura.
Sinceramente, temo que los lectores me tomen por monotemático, porque vuelvo una y otra vez sobre el mismo tema, como si no hubiera otros asuntos de importancia que tratar desde esta columna. Sin embargo, me arriesgo, pues no desfalleceré hasta que compruebe que por fin el reclamo de que de una vez y por todas velemos por nuestra identidad nacional, a partir de defender lo más sobresaliente de nuestra música, encuentre oÃdos receptivos en muchos de quienes deciden cómo promoverla y difundirla.
A lo cubano/ Botella´e ron, tabaco habano/ Chicas por doquier... Uno escucha la popular canción de los Orishas, tan auténticamente criolla en su contagioso ritmo, y no puede «amarrarse» los pies, aunque sea incapaz de seguir el compás.
Jamás me hubiera podido imaginar que algo tan sublime me pudiera molestar. Nunca creà que añorarÃa tanto el silencio. ¿Será que ciertos sectores de la sociedad con la posibilidad de difundir hoy la música en Cuba (digamos, en transporte y espacios públicos) me quieren imponer a toda costa sus gustos, y además bloquearme la paz que puede ofrecer un momento de mutis?
Si alguien se dedicara a contar la cantidad de programas que en la Televisión Cubana de ahora mismo, en todas sus ediciones y frecuencias, recurren a la entrevista para suministrar información, quizá criterio e ilustración, e incluso entretenimiento, podrÃa llegar a la conclusión de que tal género periodÃstico ha devenido tabla de salvamento y reiterativo comodÃn.
«Basta para ser grande, intentar lo grande». La extraordinaria frase de nuestro Apóstol la descubrà acompañando la excelente instantánea engrandecida del colega Gabriel Dávalos. AllÃ, en la valla que marca la esquina capitalina que forman la Avenida Rancho Boyeros y Tulipán, el espectacular bailarÃn principal Osciel Gounud, con la emblemática Plaza de la Revolución de fondo, regala un salto que luce infinito.
Los japoneses tienen buen olfato para los negocios, o al menos esa cualidad está presente en el cantante Daisuke Inoue, el primero que introdujo un equipo de karaoke con el cual quedaba garantizado el entretenimiento en reuniones y comidas.
Han transcurrido más de cuatro décadas desde que el desaparecido cineasta Octavio Cortázar decidiera situar su cámara en un pequeño pueblo de oriente, con el fin de apresar en celuloide el natural asombro que de seguro provocarÃa el encuentro inicial de los pobladores de la serranÃa con el cine móvil, con las emotivas imágenes de un Tiempos modernos, que despertaban estremecimientos infinitos.
En un extremo de la sala de mi casa, amparados por las paredes de un viejo multimueble, permanece, cual apreciable reliquia, buena parte de la historia musical de esta Isla, y hasta de allende los mares, en forma de discos de vinilo de diversas revoluciones.
No pude menos que recordar una de las tantas y sabias intervenciones que escuché durante la asamblea de balance de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia de Las Tunas en 2011, mientras miraba una escena de Con palabras propias, la nueva serie que ha estrenado la Televisión Cubana en su espacio de la telenovela criolla.
Dichosos aquellos que puedan tener el privilegio de poder andar por este mundo rodeado de buen arte. Es como si a uno la existencia se le hiciera más «ligera», más feliz, cuando el disfrute del entorno se asocia al placer y despierta emociones. Y ello puede ocurrir, incluso, sin que tengas plena consciencia de que se eleva ante tus ojos una obra artÃsticamente extraordinaria.